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Mi casa es mi estudio

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Foto: Alfonso Álvarez-Dardet (Quesabesde)
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MAR 2015

Estamos acostumbrados a ver fotografías de retratos, de bodegones o publicitarias que parecen estar hechas en grandes estudios. Pero no siempre es así. Que se lo digan si no a Geraldine Leloutre, que dispara en el patio de su casa adosada, y Cristina Suárez, que lo hace en el salón. Dos fotógrafas de estilos muy diferentes pero con algo en común: no paran de trabajar. Multiempleadas y autodidacta una de ellas, son parte de la gran radiografía del negocio fotográfico en España.

“Sonríe con los ojos.” Ése es el consejo que Geraldine Leloutre, actriz y fotógrafa, les da a sus modelos cuando van a comenzar una sesión de fotos. Suele trabajar en el estudio de un amigo que alquila por horas en la céntrica calle Fuencarral de Madrid, pero cuando hay buen tiempo o la ocasión lo requiere prefiere hacer la sesión en su casa, en el jardín.

El espacio es rectangular y está dividido por un saliente. En los laterales se ha hecho con una huerta de la que saca frutos dependiendo de la temporada. Tiene varios árboles. Sobre uno cuelga una hamaca en la que suele relajarse. Una tumbona descansa entre la verja que separa su patio con el del vecino y la verja de entrada.

Foto: Alfonso Álvarez-Dardet (Quesabesde)

Las fotografías las hace con una sencilla Canon EOS 550D y un 50 mm f 1.8. El trabajo de intérprete no le da para un equipo mejor, explica, aunque ahora anda detrás de una EOS 5D Mark III. La historia de la cámara es su propia historia. Hace cuatro años formaba parte del elenco de la obra “Beaumarchais”, de Josep Maria Flotats. Era uno de los 32 actores que completaban el reparto. “Con el primer sueldo me compré la cámara porque tenía en la cabeza un proyecto de videoarte”, recuerda Leloutre.

En los camerinos, en los ensayos… La máquina se convirtió en su apéndice. Se dedicó a aprender su manejo mientras retrataba a sus compañeros. “Nos cogimos todos mucho cariño, y cuando acabé el trabajo les hice un vídeo con el making of y varios compañeros me pidieron que les hiciera un book. No sabía ni cuánto tenía que cobrarles”, explica. “Fuimos a Bilbao de gira y nos pilló muy buen tiempo. Allí empecé a hacerles fotos y ellos a pagarme. Algo simbólico. Cuando terminaron las representaciones mis compañeros subieron las fotografías a Facebook. Fueron unos cuantos, y entonces empezaron a llamarme.”

Foto: Geraldine Leloutre

Geraldine Leloutre alquila un estudio por horas, pero cuando hay buen tiempo prefiere hacer la sesión en su casa, en el jardín

Leloutre lleva la profesión actoral en la sangre, aunque le cuesta definirse porque con el tiempo ha desarrollado diferentes disciplinas: la actuación, la fotografía y la pintura. “En realidad me considero artista. Cuando no he actuado he dibujado, he hecho instantáneas o vídeos. Ahora estoy haciendo un videoclip para un amigo. Siento que con todo lo plástico me defiendo muy bien.”

Tras sus primeros pasos haciendo books a amigos le hizo el making of a una compañera que hacía su primer cortometraje. Seguía sin saber cuánto dinero cobrar; decía que estaba aprendiendo. Poco a poco empezó a tomárselo en serio y a hacer más retratos. “Tenía muy buena luz, una casa con buhardilla, un reflector… y ya está. En uno de mis primeros trabajos hacíamos trueque: yo necesitaba un reflector y mi amiga me lo compraba.”

Por aquel entonces vivía con su novio, también fotógrafo. Ella se dedicaba a la actuación, y muchas veces le ayudaba en las sesiones y retocando fotografías. “Ahí es donde aprendí mucho de luz, encuadre y de fotos, y decidir si una funciona o no o si tengo que retocarla mucho.” Además, reconoce, se dio cuenta de que su formación de intérprete era un hándicap a la hora de trabajar con otros compañeros. “Como actriz sé lo que necesitan, y a la hora de fotografiarles te das cuenta de que todos tienen los mismos miedos y las mismas inseguridades. Prácticamente todos vienen con lo mismo.”

Foto: Geraldine Leloutre
Foto: Geraldine Leloutre

Cuando hace sesiones de foto le gusta quedar una o dos horas antes con el cliente. Si hace buen tiempo y las fotos las van a hacer en su jardín, se toman un té y unos bizcochos mientras se conocen un poco. Ese proceso, explica, es clave para coger confianza y hacer que todo sea más natural y fluido. “Al final acabo haciéndome amiga de todos.”

Mientras hablan, aprovechan para ver la ropa que se ha traído la modelo. Intercambian impresiones, desechan algunas y eligen otras. El siguiente paso es el maquillaje. Ella misma lo hace en el cuarto de baño de su casa. Y una vez terminado, listos para empezar. “El book se compone de un retrato, quizás un primer plano y un plano medio. No me gustan mucho las fotos de cuerpo entero, porque me parecen un poco acartonadas, pero hay que hacerlas. El actor tiene que tener la foto de cuerpo entero”, explica.

Foto: Geraldine Leloutre

“Como actriz sé lo que necesitan, y a la hora de fotografiarles te das cuenta de que todos tienen los mismos miedos y las mismas inseguridades"

El fondo tiene que ser muy neutro. Nada de collares, pendientes, piercings. Hay que traer ropa que no tenga letreros. Poner caras sencillas, muy básicas. Un pelo muy convencional y un maquillaje muy básico. Estas son las directrices que da cuando tiene que hacer un book, pero a veces le piden algo más personal y entonces es cuando todo puede valer. Hace poco, recuerda, le hizo unas fotografías a una actriz cuya fantasía era vestirse de Marilyn Monroe.

Como le pasa a la mayoría de los fotógrafos, no le gusta ser retratada. Aunque si tiene que hacerse un book, prefiere hacérselo ella misma. “Yo me hago las fotos. Las hago con un autodisparador. Y como les ocurre a muchos actores, te sientes desprotegido. Si a un intérprete le das un texto y le pones una cámara es Dios, pero cuando se trata de fotografía es muy complicado.”

Fotos de época

A Cristina Suárez le apasiona la fotografía vintage. “No sé por qué razón. Yo bebo de los años 20 a los 50, y los 60 me quedan ya muy modernos. Mi estética fotográfica emana del pasado pero en un presente”. Estudió en la Escuela de Arte de Oviedo, y cuando terminó cogió sus cosas y se mudó a Madrid. Allí fue donde vendió su primera fotografía. “La mayoría son en blanco y negro y virados a sepia, y los colores me gustan para el Technicolor, el Coraflon. Todo muy retro y viejuno, y muchas cosas personales, movidas, oscuras.”

Aunque ha desarrollado su carrera en estudio y para algunos trabajos continúa sirviéndose de él, suele usar el salón de su casa para hacer las instantáneas. No es especialmente grande, pero está bien aprovechado. El cuarto de estar es continuo a la terraza, por lo que tiene luz natural haga el día que haga. A no ser que los clientes lo digan, ella es la que pone el vestuario. “A las clientas les presto mi ropa. Antes iba vestida más rockabilly pero ahora soy más punk”, explica.

Foto: Alfonso Álvarez-Dardet (Quesabesde)

“La cámara es el mayor detector de mentiras que existe. Por ese agujerito veo mucho más de lo que está ocurriendo en la superficie”

Suárez no trabaja con modelos. “Pensé que mi target iban a ser mis amigos roqueros de las tiendas y tal, pero no. Se trata de gente normal que, por alguna razón que va saliendo a través de la sesión, necesita retratarse. Estos motivos nunca suelen coincidir con estar guapa para el Facebook”, explica. Por eso, cuando muestra su trabajo, hay de todo. Cada uno tiene su historia, una fantasía que necesita ser retratada.

Para sacar las mejores fotos necesita que el cliente pase todo el día con ella. “Yo les pongo mi música, mis pizarros. Les invito a merendar, les enseño mi casa. Nos probamos todos los vestidos que haya que probar hasta que se sientan a gusto. En estas sesiones las novias y novios están prohibidos, porque muchas veces tu novia te dice que estás muy guapa, pero si tú no estás sintiéndolo…”. Para realizar sus sesiones el trabajo previo es tan importante como el técnico.

“Siempre he dicho que la cámara es el mayor detector de mentiras que existe. Cuando veo a una chica o a un chico que no se está sintiendo bien, la cámara lo saca. Por ese agujerito lo veo todo; veo mucho más de lo que está ocurriendo aparentemente en la superficie”, asegura la fotógrafa mientras da los últimos retoques a la modelo en el cuarto de baño de su casa. Se trata de una amiga que ha venido a ayudar en la sesión de fotos. La idea es aprovechar y continuar haciendo fotos hasta la noche, aunque hay que darse prisa: cada hora de luz es valiosa.

Foto: Cristina Suárez

Cuando la modelo se ha maquillado el siguiente paso es rebuscar en el armario de Suárez. Un mastodóntico mueble donde guarda todo tipo de ropa vintage. Sacan una falda, unas camisetas, las guardan y continúan. Finalmente se decantan por un vestido rojo con escote. “¡Es perfecto!”, exclaman las dos.

No hay mucho que colocar. Dos pequeñas lámparas de luz están en el salón, pero no es todavía el momento de usarlas. En una de las esquinas continua a la salida a la terraza Suárez coloca una sábana marrón con manchas negras encima del radiador. La pared es de color verde aguamarina, y en la mano tiene una copa de cóctel pero sin cóctel: es vinagre. Se conocen desde hace tiempo; no es la primera vez que trabajan juntas. Las indicaciones son mínimas. Suárez coge su Nikon, la coloca en el trípode, hace unos ajustes a la cámara y comienza a disparar.

Foto: Cristina Suárez

Entre instantánea e instantánea cuenta que otra de las formas que tiene de ganarse la vida, además de su pequeño estudio casero y de las clases de baile que imparte en algunos locales, es yendo a festivales de música a hacer fotografías retro. En su pequeño estand coloca un estudio portátil con el que retratar a los asistentes. “Allí todo es más fácil porque los que acuden a este tipo de eventos suelen ir ya vestidos con el traje de época y maquillados.”

“Lo retro está de moda, y lo gordo está llegando ahora”, asegura esta forofa de lo rockabilly. Suárez se considera, ante todo, retratista. “Al final ocurre que la imagen no es algo superficial. Hay una chica que está muy guapa, hay un atrezo y un vestuario que también están muy bien. Pero es la excusa para conocer a alguien, abrirle la boca, meter mi mano dentro y sacar lo que ella es. Esto es para mí el respeto al retrato.”

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