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OpiniónContando píxeles

"Movilizados"

 
15
FEB 2010

Hace ya casi seis años Anssi Vanjoki, vicepresidente y locuaz portavoz de Nokia, dejó para la posteridad una de esas grandes frases que posiblemente le perseguirán hasta su jubilación. No está a la altura de otros grandes del sector, como Bill Gates y su "nadie va a necesitar más de 640 Kb de memoria" o aquella desaparecida firma que tildó la fotografía digital de "moda pasajera", pero tampoco está mal.

"La cámara morirá, y este tipo de dispositivo móvil se impondrá", declaraba Vanjoki para la revista Time en marzo de 2004, refiriéndose -claro está- a los teléfonos en general y a los de Nokia en particular. Según él, el plazo de vida de las cámaras digitales convencionales no sobrepasaría los cinco años.

A la hora de la verdad, la calidad fotográfica de los móviles es similar a la de una cámara Hello Kitty de 59 euros

Así que, calculadora en mano, o este gurú metió la pata o las cámaras que ahora mismo tenemos entre las manos son poco más que zombies fotográficos o agonizantes modelos a punto de ser canibalizados por los teléfonos móviles.

Pero como suele ocurrir con los pronósticos, su puntería puede variar mucho según quien nos cuente la película. Sin ir más lejos, el bueno de Anssi podría echar un vistazo a las estadísticas de Flickr y recordarnos que el iPhone, con su limitada cámara fotográfica, es el dispositivo más utilizado por los usuarios de ese popular portal.

De hecho, hoy mismo comienza en Barcelona una nueva edición del Mobile World Congress, la feria de telefonía móvil más importante del mundo, y a buen seguro que entre las decenas de terminales que verán la luz alguno volverá a echar mano del discurso fotográfico.

Que si una docena de megapíxeles, que si ópticas firmadas por Carl Zeiss, automatismos de todos los colores... En realidad, todo eso es un cuento, porque nadie duda de que, a la hora de la verdad, la calidad de estos dispositivos es similar a la de una cámara Hello Kitty de 59 euros.

Más que suficiente para muchos usuarios, pensarán algunos. Efectivamente. Igual que la susodicha cámara rosa con un objetivo de juguete. La calidad está sobrevalorada, gritarán los artistas. Sin duda, y si no que se lo digan a los chicos de la lomografía.

En realidad, detrás de esa maraña de prestaciones altisonantes y de la cansina orgía de megapíxeles, las mejores bazas de los móviles en su supuesta guerra contra las compactas -que es mucho suponer- nada tienen que ver con las especificaciones puramente fotográficas.

Si el iPhone arrasa en Flickr es porque siempre está a mano y permite compartir on-line las fotos al momento

Si el iPhone arrasa en Flickr no es por su calidad, sino porque siempre está a mano y -sobre todo- porque permite compartir y mostrar las fotos al momento. Algo que a día de hoy es casi más importante que la propia imagen por sí sola.

¿De qué sirve sacar una foto si no puedes avisar inmediatamente a todos tus miles de contactos, fans, amigos, followers, conocidos y remotos compañeros de la guardería de que, ¡atención!, has colgado una nueva imagen en tu flamante galería?

Además de estos dos argumentos de sobra conocidos, un tercero va cobrando fuerza. Si han enredado alguna vez con el susodicho teléfono de Apple o con alguno basado en Android -por citar los que disponen de una tienda de aplicaciones más potente-, seguro que han descubierto que la gracia no está en la cámara, sino en las decenas de herramientas que permiten editar o conseguir efectos creativos con esas imágenes de forma rápida y sencilla.

Echen un vistazo, por ejemplo, a la cantidad de aplicaciones disponibles para darle a cualquier foto tomada con estos teléfonos el aspecto de una Polaroid. Algunas incluso simulan el relevado mientras vamos agitando el móvil. Son así de cucos.

¿Y qué hacen las cámaras compactas ante este trío de ases? Poca cosa, aunque saben que una parte de la partida (calidad, tradición, costumbre social) la tienen ganada.

Algunos ya se han animado con el GPS (geoposicionar fotos será la moda de 2010) y la conexión Wi-Fi se va asomando tímidamente, integrada o mediante las cada vez más conocidas tarjetas Eye-Fi.

La gracia no está en la cámara, sino en las decenas de herramientas que permiten editar o conseguir efectos creativos

Pero hasta que no haya ahí fuera una forma de acceder a una conexión inalámbrica desde cualquier parte -de que sea gratis ya ni hablamos- o a alguien se le ocurra ponerle una tarjeta SIM a la cámara, poco se puede hacer.

De todos modos, no nos engañemos. En realidad, la encarnizada lucha de la que hablaba Vanjoki por ver qué dispositivo sustituye al otro no es tal. Reproductores MP3 y móviles siguen conviviendo, y lo mismo ocurre con las cámaras. Parece demostrado que, al menos hasta ahora, nos gusta más acumular dispositivos que sustituirlos y agruparlos.

Pocos serán los que, aunque luego usen la compacta sólo para las vacaciones, sobrevivan únicamente con la cámara del móvil. Y en ambos bandos lo saben mejor que nadie.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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