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OpiniónEnfoque diferencial

Miedo fotográfico a Internet

 
26
ENE 2009

Discutía hace unos días con un compañero fotógrafo acerca de las licencias Creative Commons y los derechos de autor. Me decía mi colega que habría que empezar a ponerse serio e ir a por todos esos blogs, medios de comunicación, páginas webs y demás que con total descaro e impunidad utilizan nuestras fotos sin ningún consentimiento. Así, con actitud implacable, de frente y con furia.

Yo no lo veía tan claro. Que en el blog de algún chaval aparezca una foto mía no es una amenaza para mi trabajo. Es más, si tiene cierta repercusión y aparece mi firma -que ésa es otra-, incluso puede ser beneficioso. A fin de cuentas, una foto que no se ve es como un reloj de oro barato: un sinsentido.

¿Qué ocurre si mis fotos acaban en una página de ideología neonazi o de vaya usted a saber qué gentuza?

Otra cosa son, desde luego, los medios con ánimo de lucro e ingresos publicitarios que van cogiendo fotos sin pagar un euro, como si el archivo de uno fuera un bufé libre en el que ni siquiera hay que pasar por caja.

El club de fans que, encima, vende esas fotos sin avisar al autor o la editorial de turno que ilustra un libro por la cara son dos recurrentes ejemplos de lo que pasa cuando se le echa mucho morro al tema.

Tras darle muchas vueltas sin que ninguno de los dos consiguiera convencer al otro, su órdago me dejó sin argumentos: ¿Y si una foto tuya en la que aparece un niño, con tu nombre y tu firma, acaba en una página o en un foro de pederastas?

Desde entonces, miro con cierta desconfianza todas esas fotos a las que yo mismo he colocado una licencia Creative Commons.

El temor de un mal uso de nuestras fotos no debería condicionar la decisión de publicarlas en Internet

¿Qué ocurre si alguien ve mis fotos firmadas en una página de ideología neonazi o de vaya usted a saber qué gentuza? ¿Sabrán separar al profesional que hizo la foto del desalmado que la ha cogido y la usa para sus deleznables fines?

Internet -y esto es un tema tan viejo con las tres uves dobles- es un inmenso campo donde es posible encontrar de todo y en el que irremediablemente fracasará cualquiera que pretenda ponerle puertas.

Subir los trabajos, las fotografías de uno a la red es exponerse automáticamente a que sean usadas para asuntos que, a veces, es mejor ni pensar. Pero, ¿debería este temor condicionar nuestra decisión de compartir las imágenes?

Creo que no. Dejando a un lado que el peligro existe con o sin Internet -aunque ahora es mucho más cómodo y rápido-, me pregunto si los fabricantes de cuchillos, cuerdas o pasamontañas se plantean dejar su negocio porque, al fin y al cabo, sus productos pueden servir para tareas poco loables.

Muchos fotógrafos no se detienen a valorar lo que la red ha supuesto para la difusión de nuestro trabajo

Esta forma de pensar de muchos de mis colegas me lleva a creer que, para variar, numerosos fotógrafos siguen viendo en Internet al ogro en vez del hada. Tan sólo temen las potenciales consecuencias negativas sin detenerse a valorar todo lo que la red ha supuesto para la difusión de la fotografía y, en muchas ocasiones, para nuestro trabajo.

Cada día que pasa entiendo menos este sector en el que muchos estupendos y anónimos fotógrafos tratan de hacerse un hueco -a golpe de galerías y fotoblogs- mientras muchos veteranos miran con desdén todo lo que tenga que ver con Internet. Será que aguantan porque no saben hacer otra cosa; ni siquiera retirarse a tiempo.

Posiblemente me esté repitiendo, pero es evidente que muchos profesionales no han logrado cambiar tan rápido como el mundo que les rodea. Los hay que siguen aferrándose al clavo ardiendo del pasado, mientras que otros simplemente se dejan llevar por la corriente, pero sin alejarse mucho del salvavidas.

La fotografía, como parte de la cultura, tiene que ser difundida. El miedo a su mal uso, aunque legítimo, no debería ser la excusa para limitar la expansión de nuestro trabajo.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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