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Entrevista
MILA TESHAIEVA, FOTóGRAFA

"Ya no tengo interés en mostrar lo que está ocurriendo"

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Foto: Mila Teshaieva
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FEB 2016

Antropología y fotografía se dan la mano en la obra de Mila Teshaieva. Su evolución como fotógrafa la ha llevado de los hechos a las causas, en las que ahora se centra, siempre en torno a las comunidades de la era postsoviética. La autora ucraniana presentó en 2014 su libro “Promising Waters”, en el que a través de retratos y detallados paisajes desgrana la influencia soviética en las orillas del Caspio.

“Promising Waters” es un proyecto acerca del Mar Caspio y su influencia en la gente que vive dentro de su órbita.

El proyecto trata sobre promesas y esperanzas. El Caspio es el espacio donde tienen lugar. El libro es básicamente una especie de viaje de investigación acerca de cómo y de qué manera estas promesas y esperanzas se llevan a cabo. Es una mirada a las promesas que Rusia construyó con la ayuda de la energía del petróleo del Caspio y las ilusiones que la gente dejó atrás.

¿Cuáles fueron esas promesas y esperanzas?

Hace unos 20 años, cuando las repúblicas soviéticas obtuvieron la independencia, todos deseábamos que hubiera cambios, una apertura de puertas a una nueva vida que no habíamos visto antes. Durante los últimos 24 años las antiguas repúblicas tan solo han logrado transitar por un periodo de transformación, y únicamente en algunos países se han alcanzado ciertas conclusiones. Pero inevitablemente han sido una repetición de la Unión Soviética; una repetición de las ideologías, de las reglas.

Por supuesto que la vida ha mejorado. Pero creo que las esperanzas de la gente no son tan materiales, no están tan conectadas con la riqueza sino que tienen que ver más con una ilusión y la confianza en el futuro. En realidad ahora incluso tenemos más desequilibrio y una situación más incierta en nuestras vidas. No sabemos lo que ocurrirá mañana.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

¿Qué tipo de influencia tiene el Caspio sobre la gente que habita cerca de sus orillas?

Primero de todo hay que decir que el Caspio es un lugar muy extraño en relación al agua porque no tiene un estatus claro: no es un mar ni un lago. Existen reglamentaciones internacionales acerca de cómo dividir una masa de agua, y son diferentes según se apliquen a un lago o un mar.

Actualmente el Caspio no disfruta de un estatus oficial porque tiene tantas reservas naturales que los cinco países que bañan sus aguas no se ponen de acuerdo en cómo dividirlo. Y esa falta de estatus se convierte en una falta de responsabilidades.

También es interesante el pronóstico sobre la cantidad de gas y petróleo que alberga, porque parece que son reservas muy grandes, pero no hay tecnología avanzada para saber exactamente cuánto se podría extraer.

"Era llegar a un pueblo de pescadores y caminar con la cámara que ya veía paisanos que iban al ayuntamiento y regresaban con un policía"

Históricamente el mar siempre ha sido un lugar que ha provisto a la gente de comida, de vida. Y por supuesto la gente tiene una gran conexión con el mar. Pero también lo están perdiendo porque ahora está jugando otro rol: el de fuente energética. Todo esto forma parte de “Promising Waters”. Porque son promesas, no son tangibles. Son escurridizas como el agua.

Foto: Mila Teshaieva
"Promising Waters". | Foto: Mila Teshaieva

¿Cuáles han sido las principales diferencias que has visto entre Azerbaiyán, Kazajistán y Turkmenistán?

Diría que han evolucionado de forma bastante similar. Creo que las diferencias están en el nivel de asimilación de su independencia. Por ejemplo, ahora Turkmenistán está atravesando una época en la que la gente casi tiene que suplicar por tener algo de dignidad y felicidad. Kazajistán es ahora un país más realista, más libre, no absolutamente democrático pero al menos no se ven implorando por esa dignidad.

Azerbaiyán es un país que está invirtiendo mucho en labrarse un prestigio internacional, está pagando mucho dinero a historiadores y medios de comunicación alrededor del mundo para que publiquen artículos sobre la historia del país.

"Para 'Promising Waters' nunca hice exteriores en días soleados. Siempre viajé durante primavera y fotografié en días especialmente nublados"

En los tres países se están viendo nuevos símbolos para destacar su orgullo. Tienen incluso una carrera particular por erigir la bandera más alta del mundo: hace tres años estaba en Azerbaiyán, luego Turkmenistán levantó una más alta…

Tengo la impresión de que los tres países son bastante similares, en el sentido en que todos aplican las mismas ideologías y manipulan a la gente como se hacía en tiempos de la Unión Soviética. Además, los tres están gobernados por una antigua élite soviética que mantiene el control sobre los recursos, la tierra y lo más importante: la mentalidad de la gente.

¿En qué país te has encontrado con mayores dificultades para trabajar?

En Turkmenistán. No solo encontré dificultades por parte de la policía, sino también por parte de la gente normal, que de alguna manera conectan a una persona con cámara con un espía. De nuevo ese viejo poso soviético de considerar espía al extranjero que hace fotos.

Era simplemente llegar a un pueblo de pescadores y caminar con la cámara que ya veía paisanos que iban al ayuntamiento y regresaban con un policía que quería comprobar mis documentos. Es la propia gente que al vivir en una sociedad tan cerrada se asusta de los extranjeros.

Foto: Mila Teshaieva
"Promising Waters". | Foto: Mila Teshaieva

Visualmente utilizas muchos paisajes vacíos en clave alta y retratos muy clásicos, con los personajes plantados sin más frente a la cámara.

Se trata de una serie compleja de sentimientos y de ideas, sobre cómo mostrar un país, sobre cómo la fotografía documental podía reflejarlo. Quería encontrar una forma visual para que las imágenes transmitiesen todas esas ideas.

En realidad me tomó bastante tiempo entender cuáles eran las fotografías del viaje que reunían más significado, que contaban más. Y también qué estilo funcionaba mejor. Estas representaciones escenificadas y congeladas, tanto para los paisajes como para las personas, son muy frontales, dan la sensación de tridimensionales. Cuando fotografío gente, para mí cada detalle de su entorno es tan importante como la propia persona.

Decidí fotografiar ambos, personas y paisaje, para dar este enfoque que transmite a la vez la sensación de vacío y de estar perdido. Todos los paisajes que he fotografiado han sido transformados por la mano del hombre, no son naturales, poseen una tensión que proviene del hecho de que la gente los modifica y después los abandona. La soledad y el vacío que se respira en ambos tipos de fotografías, la gente, sus alrededores y el propio paisaje, funcionan reforzando esta idea de abandono.

También el estilo y el color eran muy importantes para mí. Por ejemplo, nunca hice exteriores en días soleados. Siempre viajé durante primavera y fotografié en días especialmente nublados. Visualmente quería representar ese silencio y ese sentido de desaparición.

Foto: Mila Teshaieva
"Promising Waters". | Foto: Mila Teshaieva

¿La edición de “Promising Waters” ha cambiado de alguna manera tu forma de ver estos territorios y sus gentes?

Yo no soy de ningún país ribereño del Caspio, soy ucraniana. Lo que me conecta con estos territorios es esa historia común. Compartimos un pasado y un trasfondo. De alguna manera creo que me cuestiono mi propia identidad. ¿Quién soy? ¿Soy postsoviética? ¿Ucraniana? ¿Europea? ¿Cuáles son mis valores y mis esperanzas?

Este trabajo ha sido un auténtico desafío para mí, ha cambiado mi actitud no hacia el Caspio, pero sí hacia la fotografía documental. Me he dado cuenta de que ya no tengo interés en mostrar lo que está ocurriendo, la veo más como una herramienta para ahondar en el alma y en los detonantes, en por qué pasan ciertas cosas. Me sirve para analizar cómo funciona una sociedad, quién hace que funcione, qué tipo de reglas y herramientas existen.

Por qué una sociedad actúa de una manera determinada. Eso es lo que ha cambiado en mí con este trabajo. Ahora estoy trabajando en un nuevo proyecto sobre conflictos [bélicos], pero no estoy fotografiando a las víctimas: estoy tratando de comparar las memorias individuales y colectiva del conflicto. Qué es natural y qué es artificial.

Parece que detrás de todo haya un interés social o antropológico.

Tengo una gran curiosidad por estas ciencias. Cuando leo trabajos sobre antropología me entiendo mejor a mí misma, cómo soy y cómo me he hecho como persona. Es muy interesante, porque profundizando en mí misma puedo entender mejor lo que me rodea.

Foto: Mila Teshaieva
"Promising Waters". | Foto: Mila Teshaieva

Háblanos un poco de tu proyecto “Beyond the Frame”. ¿Quiénes son las mujeres que aparecen en él y qué tienen en común?

Este fue un trabajo para una organización gubernamental que realiza proyectos de ayuda en países extranjeros. Fue un encargo para conseguir fondos para el desarrollo de uno de estos proyectos.

Son mujeres que pertenecen a los ayuntamientos de aldeas muy pequeñas de Azerbaiyán y que de esta manera están rompiendo con ese rol que se supone que tienen las mujeres en las comunidades del Cáucaso. Son mujeres que han dado un paso al frente. La idea era mostrar los múltiples roles que tienen en la vida: como madres, como miembros del ayuntamiento… Quería mostrar la complejidad de su existencia como mujeres que quieren hacer algo más en su pequeña comunidad.

¿Alguna de ellas te cautivó especialmente?

Sí. Había una mujer muy interesante que siempre había soñado con hacerse actriz pero no lo consiguió, y ahora está intentando hacer un teatro en su pueblo. Quería darle una educación superior a su hija, pero toda su familia estaba en contra porque se supone que las mujeres no deben tener este tipo de educación… Me dijo una frase que me impresionó mucho: “Así es cómo comprendí que la vida es una lucha.”

Foto: Mila Teshaieva
"Nakhchivan". | Foto: Mila Teshaieva

Estuviste en Osetia durante la guerra de Georgia, pero no has fotografiado el conflicto en el este de tu Ucrania natal.

No voy a ir a fotografiar la guerra en Ucrania porque el conflicto en sí no es interesante para mí. Lo que me interesa son las razones interiores que han arrastrado a la gente a ese conflicto, la idea embrionaria por la que luchan. Por ejemplo, tratar de reflejar en fotografías qué idea tienen de Ucrania, qué tipo de país es, qué valores están defendiendo los prooccidentales y los prorrusos.

Este es, de hecho, tu actual proyecto.

Lo comencé a principios de 2015 y estoy obsesionada con él. Provisionalmente lo he titulado “Imagined Communities”. Como te decía, intento encontrar cuáles son esos mecanismos interiores que sirven para definir la unidad popular en Ucrania. Da la sensación de que Ucrania es un país dividido por un conflicto de ideologías antiguas y el renacer del nacionalismo, así que este trabajo está absolutamente basado en contradicciones.

"Cuando leo trabajos sobre antropología me entiendo mejor a mí misma, y profundizando en mí misma puedo entender mejor lo que me rodea"

A partir de la idea de “Imagined Communities” introducido por Benedict Anderson [politólogo e historiador que ha trabajado sobre el nacionalismo] como un concepto para mirar las naciones, estoy escarbando por debajo de la superficie de la falta evidente de unidad en Ucrania.

Es una especie de trabajo multimedia en el que incorporo acontecimientos históricos, mitología contemporánea y aspiraciones personales en la investigación visual. Lo que está revelando este proyecto son unas capas invisibles, conexiones indefinidas que existen entre la gente que vive en un país. He encontrado cosas muy sorprendentes.

"Sevastopol". | Foto: Mila Teshaieva

Por ahora no puedo enseñar nada porque aún estoy tratando de darme cuenta cómo plasmar la idea. En estos momentos estoy revisando las historias familiares y tratando de determinar quiénes somos a día de hoy a través de las preguntas que se hacen sobre su propio pasado.

Aunque sea mirando a través de Ucrania, en realidad me interesa pensar en la idea de nación como un término más global. Así que este proyecto es una gran oportunidad para descubrir nuevos conocimientos, y además es un desafío para el medio [fotográfico] para crear un diálogo visual entre pasado y presente.

Al igual que en “Promising Waters”, trabajo con gente real, lugares, acontecimientos y situaciones, pero al mismo tiempo me doy la libertad artística de interpretar cada situación en forma de una fotografía.

Volviendo a Osetia, donde hay zonas que de facto están bajo control ruso, ¿crees que han cambiado con su retorno a Rusia?

Estas regiones no han vuelto a Rusia. Formalmente permanecen independientes y están intentando establecerse como tales; se encuentran en un frágil equilibrio entre un mal menor y otro mayor. De alguna forma, son como islas. En los últimos 25 años ningún proyecto internacional ha funcionado ahí. Son lugares como congelados en el tiempo.

Hay varias de esas islas, de esas regiones sin reconocimiento en el Cáucaso: Nagorno Karabaj, Osetia del Sur, Abjasia... La lucha está congelada, pero la guerra continúa como una guerra de memoria, con una propaganda que genera desconfianza y odio en ambos lados. Toda una generación está creciendo bajo el manto de esa propaganda que evita cualquier contacto con el exterior y que bloquea las fuentes de información alternativas.

La memoria colectiva en estos lugares se está reescribiendo de tal forma que a ambos lados de estas fronteras se vive con la percepción de una enemistad que perdura tras siglos. Y mientras las consecuencias directas del conflicto han dejado más de un millón de desplazados, fronteras cerradas a cal y canto y un alto el fuego frágil, también se da un trauma posconflicto casi invisible. Son sociedades que viven en el pasado desde hace 20 años.

"Sevastopol". | Foto: Mila Teshaieva

Además de “Imagined Communities”, ¿tienes otros proyectos en marcha?

Sí, tengo varios trabajos entre manos ahora mismo y es francamente duro manejar tantos planes simultáneamente. Además del proyecto en Ucrania, también he empezado a trabajar en la memoria posconflicto en la región del Cáucaso Sur, un intento de identificar y separar en niveles diferentes las memorias personales y colectiva.

Por último estoy trabajando en un libro sobre una comunidad de habitantes de islas en el Mar del Norte. Se trata de un encargo del Museum Kunst der Westküste [Museo de Arte de la Costa Oeste] de la isla de Föhr, en Alemania, que se expondrá en julio.

Fuentes y más información
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Mila Teshaieva
14 / OCT 2010
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