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Con texto fotográfico

"Tenía que mostrar la realidad tal y como era" Massoud Hossaini

 
Foto: Massoud Hossaini (AFP)
13
DIC 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Es una imagen desgarradora, con la joven Tarana Akbari en el centro gritando aterrorizada. Poco se imaginaba Massoud Hossaini que la explosión que le tumbó aquel diciembre de 2011 en una mezquita de Kabul y cuyos efectos le dificultaron continuar fotografiando se trataba en realidad de un ataque suicida con bomba que se cobró más de 70 vidas. Su férrea convicción por mostrar lo que acababa de ocurrir llevó a este fotoperiodista afgano criado en Irán a inmortalizar ese triste momento. Una foto por la que obtuvo este mismo 2012 un premio Pulitzer.

Massoud Hossaini

Era una ceremonia religiosa y la gente estaba tranquila y en silencio. Yo hacía años que cubría este evento, y hubo quienes me reconocieron, me sonrieron y me pidieron que me acercara. Algunos incluso me conocían y me llamaban por mi nombre. Esto me facilitó acceder al lugar, algo que no le habría sido posible a cualquier fotógrafo.

Pero imagina que todo ese buen rollo que ves simplemente cambia en un segundo. Hubo una explosión, y de repente me encontré en el suelo con la mano sangrando. Me dolían los huesos muchísimo y en los pulmones todavía sentía el temblor de la onda expansiva. Cuando la explosión te pilla cerca, si no te alcanza la metralla, la onda expansiva te sacude los huesos. Ésta es la parte mala de la explosión. Era como si alguien quisiera arrancarme los huesos del cuerpo. Imagínate el dolor.

Me temblaba todo el costado izquierdo y estuve tendido en el suelo unos segundos hasta que me incorporé. No sabía qué había ocurrido, pero estaba allí para averiguarlo. Como no me esperaba ningún tipo de explosión o ataque en aquella ceremonia religiosa, no pensé que podía ser una bomba. Pensé que se trataba de una explosión de gas o del motor de algún coche.

Entonces vi todo el humo que había y tuve que decidir si salía corriendo de ahí o me quedaba. Y como no imaginé que era una bomba, decidí continuar. Cuando la humareda empezó a disiparse fue cuando me encontré rodeado de cuerpos tendidos en el suelo? y eso fue un verdadero 'shock'. Por segunda vez tuve que decidir si me quedaba o me iba, pero estaba allí por una razón, para hacer un trabajo, y tenía una responsabilidad. Así que me quedé y comencé a tomar fotos.

No fue nada fácil. Me temblaba todo el cuerpo y no podía mantener el equilibrio. Varias veces estuve a punto de caer al suelo, pero tenía que hacer las fotos. Si vieras todas las fotos, te darías cuenta de que algunas están torcidas: es porque perdía el equilibrio. La cámara era muy rápida [en enfoque y velocidad de disparo], y me fue sencillo tomar fotografías y grabar vídeo a la vez. Si no, habría obtenido un montón de imágenes desenfocadas.

Fue un momento realmente difícil incluso para preocuparme del encuadre. Si te fijas en Tarana, la chica de verde, verás que no hay ninguna regla de composición en la foto. Tenía que mostrarlo todo, la realidad tal y como era; no quise agacharme, acercarme ni moverme a ningún lado. Quise fotografiar la escena tal y como la vi en el primer instante. Que quien viera la fotografía viese el 100% de la realidad.

Ya me había encontrado en este tipo de situaciones antes, y lo que había hecho era fotografiar y ayudar al mismo tiempo. En una explosión ayudé a un soldado americano que se encontraba entre un muro y un vehículo destrozado mientras continuaba tomando fotos. Pero en este caso yo mismo estaba herido y en estado de 'shock'. Veinte minutos después de la explosión quise al menos intentar ayudar a la gente, pero la magnitud de las heridas era demasiado grande. Muchos estaban heridos en la parte trasera de la cabeza, y en estos casos nadie puede moverles salvo un doctor? y yo no lo soy. Si hubiese intentado echar una mano a alguien, podría haberle matado.

¿Qué era lo mejor que podía hacer? ¿Ayudar a los heridos -quizás podría haber salvado a alguien, quizás no- o explicar la historia al mundo? Desde luego escogí la segunda opción, porque estaba allí por esa razón y porque tenía que serles útiles a ellos. Ellos no pueden hablarte, no pueden contar lo que ocurre en Afganistán a los medios de comunicación occidentales. Pero yo sí pude. Hice esta fotografía para hablar de eso. Mi forma de ayudarles fue contar su historia.

Fue sorprendente la primera vez que vi a la familia de Tarana [tras el atentado]. Me dijeron: 'Gracias por alzar nuestra voz al mundo.' En ningún momento se quejaron por no haber ayudado. Éste es el deseo del pueblo afgano, porque están convencidos de que el mundo se ha olvidado de ellos. Sólo quieren que sepamos qué sienten, cómo es su vida, sobre todo ahora que hay hasta 70 países [implicados] en Afganistán. Quieren que la gente de estos países sepa de ellos, y esto es lo que yo hice.

Nací en Afganistán y crecí en Irán, pero nunca he contado como afgano ni iraní. No sé de dónde soy. Muchas veces los afganos creen que soy extranjero. En algunos casos me permiten acercarme; en otros se alejan de mí. No me ven como uno de ellos, como cualquier otro fotógrafo afgano. Notan las diferencias en mi cultura, en mi acento, en cómo me visto.

Pero yo les siento como mi pueblo, y en cierta manera siento como ellos. Si están preocupados, yo lo estoy. Si se asustan, yo me asusto. Si tienen esperanza, yo la tengo. Si sienten dolor, a mí me duele también.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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