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OpiniónEnfoque diferencial

Midiendo en fotos

 
8
OCT 2012

Me pedía consejo hace poco un compañero fotógrafo. Una revista que edita una marca de material fotográfico le había propuesto hacerle una entrevista, y dudaba. No sabía si aceptar o declinar el ofrecimiento, y se excusaba explicando que por aquellas páginas habían pasado antes profesionales de reconocido prestigio, y que él, especializado en prensa del corazón, era un don nadie en la arena fotográfica, un recién llegado. Temía no estar a la altura del resto de compañeros entrevistados.

Minutos más tarde comentábamos con el mismo fotógrafo el trabajo de Manu Brabo en zonas de conflicto. Aseguraba mi compañero estar gratamente asombrado de lo bien que este joven asturiano lo hace aun llevando poco tiempo en la profesión. Independientemente del tiempo que lleve Brabo en esto del fotoperiodismo, no deja de sorprenderle a uno esa especial veneración que se hace a las canas y cómo los que acaban de empezar temen no estar a la altura por el simple hecho de ser los nuevos gallos del corral.

Llámese Manu Brabo o Perico de los Palotes, lleve éste dos días o dos décadas en el oficio. Si un fotógrafo va a una guerra, a una boda, a un desfile de moda o a una soporífera entrega de medallas y trae fotos de quitarse el sombrero, uno no puede hacer más que alabar su trabajo. Como sucede con Brabo. Preguntarse si las ha hecho un recién llegado o un veterano es cuando menos una estupidez.

Sorprende esa veneración que se hace a las canas y cómo los que acaban de empezar temen no estar a la altura

La veteranía es un grado, decían en la mili, pero que haya que tener cierto respeto a los que llevan toda una vida dándole al botón no significa que los que empiezan sean un cero a la izquierda. Es más, respeto por la experiencia no significa barra libre. Los veteranos también meten la pata.

Es cierto que en casi todos los trabajos uno mejora con el paso de los años, aprende de sus errores y refina sus artes. Pero si bien en ciertas disciplinas es imposible comenzar sabiendo, en fotografía uno puede dar sus primeros pasos profesionales con las lecciones bien aprendidas.

Cuando mis alumnos terminan de hacer las prácticas en la calle y nos ponemos a preparar un currículo siempre les digo que hay que hacer como en las películas de juicios: no declarar contra uno mismo, contar sólo lo que nos beneficia. No es lo mismo decir "experiencia fotografiando política de primer nivel, realeza y actores internacionales" que "tres meses como fotoperiodista en prácticas".

Estos alumnos fotografían a lo largo de tres meses a reyes, presidentes, ministros, estrellas de cine, manifestaciones, deportes de alto nivel, conciertos... Son tres meses de fotoperiodismo concentrado directamente en vena. Hacen más fotos y acumulan más experiencia en esas semanas que algunos fotógrafos en dos años, y además aterrizan en el mundo profesional con miles de tomas realizadas literalmente por amor al arte. Y aun así, en no pocas ocasiones se enfrentan al mismo muro: lo siento, pero no tienes experiencia. Experiencia profesional.

Pese a estar inmersos en el siglo XXI nos sigue lastrando ese pensamiento arcaico de tiempos pasados, y no es otro que dar por hecho que a trabajar sólo se aprende trabajando. No, a fotografiar se aprende fotografiando, pero para fotografiar incluso al más alto nivel no es requisito indispensable hacerlo trabajando.

Lo que cuentan son las fotos. Si las sabes hacer, si las sabes buscar, es que vales. Llevar diez años o diez días con la cámara al hombro es totalmente irrelevante. La experiencia es un grado, sí, pero no podemos medirla en años: hay que medirla en fotos.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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