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Con texto fotográfico

"El dolor es algo muy sagrado" Monica Szczupider

 
Foto: Monica Szczupider
16
MAY 2013
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Ver el dolor provocado por la muerte de un ser querido no resulta -por desgracia- ni sorprendente ni inusual. Pero sí lo es que tales muestras de aflicción se dibujen en los rostros de un grupo de silenciosos chimpancés mientras observan el entierro de un miembro de su comunidad. La fotógrafa estadounidense Monica Szczupider captó hace años un momento único del que National Geographic se hizo eco y que ha reabierto una y otra vez el debate acerca de la capacidad de emocionarse de los animales.

Monica Szczupider

Hice esta foto en septiembre de 2008 en el Centro de Rescate para Chimpancés Sanaga-Yong de Camerún. La chimpancé que yace en la carretilla es Dorothy. Había muerto el día antes, imaginamos que de un ataque al corazón.

Antes de ser rescatada y llevada a Sanaga-Yong a principios de 2000, Dorothy había vivido 25 años con una cadena en su cuello como mascota de un hotel. Tenía una movilidad muy reducida y estaba muy mal alimentada. Cuando llegó al centro de rescate no trepaba ni exploraba y apenas si hacía ejercicio. No obstante, se integró muy bien en el grupo social de los cerca de 25 chimpancés que había allí. 'Adoptó' a uno de ellos, apoyaba con regularidad al macho alfa y se llevaba bien con el resto de hembras. Era un miembro importante de aquella familia. Era la matriarca.

Cuando murió, el resto de chimpancés la rodearon y tuvimos que llevarlos a la fuerza a sus cuartos para poder retirar el cuerpo sin vida. La enterramos a la mañana siguiente y dejamos que el resto de animales miraran. Su reacción fue sorprendente: todos guardaron silencio y centraron su atención en Dorothy. Cualquiera que conozca a los chimpancés sabe perfectamente que términos como 'guardar silencio' y 'centrar la atención' no son los que suelen utilizarse para describir su comportamiento. Que esta muestra inusual de comportamiento concurriera con este evento tan poco habitual ciertamente indicaba que ambos hechos estaban relacionados.

Esta fotografía se publicó en National Geographic en 2009, un vehículo que hizo que llegara a muchísima gente y que suscitó un debate acerca de si los animales se sienten o no afligidos. Si eres sensible a los animales (no humanos), entonces la respuesta es simple: claro que sí. ¿Cómo podríamos ser tan presuntuosos de pensar que somos los únicos capaces de sentir algo?

Incluso después de estar 25 años con una cadena alrededor del cuello Dorothy era una de las chimpancés más dulces que jamás haya conocido. De hecho creo que es una de las criaturas más dulces que he conocido nunca, humanos incluidos. Para mí, ella es un ejemplo. Me convertí en mejor persona gracias a ella y al sentirme tocada por su espíritu.

En el centro Sanaga-Yong me encargaba de la rehabilitación del comportamiento de los chimpancés rescatados de distintos entornos. Al igual que otros grandes simios los chimpancés están desapareciendo rápidamente del planeta. En el último siglo ha habido un descenso del 90%. La mayor amenaza para su existencia es el mercado de carne de animales silvestres o salvajes. Además, debido a la gran deforestación, cada vez es más fácil adentrarse en los bosques.

Si se encuentra a una cría de chimpancé con vida en una redada en el mercado de carne de animales salvajes, se vende ilegalmente en el mercado de animales domésticos. El centro Sanaga-Yong acostumbra a recibir huérfanos de estos mercados. Algunos apenas tienen un mes de vida y otros, como en el caso de Dorothy, un cuarto de siglo.

El objetivo es conseguir que se socialicen con otros chimpancés, y no siempre es fácil. Algunos llegan llenos de neurosis, y humanizar a primates no humanos puede romper con su bienestar psicológico. Aprenden igual que nosotros: principalmente observando a sus mayores, imitándoles y practicando. De este modo se identifican en relación con su grupo social. Si están rodeados de humanos, empezarán a verse como humanos, por decirlo de alguna manera, aunque no lo sean.

Nunca imaginé que esta fotografía llegaría a ser tan popular, pero visto en perspectiva, revisando el tema principal -los chimpancés, sus emociones y su muestra de apoyo-, pienso que tiene sentido. Es algo extraordinario. Ellos son extraordinarios. Y aun así, sentir y tener emociones es de hecho lo más común en este mundo.

Creo que la gente se siente fascinada por la imagen porque nos saca de nuestra soledad, ya sea individual o como especie. Imagina la profundidad de ese proceso, de sentirse liberado de esa soledad. Ver a una criatura viviente sentir algo tan palpable, tan tierno, tan profundo como el dolor es conmovedor, a no ser que seas una piedra de Stonehenge. Te da la oportunidad de enfatizar con criaturas que no son humanas.

Lo que estas experiencias confirman es que no hay ningún manual sobre el proceso del dolor. No hay ni buenas ni malas maneras de afrontarlo. Es un proceso delicado, la evidencia de que alguien o algo nos ha emocionado muy profundamente. Para mí el dolor es algo muy sagrado.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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