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FOTOGRAFíA E INDUSTRIA BéLICA

La tecnología fotográfica también avanza a tiros

 
2
JUL 2004

Por desgracia, la maquinaria bélica jamás se detiene. Inversiones millonarias y suculentos contratos con las administraciones públicas permiten que, año tras año, los mejores científicos investiguen con los mejores equipos en todos los campos. La fotografía también se beneficia de este fenómeno, tan viejo como la misma guerra. Visores nocturnos, cámaras infrarrojas y, ahora también, equipos capaces de disparar 25 millones de fotogramas por segundo.

¿Quién no recuerda esas pulseras rellenas de líquido fosforescente que hacen las delicias de los más jóvenes durante las verbenas populares? ¿O el velcro? ¿O el mismísimo Internet? Estos tres inventos, y otros muchos más, tuvieron su origen en el ejército. Si algo tienen los chicos de verde es que saben lo que quieren y que, además, no les importa lo que cueste. Más tarde se verá si mereció la pena o no.

Durante décadas, sobre todo en los últimos setenta años, la carrera armamentística ha marcado el destino de enormes partidas de fondos gubernamentales. Si un país diseñaba el arma definitiva, el otro estaba obligado a diseñar no sólo un arma mejor, sino también un sistema de defensa capaz de convertir a esa arma en un juguete de trapo.

Este juego de idas y venidas ha tenido, históricamente, un efecto colateral más o menos intencionado: la aplicación civil de ingenios desarrollados a partir de tales inventos bélicos. El ejemplo más claro está en Internet, la red de redes, un instrumento de comunicación -originalmente- militar, diseñado para tener conectadas de forma permanente las distintas unidades del ejército estadounidense. En un par de décadas, no sólo saltó al universo civil, sino que desbordó todas las barreras.

También la fotografía
Como no podía ser de otra forma, la fotografía -digital o no- también ha salido impulsada de este tejemaneje de poder. Visores infrarrojos o cámaras nocturnas fueron sólo la punta del iceberg de una tecnología que, como demuestran los últimos avances, está literalmente en pañales.

Entre estos últimos avances se encuentran los de la empresa Cordin, situada en Salt Lake City (Utah), que utiliza la fotografía de alta velocidad para tomar instantáneas -nunca mejor dicho- de sucesos que discurren en milésimas de segundo. Así, esta compañía ha conseguido fotografiar con toda suerte de detalle la detonación de un cartucho de explosivo o de una bala travesando una placa de aluminio.

Foto: Cordin

Cordin diseña sus equipos casi a medida, logrando unas ráfagas que dejan a años luz las más altas velocidades de cualquier cámara convencional. Así, las máquinas de película de la denominada serie 119 -todas con diafragmas fijos- alcanzan la increíble cifra de 25 millones de fotogramas por segundo. Todo ello gracias a la tecnología especial de espejos rotatorios y sirviéndose de una película de 35 mm.

A pesar de lo que pueda parecer, la tecnología de espejos rotatorios es sencilla. A grandes rasgos, una serie de espejos dispuestos en forma de molinillo gira propulsada por una potente carga de gas, de hasta 20.000 revoluciones por segundo. La luz atraviesa una lente y se refleja en cada una de las caras del espejo para acabar registrada en una película o un sensor CCD.

Dinero llama dinero
No deja de ser curioso que otros campos mucho más necesitados de avances, como los estudios de la luz llevados a cabo en los gigantescos aceleradores de partículas, estén aún a la cola de la inversión de todos o casi todos los gobiernos. Mientras, compañías como Cordin, que suministran estudios o materiales militares, gozan de todos los apoyos posibles.

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