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FOTOGRAFíA Y PODER

La fotografía digital e Internet ponen en jaque a Estados Unidos

 
13
MAY 2004

La proliferación de cámaras digitales y la facilidad de uso y acceso a Internet se han convertido en el arma de destrucción mediática -que no masiva- que está carcomiendo a la todopoderosa administración estadounidense. Armados con un sensor de unos pocos megapíxeles y una conexión a Internet, algunos soldados norteamericanos han logrado en un par de semanas lo que la cruel guerra de Iraq no ha podido hacer en meses.

Hacía años que no pasaba algo parecido, tantos como los que nos separan de la guerra del Vietnam. El pueblo norteamericano vuelve a despertarse amargamente de los desastres de la guerra. Sólo que si en Vietnam las imágenes de televisión mostraban la muerte sobre el campo de batalla, ahora las fotografías digitales han sorteado todos los filtros informativos, mostrando al mundo los horrores de las prisiones iraquíes.

En ellas, los soldados estadounidenses han cruzado el umbral que separa el interrogatorio de la tortura y la humillación.

Las fotografías tomadas en las prisiones iraquíes suponen un golpe imprevisible contra todas las políticas propagandísticas de la administración estadounidense. Según fuentes de la BBC, ni tan siquiera se había previsto la presencia de las pequeñas cámaras entre las tropas.

La facilidad de integrar este soporte con Internet, al cual tienen acceso los soldados y trabajadores desplazados a Iraq, y las escasas dimensiones y peso de las cámaras digitales han hecho que la aparición de estos dispositivos resulte imprevisible.

¿Libertad fotográfica?
Impedir a las tropas portar y usar cámaras digitales, tal como se ha rumoreado estos últimos días, estaría rozando la utopía, puesto que es prácticamente imposible controlar todas las pertenencias de los soldados, máxime con la actual tendencia de miniaturización de las cámaras o la integración de las mismas en los teléfonos móviles.

¿Quién se atrevería a privar a las tropas de un teléfono con el que contactar con su familia? Queramos o no, los soldados se han convertido en los ojos del mundo, ahora que los periodistas han sido cegados a cañonazos.

El crucial control de la propaganda
La guerra del Vietnam marcó un antes y un después en las políticas informativas del ejército estadounidense. Fue el último conflicto bélico donde los periodistas y cámaras gozaron de una cierta libertad de movimientos que les permitió mostrar al pueblo norteamericano las desgracias que sufrían e infligían sus soldados en tierras lejanas.

Esas imágenes causaron un tremendo impacto en la sociedad estadounidense, e impulsaron hasta las nubes el movimiento pacifista mundial.

En la primera guerra del Golfo, el ejército estadounidense no quiso cometer el mismo "error". La mayoría de las imágenes de ese conflicto mostraban el estallido de bombas desde las alturas: el sufrimiento y la muerte eran imposibles de vislumbrar.

Para la segunda Guerra del Golfo, las tácticas informativas del gobierno estadounidense han sido ligeramente diferentes. Se permitiría el acceso de los periodistas al campo de batalla, pero las condiciones han continuado siendo de presión: se incrustarían en las propias unidades de soldados, y su información sería constantemente verificada por motivos pretendidamente estratégicos.

En esta ocasión, la brecha en toda esta planificación no ha llegado del colectivo de periodistas: aparentemente, han sido los propios soldados los que han hecho las fotografías, de un nivel totalmente "amateur" pero de una fuerza comunicativa capaz de poner en jaque la posición de Estados Unidos sobre el terreno y en la retaguardia de los hogares.

¿Las nuevas tecnologías nos obsequian con la libertad de información? Los especialistas militares, probablemente, tomarán buena nota de este detalle en futuras operaciones, limitando el acceso de estos dispositivos a las "zonas sensibles".

De todas maneras, queda claro que la mejor vacuna contra estas fotografías habría sido eliminar los comportamientos rechazables que ahora nos muestran. Nunca será tarde, excepto para los que ya los han sufrido.

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