• "A través de los váteres podemos saber muchas cosas de la gente"
  • "Las cosas no tienen que cambiarlas las fotos sino las personas"
Entrevista
Foto: Muhammed Muheisen (AP)
MUHAMMED MUHEISEN, FOTOPERIODISTA

"Una foto puede cambiar el mundo"

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MAR 2014

Visa pour l'Image tuvo el privilegio de contar en su última edición con la presencia de Muhammed Muheisen, uno de los fotógrafos de Associated Press (AP) premiados en 2013 con un Pulitzer. En su exposición “La vida sigue…”, este palestino ponía de relieve la creciente importancia de las víctimas civiles en las guerras, tanto para los fotógrafos como para algunas agencias de noticias. En una distendida charla con Quesabesde, Muheisen nos habla de cómo afronta los conflictos armados y sus peligros inherentes, de las similitudes entre las distintas guerras y sobre todo de su afán por acercarse a la realidad de quienes más las sufren: los niños.

Nacer en Palestina debe de haberte influido a la hora de elegir la fotografía de guerra como profesión.

Lo primero es el lugar donde nací y crecí, Jerusalén, con el conflicto entre Palestina e Israel de telón de fondo. Nacer en una región donde hay una guerra es una de las razones por las que estuve expuesto al periodismo y el fotoperiodismo. Obtuve un doctorado en Periodismo y en Ciencias Políticas, pero siempre había tenido pasión por la fotografía y me cautivaban las imágenes, las cámaras… Poco a poco me fui acercando a la fotografía profesional, hasta que me hice con una cámara.

Donde crecí había un conflicto bélico, enfrentamientos, checkpoints… así que cogí la cámara y empecé a hacer fotos. Desde el comienzo de mi carrera a finales de 2001 estuve involucrado con AP, así que entré en el fotoperiodismo por la puerta grande. A partir del siguiente año ya trabajaba a tiempo completo para ellos, cubriendo eventos por todo el país, enfrentamientos… cualquier cosa que ocurriera desde Cisjordania hasta Gaza.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

¿Qué es lo que más te interesa contar de los conflictos bélicos?

Cuando estalló la guerra de Iraq fui a cubrirla. Fotografié la batalla, la captura de Saddam Hussein o cualquier tipo de acontecimiento que se diera en Iraq. Fui subiendo por la escalera paso a paso, viajando de un país a otro. Todos ellos con un denominador común: la guerra, el conflicto. Pese a todo, nunca dejé de ver que la vida diaria continuaba en aquellos lugares. Fotografío lo que se espera de mí en una guerra, pero siempre hay algo de vida alrededor. Sólo tienes que girarte para verla.

La vida continúa, la gente se adapta incluso en estos conflictos y tiene la capacidad de seguir adelante. Hay muerte, pero también hay vida junto a ella. Yo nací en un lugar así y siempre encontré algo con que jugar, con que divertirme al margen de lo que estaba pasando. Es así como decidí concentrarme más en esta parte de la historia.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)
Foto: Muhammed Muheisen (AP)

"Fotografío lo que se espera de mí en una guerra, pero siempre hay algo de vida alrededor. Sólo tienes que girarte para verla"

Esto es lo que me gusta hacer. Tengo la responsabilidad de mostrar las noticias duras que ocurren porque éste es mi trabajo: soy un fotógrafo de guerra. He fotografiado en Siria, Afganistán, Iraq, Yemen… pero también sé reconocer lo que ocurre alrededor, donde la vida hierve. Es ahí donde apunto con mi cámara. Intento capturar situaciones de la vida diaria, fotografía callejera en el conflicto y a través de él. Esto es precisamente lo que pudo verse en “La vida sigue…” [la muestra que Visa pour l'Image le dedicaba en su pasada edición].

¿Estas escenas de vida cotidiana son iguales en la trastienda de todas las guerras?

En Siria fotografié el día a día, y no me parece que esas fotografías sean diferentes a las que hice en China o Yemen. Creo que los niños son las mayores víctimas de la guerra. Cuando era pequeño siempre tenía que estar atento por si había un toque de queda o cualquier otra cosa.

Los niños son las víctimas de cualquier conflicto, son los más inocentes, no pueden predecir nada, no saben lo que está ocurriendo. Quizás por esto me he concentrado en ellos en los lugares donde hay guerras. En todos ellos son iguales: comparten la misma inocencia, los mismos juegos.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)
Foto: Muhammed Muheisen (AP)

Hay diferencias entre una guerra y otra, pero he visto que los niños se adaptan a los mismos tipos de juguetes: en Siria fotografié a niños saltando a la cuerda o jugando a las canicas y es lo mismo que podría haber fotografiado en Italia, China, Pakistán o Afganistán. Esto sólo significa una cosa: la vida continúa incluso en un conflicto bélico.

En una ocasión, en Siria hubo un ataque aéreo a unos dos kilómetros de donde me encontraba. Mientras yo entraba en pánico, un grupo de jóvenes continuaba jugando a volleyball como si no pasara nada. “Relájate. No es aquí, es un poco más lejos”, me dijeron.

Precisamente la tendencia de muchos fotógrafos de guerra es ir abandonando el frente para documentar las historias de quienes sufren la guerra.

Creo que esto es una decisión personal. En cuanto puse el primer pie en Siria, en mi agenda estaba el lado humano de la historia. Vi que todo el mundo se dirigía al frente, concentrándose en el bang bang, pero no se les estaba prestando mucha atención a los refugiados. Así que decidí dedicar prácticamente toda mi cobertura a los desplazados sirios que estaban viviendo en las calles o en las fronteras, en tierra de nadie, o también en las montañas.

Y creo que ésa es la parte más fuerte de la historia, porque el bang bang está ahí, pero si nadie documenta el sufrimiento de esta gente, cómo viven en las fronteras o en la calle, su imagen no aparece. En Siria, en Pakistán, en Yemen o en Iraq las personas son las víctimas y esto es lo que nos hace humanos.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)
Foto: Muhammed Muheisen (AP)

"Los niños son las víctimas de cualquier conflicto, son los más inocentes. Quizás por esto me he concentrado en ellos en los lugares donde hay guerras"

Es ahí hacia donde dirijo mis pasos y enfoco mi historia. Mostrar el lado humano de la guerra, cómo en Siria la gente desplazada de sus hogares vive en las calles. Tomando estas fotografías el mundo puede comprender mejor las circunstancias de estos refugiados. Y mi esperanza es que estas fotografías lleguen a todo el mundo e impulsen el cambio necesario para el bien de estas personas que confiaron en mí. Me gustaría que estas imágenes fuesen su mensaje al mundo.

Pero, como bien dices, también te toca cubrir el frente. ¿Qué margen de trabajo te da AP?

En AP tenemos una manera particular de tratar las noticias. Hay una responsabilidad, unos plazos y unas directrices. Mi trabajo es cubrir esas noticias. Mi prioridad es dar total cobertura a lo que ocurre donde estoy. Así que estoy un poco limitado en lo que puedo hacer, pero esto no me impide hacer también lo que me gusta. Ambas cosas llevan a lo mismo: documentar lo que ocurre.

Los plazos y las directrices están porque tenemos clientes, así que no tengo el privilegio ni el lujo de invertir mucho tiempo en todo aquello que rodea a las noticias de actualidad. Pero sí que saco tiempo suficiente para ser creativo y tratar de obtener algo diferente de lo habitual. Esto es exactamente lo que he hecho.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)

No soy free lance, pero tengo el resto de mi tiempo para hacer lo que quiero. Y además dispongo de la línea de AP [el banco de imágenes que se distribuyen a medios de todo el mundo], donde apoyan totalmente lo que hago para mostrar el otro lado del fotoperiodismo, el día a día en la calle. Así, mis fotografías llegan a una gran audiencia.

¿Hay diferencias entre tu forma de encarar las noticias de actualidad y el resto de historias?

No. Creo que cada fotógrafo tiene su propia forma de hacer las cosas. Si me colocas en frente de una noticia de actualidad, un retrato o una imagen cotidiana, fotografiaría de la forma en que aquello se refleja en mi interior, lo vería a mi manera. Esto es lo que hace a cada fotógrafo diferente. Creo que mis fotografías son un reflejo de cómo veo [la realidad].

¿Qué es más difícil en una guerra, sobrellevar el peligro que ésta conlleva o el propio trabajo?

Cuando estás en una zona en guerra el peligro está en todas partes. Estás en una guerra y has firmado tu propio acuerdo: eres consciente de todas las consecuencias y los peligros que conlleva estar ahí. Siempre hay una amenaza. Puede ser un secuestro, un ataque aéreo, una bala perdida… Pero todo esto lo sabías con antelación. Esto es lo que te mantiene siempre alerta, si no paranoico, porque sabemos dónde estamos pisando. Ni siquiera podemos decir “voy a ser cuidadoso”. Tenemos claro dónde nos hemos metido.

Mi objetivo es documentar lo que ocurre formando parte del paisaje: si las personas son un objetivo, también lo seré yo por estar allí. Estamos todos expuestos. Tengo mis miedos. Te diré una cosa: cuando estaba en Siria tenía miedo del aire, del suelo… de muchas cosas. Pero al mismo tiempo recordaba la razón que me llevó allí, y aunque el miedo no desaparecía, sí retrocedía un paso. Alcancé un punto en que reconocía que estaba allí para documentar lo que estaba pasando.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)

"Cuando estaba en Siria tenía miedo del aire, del suelo… de muchas cosas. Pero al mismo tiempo recordaba la razón que me llevó allí"

Así que estamos advertidos de que el peligro está por todos lados. Pero no sólo hay peligros en las zonas en guerra: puede atropellarte un coche mientras cruzas la calle. Para serte honesto, creo en el destino. Si estoy destinado a vivir, haré todo lo posible por seguir adelante con mi pasión por fotografiar y no voy a dejar que el miedo se interponga en mi camino.

¿Varían de una guerra a otra los peligros para la prensa?

De un periodo a otro hay diferencias. Cuando estuve en Iraq utilizábamos un teléfono-satélite Thuraya, un dispositivo que te convierte en objetivo: si te pillaban usándolo, podían tomarte por espía. También estábamos expuestos a secuestros por usar la radio para comunicarnos. En Siria, sin embargo, teníamos un USB con Wi-Fi. La vida cambia y los problemas son diferentes.

También el tipo de guerra entre un lugar y otro es diferente. Por ejemplo, en Iraq sabías que si ibas empotrado con las tropas estadounidenses existía un tipo de amenaza. Cuando estás en Yemen cubriendo una manifestación antigubernamental la amenaza viene por otro lado. En Siria es diferente: la amenaza proviene de cualquier sitio, de múltiples ángulos.

No tengo una respuesta absoluta, pero sí creo que el origen de la amenaza es diferente entre un lugar y otro, entre un periodo de la historia y otro.

¿Te planteas siempre cubrir las guerras desde una perspectiva personal?

Me siento parte del paisaje, parte de esa atmósfera. Cuando voy a Siria y me encuentro entre la gente, el motivo por el cual estoy allí son las víctimas. Y es especialmente en los niños donde encuentro más afinidad personal, en parte por sus ganas de jugar y divertirse.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)

¿Podrías describir la guerra?

La guerra es triste. La guerra es peligrosa. La guerra es injusta. La guerra es otra cara más de la humanidad. Para que haya paz necesitas la guerra. La guerra es como una bestia. Odio la guerra, pero es lo opuesto a la paz y están conectadas.

¿Qué le recomendarías a un fotógrafo que afronta por primera vez un conflicto bélico?

Lo primero es la seguridad personal. También tener muy presente lo que vamos a encontrarnos. Si vas a una guerra, ve para contar la realidad y haz de la gente tu principal protagonista. Tu objetivo principal tienen que ser las personas que sufren la guerra, no tú. No vayas a por la gloria, sino a impulsar un cambio.

Créeme: la fotografía tiene la capacidad de impulsar cambios, es como un millón de palabras. Una foto puede cambiar el mundo. Puede cambiar la forma en que ves el mundo, el modo en que ves a un determinado tipo de personas. A veces hacemos generalizaciones y criticamos sin conocimiento. Como fotógrafo soy como un embajador: mis fotografías muestran a toda la sociedad lo que ocurre allí. Al mirar las fotografías de esta exposición [en referencia a “La vida sigue…”] te estoy llevando a esa guerra y a la gente que vive en ella.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)
Foto: Muhammed Muheisen (AP)

"No vayas a fotografiar una guerra por la gloria, sino para impulsar un cambio. La fotografía tiene la capacidad de impulsar cambios, es como un millón de palabras"

Si quieres ir a una guerra es muy importante estudiar, saber cómo es la cultura de ese lugar del mundo, educarte, leer, tratar de entender la forma de pensar de la gente que vive allí. Te tienes que poner en su lugar. Cuando alguien está llorando y hay duelo por la muerte de un ser querido, lo último que quieren es que alguien invada la intimidad de ese momento.

Como fotógrafo, si no tengo esa imagen es como si esa escena no hubiera ocurrido jamás. Pero hay una forma de hacerlo: con respeto. Tienes que confiar y a la vez tener la confianza de las personas a las que fotografías.

Mi recomendación para quien quiere ir a la guerra es que respete a la gente y que ellos sean su verdadero objetivo a cubrir, que no lo haga por él. Éste es mi punto de vista y creo que el de muchos otros fotógrafos.

Es necesaria una buena dosis de empatía.

Durante los tres últimos años he vivido en un país del que no conozco el idioma y nunca me he visto forzado a hablarlo porque la forma en que me acerco a la gente es mi lenguaje, la forma en que les respeto es mi idioma. Nunca invadas la privacidad del prójimo, deja que éste te dé la bienvenida sin palabras. Ésta es la forma que tengo de aproximarme a la gente. Y la misma de otros muchos fotógrafos. Creo que ésta es la manera más honesta de hacerlo.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)

También has tomado fotografías de desastres naturales impredecibles. ¿Los has cubierto de un modo distinto a una guerra?

La guerra es predecible, pero ambos son tragedias: hay muerte y vida. Cuando documento una guerra lo hago para cubrir lo que está pasando. Cuando documento unas inundaciones en las que mueren cientos de personas explico lo que ocurre. Como fotógrafo me adapto, cuento lo que pasa a mi alrededor con la misma honestidad.

No creo que haya demasiadas diferencias. El fotógrafo es un mensajero. Estás ahí para contar todos los aspectos de una historia, tanto si se trata de un desastre natural como de una guerra. Hay vida y muerte en ellos, y yo estoy ahí para contarlo.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)
Foto: Muhammed Muheisen (AP)

¿Y la forma de acercarse a las víctimas?

Las emociones, los sentimientos, el duelo, la felicidad… todos vienen del mismo lugar: somos humanos. Una muerte es una muerte. El dolor que causa es el mismo sea en un ataque aéreo o en un terremoto. En algunas situaciones me he encontrado con personas enfadadas por estar con la cámara mientras ellos estaban de luto. Mi actitud y mi respeto fueron lo que salvaron la situación.

Afronto todas estas cosas, pero busco escenas de felicidad y diversión porque también forman parte de un desastre. Como fotógrafo estoy expuesto a todo tipo de información. Los sentimientos de dolor o felicidad son los mismos sea cual sea la naturaleza que los causa. Lo importante es compartir ese sentimiento, entender aquello por lo que está pasando la persona que tienes delante. Todas las personas son diferentes; lo importante es entender lo que están sintiendo. Pero los malos entendidos siempre pueden darse.

Foto: Muhammed Muheisen (AP)

Se intuye que has tenido más de una experiencia en este sentido.

Una vez en Siria estaba en una montaña tratando de documentar la vida de los refugiados. Llovía, estaba todo enfangado, hacía frío, la gente estaba cansada y exhausta. Lo último que querían era otra cámara más apuntando hacia ellos. Sentí que yo era la última persona a la que tenían ganas de ver. Pero la gente siempre te da una oportunidad. Se preguntaban por qué estaba allí y lo único que hizo falta fue ser honesto y explicárselo.

No soy un oportunista, no voy a robar una foto. Estaba allí para documentar lo que pasaba, para vivirlo en primera persona. Pero también estaba allí por esas personas. Cuando la situación es un desastre intento ponerme en su piel.

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