Opinión

Cámaras con cobertura

 
8
JUN 2004

Cuando las cámaras digitales empezaron a dar sus primeros tímidos pasos, nadie -o casi nadie- las tomó en serio. Eran juguetes, caprichos de rico o del amante de las novísimas tecnologías. Hoy día, campan a sus anchas por todo el mundo y, no contentas con ello, han desbancado -o están a punto de hacerlo- al carrete fotográfico como soporte fundamental.

Con los móviles está pasando lo mismo. Ha llegado un punto en que no sabemos si lo que tenemos es un móvil con cámara o una cámara con móvil, y ciertamente, esto de las "fotos telefónicas" sí que acaba de nacer... Y lo que nos queda.

No son pocos los que critican ferozmente la calidad de los móviles -de sus cámaras, se entiende- y ciertamente tienen razón. Aunque están empezando a presentarse cámaras equipadas con sensores de más de un megapíxel, la calidad aún es pobre. No tienen zoom, y si lo tienen, es de pésima calidad. No tienen flash, y si lo tienen... ídem. En fin, que estos móviles, de momento, no pueden competir fotográficamente hablando con la más cutre de las cámaras compactas.

De momento. Eso es lo que nos debería hacer reflexionar. Mi manida y tantas veces nombrada Canon de 0.3 megapíxeles llegó a mis manos casi como un capricho, aunque el motivo oficial fue el de "explorar las nuevas tecnologías". Y como capricho se comportó. Fotos esporádicas, de mala calidad, que, de vez en cuando, grababa en discos de tres pulgadas y media y repartía entre amigos y colegas (eso del CD y del e-mail aún no se gastaba).

Precisamente, amigos y colegas se mofaban de la mala calidad, del gasto inútil y del capricho "del niño" en pro de ahorrarse un dinerillo en revelar carretes. En aquellos momentos, no tenía argumentos para responderles y me tenía que callar. Cuando evolucioné a una máquina de 2 megapíxeles, se callaron los demás. Y hoy ya se han comido sus palabras.

¿Pasará lo mismo con los móviles? Apenas si aparece en la red una noticia que anuncia un tímido avance en la fotográfica "movilera" -deberían ir pensando en una palabra específica para este tipo de aparatos-, saltan al cuello de la noticia decenas de personas que critican sin pudor el hecho, como si por el simple gesto de hablar en contra significase ser poseedor de la verdad.

Al igual que los puristas del haluro de plata mordían a los píxeles allí donde podían, los puristas de la cámara digital "a secas" atacan a los móviles. Sin darse cuenta, se convierten en lo que tanto criticaron, en lo que tanto odiaron y en lo que tantos malos momentos les hizo pasar.

La tecnología avanza a una velocidad enorme, ofreciendo hoy unos avances impensables la semana pasada y preparando otros que dentro de un mes nos parecerán increíbles. Por este motivo me parecen tan poco realistas las afirmaciones del tipo "un móvil nunca sustituirá a una cámara de verdad". Si la historia reciente nos ha enseñado algo, es que nada es imposible para la ciencia -si hay suficiente dinero sobre la mesa. Las cosas son así de simples -por suerte o desgracia-, y punto.

Llegará un día en que una marca de fotografía verá el filón que se avecina -que ya está aquí- y firmará un acuerdo con una compañía de telefonía, y ése será el punto de partida de un matrimonio inevitable, del que hoy estamos viendo los primeros noviazgos más o menos acertados. En un espacio de tiempo más corto o más largo, los móviles con cámara serán, simplemente, otra vez móviles.

No estoy seguro de si las cámaras digitales "puras" dejarán de existir. La lógica me dice que sí, que no es necesario comprarse una cámara si un teléfono puede hacer lo mismo y además sirve para llamar, para jugar, para apuntar la cita con el médico... Pero el pequeño corazoncito fotográfico me dice que no, que los fabricantes no cederán del todo y dejarán que los dos mercados coexistan, dando cámaras que enviarán las fotos por correo electrónico, por un lado, y teléfonos que harán fotos, por otro.

Insisto al afirmar que pasó lo mismo con las cámaras digitales, y no aprendimos. Y otra vez, dentro de unos años, nos tendremos que comer las palabras.

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