• Miquel Arnal: "¿Cómo iba a utilizar un dálmata para representar a un ...
  • Jorge Represa: "Siempre pienso en la foto que no pude hacerle a Woody Allen"
Con texto fotográfico

"Dormitan en el subsuelo de la ciudad para mantenerse con vida al menos una noche más" Mikel Aristregi

 
Foto: Mikel Aristregi
21
ENE 2010
Declaraciones obtenidas por Roger Boix

Mongolia. Lejano país de estepas, caballos y nómadas. Y de un submundo de indigentes que sobreviven a temperaturas imposibles de varias decenas de grados bajo cero, buscando cobijo en los cimientos de Ulán Bator y ayudándose de una corrosiva mezcla de alcohol y pastillas. Una sórdida realidad que ha documentado el joven fotoperiodista guipuzcoano Mikel Aristregi, cuyo trabajo en la capital mongola fue reconocido con una Beca Sonimagfoto el pasado año.

Mikel Aristregi

Aquel día, 20 de diciembre de 2008, fue el más frío de cuantos viví en Ulán Bator: 32 grados bajo cero. Deambulábamos mi intérprete Zolboo y yo por la zona de Songinekhairkhan, en la parte sur de la ciudad, cuando vimos dos figuras humanas en medio de aquella estepa urbana. Tras depositar los sacos llenos de botellas de plástico vacías en el suelo, desaparecieron como si se los hubiera tragado la tierra.

Nos aproximamos al lugar y vimos los dos agujeros que daban al cubículo subterráneo por donde instantes antes habían descendido las dos figuras en busca de un poco de calor. Zolboo les llamó desde fuera, pero nadie contestó. La boca de acceso, tan negra como la garganta de un lobo, contrastaba con el blanco de la nieve helada del exterior.

De repente, vi emerger de la negrura aquellos ojos fríos como el cristal, inexpresivos, casi muertos, que se posaban en mí. Se llamaba Otgontsetseg, tenía 30 años y era una vagabunda alcohólica como Tugultur, su pareja. Estaba embarazada.

El de Otgontsetseg no es un caso aislado. En la capital de Mongolia existe un número indeterminado de individuos que, pese a basar su lucha cotidiano-existencial en la obtención de alcohol, no tienen recursos para conseguirlo. Hay cientos de personas como Otgontsetseg, sin nada más que los harapos que los cubren para protegerse del frío.

Ulán Bator es la capital de Estado con la temperatura media anual más baja del mundo: -1,3 grados centígrados. Moscú, con 4,1 grados positivos, es la segunda. Si nos limitamos a los meses de invierno, la temperatura media entre noviembre de 2007 y febrero de 2008, por ejemplo, fue de casi -20 grados.

Por el día, se les puede ver deambular con facilidad en las inmediaciones de los dos mercados más grandes de la ciudad, Narantuul y Harhorin. Están a la salida pidiendo limosna, recogiendo botellas de plástico o bebiendo en grupo la mezcla explosiva a base de alcohol de quemar, agua y pastillas (más fuerte y económico que el vodka) que les aporta su particular estabilidad.

Los más cabales también pueden verse por el centro de Ulán Bator, sigilosos, casi imperceptibles, recogiendo, saco a la espalda, las botellas de plástico que posteriormente venderán por unos pocos tögrögs. Por la noche, sin embargo, es necesario escarbar en la superficie de asfalto y cemento para encontrarlos. Dormitan en el subsuelo de la ciudad, por donde transcurren los tubos por los que, como la sangre por sus venas, circula el agua caliente que los mantendrá con vida al menos una noche más.

En 1990, Mongolia era un Estado de régimen comunista que vivía al amparo de la antigua Unión Soviética. De la noche a la mañana, el país pasó de un régimen comunista a una economía de libre mercado, y el mongol medio, que con los soviéticos tenía garantizado un trabajo, un apartamento, la cesta de la compra y la pensión, se vio abocado a buscarse la vida. La gente se quedó sin los empleos públicos, miles de personas fueron expulsadas de los apartamentos comunales del Estado, y los subsidios llegados desde Moscú, que representaban una tercera parte de la economía nacional, desaparecieron.

He aquí el germen del actual problema de alcoholismo que sacude al país y que el propio gobierno ya ha calificado de asunto de seguridad nacional. Según Sean Armstrong, responsable de Médicos del Mundo en Mongolia, hasta hace unos pocos meses el problema del alcoholismo afecta, directa o indirectamente, a toda la población.

El objetivo de mi trabajo era, simplemente, documentar cómo estas personas sobreviven en condiciones tan adversas. El resto me lo quisieron contar ellos.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

Fuentes y más información
0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar