• "El fotógrafo marca la diferencia. A cualquiera la hacen una diosa"
  • "Sólo por el hecho de crearse, una foto nace con derechos de autor"
Entrevista
EZEQUIEL MARTíNEZ, FOTóGRAFO DE NATURALEZA

"A un árbol puedes hacerle cien fotos, si se lo merece"

 
7
MAR 2004

Ezequiel Martínez es fotógrafo y amante de la naturaleza, y sólo hace falta charlar unos minutos con él para darse cuenta. 20 años dedicados a estudiar y fotografiar la cigüeña blanca, dos libros publicados y decenas de viajes al año por toda la geografía española a la caza y captura de la mejor fotografía le convierten en una persona altamente autorizada para sentar cátedra con sus ideas. Acaba de realizar en el Zoo Aquarium de Madrid una exposición con Susana, su mujer, sobre los árboles de la Península Ibérica, y ya prepara otra. Él mismo lo dice: "Hay que seguir el ritmo de la biología".

La fotografía de naturaleza es una disciplina altamente sacrificada... ¿Cómo empezó todo?

Ezequiel Martínez nos comenta que la fotografía digital todavía no da la suficiente calidad para los requisitos de su disciplina.
Pues empezó hace muchos años. Hacía montañismo, senderismo y cosas por el estilo, siempre relacionadas con la naturaleza. Hacía fotos de recuerdo con una Zenit y un 50 mm; en papel y en ocasiones en diapositiva. Después dejas de ir por deporte y empiezas a hacer fotos con más calidad... Piensas en encuadrar, piensas más en la composición...

¿Y cómo evolucionó esta afición?

Después me hice con un equipo un poco mejor, una Nikon F301 y un 70-210 mm de aquella época, y también con un trípode. Empecé a hacer más cosas, a pensar en enmarcar las fotos, a plantearme proyectos...

¿Cuál fue el primero de estos proyectos?

Trataba sobre la cigüeña blanca. Primero, empecé a fotografiar nidos para saber dónde estaba cada uno y tratar de dibujarlos después... En esa época, usaba sólo diapositivas porque empecé a recibir pedidos de algunas publicaciones, para libros...

En los años ochenta, empecé a catalogar todos los nidos de cigüeña de la Comunidad de Madrid, con la financiación de la Agencia del Medio Ambiente.

Y la historia continuó...

Empecé a publicar artículos en prensa, y gracias a ello me empecé a juntar con gente más experta que me enseñó mucho. Fueron muchos carretes tirados, y llega un momento en que tienes que superarte.

Comencé a prestar más atención a los primeros planos, a buscar mejores ópticas, a preocuparme por la emulsión, los encuadres... Cada vez me pedían fotos de más calidad. Había que tener más cuidado con cada fotografía.

Foto: Ezequiel Martínez

¿En qué se materializó todo eso?

En dos libros sobre la cigüeña blanca: uno en el '87, y otro en el '93. El primero no tenía mis fotos, pero el segundo ya sí. Además, todo lo que hacemos [su mujer y él], lo hacemos prestando atención a dos vertientes: la educativa -qué tipo de árbol es, qué hoja tiene- y la artística -que tenga buenos colores, encuadres... Las exposiciones han de ser para todos.

Ante la demanda de mayor calidad, ¿te hiciste con un equipo nuevo?

Compré una Nikon F4 y un 300 mm de Tamron, además de un duplicador. También usaba algunos objetivos que me prestaban, con buenos resultados.

También has hecho exposiciones.

En el '93 hice la exposición "La cigüeña viajera". 40 paneles de 100 x 70 cm. Había de todo: épocas de celo, peleas, mortalidad, su relación con el hombre... Estuvo 5 años por toda España.

Estos últimos días hemos podido visitar en el zoo de Madrid tu última exposición, "El mundo de los árboles".

Sí, junto a mi mujer, Susana, he recorrido toda España fotografiando árboles. Ahora, además, estamos preparando un nuevo proyecto: "Árboles, leyendas vivas". Nos llevará unos cuatro años concluirlo, y en él catalogaremos los árboles más viejos de toda España.

Un trabajo ingente...

Llevamos ya unas 50.000 diapositivas. Hay que tener en cuenta que muchas fotos hay que repetirlas. No es lo mismo una foto hoy que dentro de tres meses: las hojas se caen, el suelo cambia... Nos gusta cuidar mucho la foto.

Foto: Ezequiel Martínez

¿Fotografiar un árbol es tan fácil como puede parecer?

El secreto es la paciencia. Hay que ver los fondos que tiene. No es lo mismo que tenga un pueblo de fondo o una montaña, o que no tenga nada que distraiga. No es lo mismo un cielo azul que con nubes -a mí me gustan mucho las nubes...

Hay que ser muy exigente, ya que a lo mejor hoy haces una foto bien, pero dentro de un mes la puedes hacer mejor... Quién sabe si dentro de un mes el suelo estará más verde, si habrá cambiado la corteza, si el azul del cielo es más intenso...

¿Cuántas fotos puedes hacerle a un árbol?

Puedes hacerle cien fotos, si se lo merece. Haces la corteza, las raíces, los colores, el suelo mojado... El sol cambia y a lo mejor en los últimos diez minutos de luz tienes un tono que no había antes... De todo esto, el resultado son doce fotos muy buenas. Pero hay que trabajar mucho.

Es duro...

Hay que seguir el ritmo de la biología. Si hace frío, no te puedes quedar en casa, porque hay que ir igual. Cuando hay que ir, hay que ir, y a veces esto no se valora. Hay que estudiar la luz, los fondos, la posición del sol... Incluso el viento. Son cosas que llevan mucho tiempo. Requieren un sacrificio de tiempo y dinero.

Además, cuando haces una foto muy buena, la gente dice que es un montaje. Hay quien falsea la realidad, pero el ordenador no es necesario, si puede hacerse con la cámara. Yo prefiero hacer siempre una foto muy trabajada directamente.

Foto: Ezequiel Martínez

¿De qué equipo dispones actualmente?

Contamos con mochilas Lowepro -abandonamos las bandoleras hace tiempo-, con varios trípodes, con la F301, la F4, la Minolta... Lo que no tenemos es medio formato. Hemos querido meternos en ello y ya nos han advertido que es demasiado mamotreto, aunque los resultados que hemos visto son excelentes.

Sin embargo, la gente de las revistas no es exigente con los fotógrafos. Deberían pagar por publicación y formato, como en el extranjero. No es lo mismo un paisaje de Madrid que de Alaska.

Podríamos entender por esta respuesta que el equipo es menos importante que el que lo maneja...

La cámara es una herramienta. Un fontanero sabe aflojar una tuerca igual que yo, pero la diferencia es que él sabe cuántas vueltas dar y yo igual me paso. Es como pintar una casa... Hay gente que pinta su casa, pero un pintor de verdad lo hará mejor.

¿Y la técnica?

La formación es importante, y hay mucha gente que tiene un equipo que no sabe usar o que no aprovecha. Yo ya disparo casi a ojo. Llega un punto que ni te fías de la cámara. Conoces tanto el cuerpo [de la cámara], que casi está unido a ti.

Si sueltas a dos fotógrafos similares con el mismo equipo y en el mismo lugar, no verán lo mismo. Uno hará árboles desde abajo; otro sacará fotos con movimiento, usará velocidades lentas; otro captará el oscilar de las hojas... Gracias a la creatividad de la gente, cada resultado es diferente. Hay que saber captar la dureza de la foto, el frío que hace, el olor... Hay que transmitirlo todo.

¿Sólo usáis diapositiva? ¿Nada de digital?

El formato digital aún no ha llegado a la calidad que exigimos. Hacemos paneles de hasta 2 metros por 2 metros, y para eso lo digital no da. Hay muchos colegas que ya han cambiado y que no están contentos.

¿Cambiaréis algún día?

Cuando los fotógrafos del National Geographic usen todos digital, entonces sabremos que da calidad suficiente y cambiaremos.

¿No estás tentado de cambiar?

Mucha gente usa ahora una cámara digital y luego retoca. Van a cubrir el expediente. Si no les sale bien, luego la pasan por el ordenador, y listo... Pero al final se nota que quien sabe, sabe. Una persona de estas sabe encuadrar y disparar, pero no todo es llegar y enfocar.

¿No cambiaríais a digital ni siquiera por el menor tamaño de las máquinas?

Pensamos comprarnos una para hacer las fotos de la propia exposición, pero al final decidimos que no. Además, cada vez que nos vamos de viaje nos llevamos el equipo completo porque nunca se sabe. Siempre hay algo que fotografiar: un incendio, un castillo, una nevada...

Recuerdo cuando estuvimos en Galicia y vimos a la gente en la playa: algunos bañándose y otros recogiendo chapapote con su traje blanco y una bolsa amarilla. Esa foto es irrepetible... Como dijo alguien: "La foto es un instante, y el siguiente instante es distinto".

Foto: Ezequiel Martínez

Permítenos explorar los pormenores técnicos de tu fotografía. En lo referente a material sensible, ¿qué empleas?

Siempre Fuji Velvia 50 [diapositiva].

¿Por qué?

Ya le he tomado el gusto... Sé cómo va a responder y cómo va a salir. Tengo mucha experiencia con esta película.

¿Luz continua o flash?

Siempre luz continua. El 98% de nuestras fotos son sin flash. Algunas veces lo usamos para fotografiar algún tronco hueco, pero nada más. Es una herramienta distinta y hay que saber manejarlo bien. Además, a veces falsea los colores.

¿Alguna focal en particular?

La distancia focal no es tan importante. Ten en cuenta que al fotografiar un árbol puedes alejarte o moverte sin que él se mueva. No es como fotografiar a un animal, que tienes que estar a 300 metros porque como te vea se va. A un árbol le haces muchas fotos, con diferentes objetivos. Lo haces entero, un detalle de la corteza, las hojas...

De esa gigantesca colección de fotos que tienes, ¿cuál es tu foto favorita, si es que la hay?

Siempre hay una foto favorita. Incluso cuando la estás tirando sabes que va a ser "vendible". Me gusta una que es un atardecer con álamos blancos. Hay cigüeñas y el cielo rojizo... Quedó curiosa y, además, recibió un premio. Representa la especie estudiada y una colonia de cigüeñas que ya no existe. Sirvió para un calendario y, además, es un recuerdo.

¿Y la que te gustaría hacer?

Siempre sueñas con una foto, pero lo que ocurre es que cuando la haces -o una parecida- te pones otra meta e intentas superarte, porque si no... Por ejemplo, a mí me gustaría hacer un oso en libertad; uno de los últimos 90 osos que nos quedan, cerca de un hayedo, con manchas de nieve y una cría al lado... Sin que se de cuenta, que te lleves un fragmento de esa especie, un robado de su intimidad.

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