Opinión

El mundo está loco, loco, loco... en el mercado de la fotografía digital

 
27
ABR 2004

Hay una célebre película con este título, cuyo argumento podría extrapolarse al entorno de la fotografía digital. Desde que se comentó que una imagen analógica se correspondía con la digital en unos 30 megapíxeles, en cuanto a su resolución, la desmedida carrera por conseguir esa cifra, e incluso superarla, parece no tener fin. Lo que no se tiene en cuenta es que esto no es totalmente cierto en la práctica, y menos aún cuando el ojo humano no es tan perfecto como para apreciar etéreos niveles de virtud visual.

Hace unos tres años, cuando comenzaron a aparecer en el mercado ciertos modelos de cámaras digitales con 3 megapíxeles de resolución, la calidad fotográfica era palpable. Ya se podía cambiar al nuevo entorno tecnológico sin grandes complejos. Desde entonces, la industria del sector ha desatado una guerra imparable, comercializando un ilimitado número de nuevos modelos que no mejoran en gran medida los resultados finales de la imagen, pero que traen por la calle de la amargura a los sufridos fotógrafos...

Parece que nunca se está al día en las nuevas tecnologías, cuando esto, en realidad, no es cierto. El motivo es claro: el sensor (CCD, CMOS) lejos de aumentar de tamaño en proporción al número de píxeles que lo conforman, ha disminuido casi en la misma proporción para contener o rebajar los costes de producción. Se ha mejorado la velocidad y autonomía energética de las cámaras digitales, eso sí es muy evidente y de agradecer, pero la calidad de la imagen está bastante estancada, salvo raras excepciones.

El aumentar los megapíxeles no es la panacea para obtener buenas fotografías, pues todo tiene que estar coherentemente planificado. Una cámara digital ha de contar con un buen objetivo, un óptimo sensor (a ser posible CCD, mejor que CMOS), una refinada electrónica, y una potente batería. Parece fácil esta aventura, pero lo cierto es que no siempre se lleva a la práctica con éxito. Hay fabricantes que ofrecen cámaras con resoluciones desorbitadas, cuando lo que realmente hacen es ocultar incapacidades reales de otros de sus elementos. Es como tener un utilitario y colocarle un potente motor. Ni la estabilidad, ni los frenos estarán a su altura, por ejemplo.

Todo en esta vida debe guardar un equilibrio lo más perfecto posible. De poco sirve optar por una resolución superior a los 5 megapíxeles, si no se van a sacar copias en papel del tamaño de un póster. Sin embargo, los ficheros serán tan grandes que habrá que ir cargado con un gran número de tarjetas de memoria, incluso con un ordenador portátil, en detrimento de nuestra economía. Esto sin hablar de un súper ordenador para luego poder tratar esa ingente información digital.

Muchos fotógrafos se han visto decepcionados, y sus bolsillos más aún, con cámaras de 6 u 8 megapíxeles de resolución, sean compactas o réflex; al menos, en base a las expectativas que despertaban entre los aficionados, que creían que romperían moldes en el plano de la definición con una nitidez con auténtica "garra", cosa que no ha sucedido por ahora. También es cierto que estamos en un país donde a la gente le gusta tener el modelo más potente, en lugar del más adecuado para sus necesidades.

Una cámara digital equilibrada bastará con que disponga de una resolución de 4 a 5 megapíxeles, de auténtica "pata negra", junto con los elementos ópticos y electrónicos que la complementen debidamente... y esto es suficiente a todas luces. Existen muchos buenos modelos, pero puedo citar tres claros ejemplos que cumplen estos requisitos a la perfección: Casio QV-R40, Panasonic Lumix DMC-LC1, y Olympus E-1. En este orden, pertenecen a los segmentos de compacta pequeña y económica, compacta media de alta gama, y réflex de gama media. La primera, de 4 megapíxeles, y las otras dos con 5 megapíxeles de resolución... No hace falta más para conseguir óptimos resultados.

El movimiento se demuestra andando, y lejos de estar en contra de los avances tecnológicos, deseo que se perfeccione lo que ya es bueno en la actualidad sin estar mareando tanto la perdiz, como coloquialmente suele decirse.


Juan Carlos Martín colabora asiduamente en la revista SuperFoto Práctica, en la que realiza análisis de las últimas cámaras del mercado. Parte de su trabajo puede contemplarse en su página personal.

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