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Making of

Maruja skater: sesión con flashes Profoto

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Foto: Siqui Sánchez
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JUN 2016

La idea de una señora patinando por encima de una fila de carros del súper puede sonar –así de entrada- algo extraña, pero cosas más raras se han visto. En cualquier caso, la que hemos dado en llamar “Maruja skater” ha sido la excusa perfecta para probar los nuevos Profoto B1 y B2 y la constelación de accesorios del llamado sistema Off-Camera Flash de la marca escandinava, que en España distribuye Innovafoto.

Todo ello con un objetivo muy preciso: realizar una imagen que no tuviera una iluminación muy visible. En otras palabras, evitar ese tipo de foto en la que enseguida notas que hay un flash de por medio. Fotos que quedan muy bonitas, pero también muy falsas. Parece contradictorio, pero tiene su lógica. Iluminar, sí, pero dentro de un orden.

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Foto: Siqui Sánchez

Armados con una no tan nueva Canon EOS 5D Mark II (acompañada de un objetivo descentrable Canon TS-E 24 mm f3.5 L) y una Pentax 645Z de formato medio (con un 28-45 mm f4.5), el equipo de Profoto elegido para la ocasión estaba compuesto por los mencionados flashes B1 y B2, un OCF Softbox y el nuevo OCF Beauty Dish.

Para situar a la modelo montamos un andamio sobre una fila de carros de supermercado, de manera que luego pudiéramos retirarlo y disparar una imagen limpia para recomponer el fondo sin problemas. Esta primera fotografía se hizo con una Canon EOS 5D Mark II para poder ajustar los flashes usando el TTL.

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El equipo

Todos los productos de Profoto utilizados para la sesión. De izquierda a derecha y de arriba abajo: los flashes B1 y B2, los accesorios de iluminación (OCF Beauty Dish y Softbox) y el Air TTL

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Profoto B1
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Profoto B2
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Profoto OCF Softbox
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Profoto Air TTL

La segunda foto se hizo ya con el sol un poco bajo, y es un retrato más formal. En esta ocasión usé la Pentax 645Z ajustando los flashes manualmente, ya que para esta marca no existe posibilidad de sincronización TTL en los equipos Profoto.

El esquema de iluminación consistió en un Profoto B1 con el Beauty Dish plegable situado un poco por encima y a un lado, el B2 con un paraguas frontal que daba un poco de luz de relleno para atenuar el contraste, y otro B2 con un softbox situado a la izquierda para aportar un poco de luz de recorte.

No hubo incidentes destacables. Habíamos acordado el permiso con el súper para no tener problemas con la seguridad, y la estructura aguantó como estaba previsto. Todo controlado. Así que una vez satisfechos con la foto, retiramos el andamio, ajustamos la fila de carros que habíamos tenido que apartar previamente y disparamos la foto que serviría más tarde de base. Finalmente mi asistente lanzó unos pimientos al aire para incluirlos en la imagen final para que tuvieran una iluminación y una perspectiva coherentes.

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Foto: Ariadna Serra (Quesabesde)
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Foto: Ariadna Serra (Quesabesde)

Para la segunda imagen situamos a la modelo apoyada en la barandilla sosteniendo un monopatín. Una foto mucho más sencilla que en principio debía ser complementaria de la primera, pero que finalmente me gusta mucho más porque el personaje tiene más fuerza y la composición es más clara. Una cosa es tener la imagen en la cabeza, y otra ver el resultado final. A menudo hay sorpresas de este tipo.

Una de las cosas que más me interesaba era comprobar si los B1 tenían potencia suficiente para imponerse a la luz del sol, por lo que decidí que la foto se haría a media tarde, en medio del aparcamiento de un centro comercial, con un pelotazo de sol bastante contundente.

Foto: Quesabesde
Esquema de luces usado para la foto de la modelo en tierra firme.

El TTL funciona de maravilla con la Canon, y se agradece que al menos una cosa -y una cosa importante como es la exposición- esté asegurada

El diafragma usado fue entre f13 y f18, y en todos los casos el flash pudo resolver la foto sin problemas. Después de 250 disparos a máxima potencia, la batería del B1 nos comunicó con un pitido más largo de lo habitual que estaba muerta del todo, por lo que lo sustituimos por un B2. El sol ya había bajado en intensidad, por lo que ajusté un poco la velocidad y seguimos funcionando sin problemas a pesar de que los B2 tienen la mitad de potencia que los B1.

Prueba del sol superada.

Otra cosa que tenía ganas de probar era el funcionamiento del TTL (para entendernos, lo que vendría a ser el botón de programa en las cámaras: disparar sin preocuparse de nada porque la electrónica se encarga de que todo salga como tiene que salir).

Hasta ahora había pensado que era un lujo innecesario. Normalmente uso los flashes en modo manual y los ajusto hasta que la intensidad es la deseada y todo sale perfecto. O hasta que te cansas. Lo que ocurra primero. El problema es que las sesiones nunca son como te esperas, y los problemas y los imprevistos aparecen siempre: de repente el cliente tiene prisa o se va el sol o alguien se pone de parto. En otras latitudes tal vez lo tengan todo bajo control y el fotógrafo pueda trabajar a su ritmo, sin problemas. Pero, por lo que sea, ese no es nuestro estilo.

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Foto: Ariadna Serra (Quesabesde)

En estos casos se agradece que al menos una cosa -y una cosa importante como es la exposición- esté asegurada. Durante una sesión relativamente compleja tienes que estar pendiente de un montón de cosas, de modo que no me parece mal liberar un poco de memoria en el disco para ocuparnos de cuestiones más creativas y dejar los cálculos y los aspectos técnicos para las máquinas. En el caso de estos Profoto OCF el TTL funciona de maravilla. Uno se olvida así del tema de la exposición y se concentra en la foto, que es como debe ser.

En este sentido, si algo hay que destacar en los flashes Profoto, eso es su facilidad de manejo. Sin necesidad de leer los manuales uno se hace a la idea enseguida de cómo funciona todo. Los menús son simples y las pantallas se pueden leer sin problemas incluso a pleno sol. Todo está en su sitio y funciona correctamente y sin sorpresas.

Los modificadores son pequeños, ligeros y relativamente sencillos de montar. Se podría argumentar que también son frágiles y delicados, pero si buscamos quitar peso, una cosa viene con la otra. Estos equipos están pensados para trabajar fuera del estudio, y no puedes pretender que una ventana sea robusta y ligera al mismo tiempo si no estás dispuesto a sacrificar algo por el camino.

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Foto: Ariadna Serra (Quesabesde)
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Foto: Ariadna Serra (Quesabesde)

Todos sabemos que es posible montar un equipo a base de flashes chinos y transmisores comprados en eBay, pero la cuestión es cómo se llega a la foto final

Hay que aclarar que estamos hablando de equipos profesionales, tanto en prestaciones como en precio. Si no vamos a usarlos como herramienta de trabajo, posiblemente podamos encontrar opciones más económicas que nos servirán igualmente por un precio mucho más bajo. Las prestaciones serán menores, y la calidad de construcción, el diseño y la fiabilidad no serán tan espectaculares. Pero si no vamos a hacer un uso exigente del equipo, posiblemente podamos sobrevivir e incluso hacer un buen trabajo con un coste bastante menor.

Dicho esto, lo cierto es que si vamos a buscar un equipo de nivel similar a este de Profoto, nos encontraremos con que todas las marcas tienen precios más o menos elevados. En esto nadie ofrece duros a cuatro pesetas.

Para usos profesionales, la fiabilidad y facilidad de uso son clave, de modo que la elección está clara. Todos sabemos que es posible montar un equipo a base de flashes chinos y transmisores comprados en eBay, y que ese equipo va a ser barato y va a funcionar de manera más o menos correcta. Si atendemos únicamente al resultado final, es posible que no se note una gran diferencia entre fotos hechas con un equipo mejor o peor. La cuestión es cómo se llega a esa foto final

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Foto: Siqui Sánchez

Muchas veces te puedes ver obligado a cambiar de planteamiento porque el flash no tiene potencia suficiente o porque te da pereza montar un softbox más complicado que un cubo de Rubik. O porque te falla cualquier cosa en el momento más inoportuno.

Lo último que necesitas cuando estás en medio de una sesión es empezar a idear chapuzas porque a una rótula se le ha pasado la rosca, o tirarte diez minutos dándole golpecitos a un receptor que por algún motivo se niega a recibir. Si además tienes clientes de por medio y la imagen –la propia- es importante, entonces ya no hace falta ni hablar. En eso, en diseño y elegancia, los Profoto son difíciles de batir. Todo en ellos es bonito: desde las maletas a las baterías. Eso se agradece, y de paso quedas como un señor.

La foto sin retocar de nuestra modelo patinadora. | Foto: Siqui Sánchez

Otra cosa es que ese cliente tan sibarita esté dispuesto a pagar una tarifa adecuada que justifique tu inversión, pero esa ya es otra discusión. Sea como sea, los Profoto OCF son flashes pensados para un uso intensivo a nivel profesional. Todo en ellos está enfocado a ofrecer la máxima comodidad de uso, rapidez y sobre todo fiabilidad. Y eso tiene un precio.

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