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Con texto fotográfico

"Filda es una guerrera que se ocupa, sola, de los 18 miembros de su familia" Martina Bacigalupo

 
Foto: Martina Bacigalupo
15
SEP 2011
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Galardonada en 2010 con el Premio Canon a la Mujer Fotoperiodista, Martina Bacigalupo nos propone una historia singular contada a medias entre ella y su protagonista. Se trata del reportaje "Me llamo Filda Adoch", cuyas fotografías han cobrado un protagonismo especial en la reciente edición de Visa pour l'Image. La joven fotoperiodista italiana de Agence VU lleva cuatro años trabajando en historias de carácter humanitario en la región africana de los Grandes Lagos.

Martina Bacigalupo

En mayo de 2010 fui al norte de Uganda con la organización Human Rights Watch. Me pidieron que realizara las fotografías para un reportaje sobre las mujeres con algún tipo de discapacidad en esa zona, una de las más afectadas por una guerra de veinte años en la que la población se encontró en medio de los rebeldes y el ejército.

La propuesta era encontrarnos con cinco o seis mujeres al día: Human Rights Watch las entrevistaba y yo las fotografiaba. Acepté con la condición de que me dejaran pasar todo un día con una de esas mujeres. Escogerla no fue fácil: tenía delante de mí los dosieres de setenta mujeres, todas con una gran historia que contar.

El día que conocí a Filda me impactó muchísimo porque la suya es una historia muy fuerte: a su primer marido lo mató el ejército porque creían que era rebelde, y al segundo lo mataron los rebeldes. Esto es un hecho poco habitual. No te encuentras a mujeres casadas dos veces con hombres asesinados cada uno por un bando distinto. Me pareció muy simbólico, porque la población se encontraba impotente en medio de estas dos fuerzas. No hay buenos y malos: todos son malos.

También había perdido un hijo y una pierna. Pero lo que más me impresionó es que, si bien reúne todos los criterios para ser considerada una víctima, ni se siente ni actúa como tal. Si tuviera que describirla, diría que es una guerrera. El primer día de la entrevista se presentó muy elegante, pero al día siguiente la encontré en el campo con el torso desnudo, el pelo corto, de rodillas, con sus muletas al lado y un hacha para trabajar. Una guerrera que se ocupa, sola, de los dieciocho miembros de su familia.

Ella misma me invitó a volver para que contara su propia historia. Yo acepté, y le dije que debía ver las fotos y explicarme qué sucedía en ellas. Los pies de foto [del reportaje 'Me llamo Filda Adoch'], por tanto, son de Filda. Hemos contado la historia entre las dos: ella con los textos y yo con las imágenes.

Pasé con ella más de tres semanas, todos los días desde el alba hasta la noche. Pero este reportaje no es sólo fruto de esas tres semanas, sino de cuatro años viviendo en la región de los Grandes Lagos, de asumir mi identidad europea en la zona y de cambiar mi visión previa del continente.

Filda, la ugandesa de 53 años que protagoniza el reportaje de Bacigalupo. | Foto: Martina Bacigalupo (Agence VU)

Los hijos, los sobrinos y el resto de la familia de Filda se reúne cada noche en torno al fuego al finalizar la jornada. Es el momento más importante. Es cuando los niños aprenden la danza para dar la bienvenida al extraño, para celebrar la guerra, acoger al recién nacido, despedir al muerto? Los viejos cuentan su propia historia y el mito de su origen a los niños, les cuentan adivinanzas y metáforas para que aprendan a interpretar las situaciones de la vida. En torno al fuego maduran y se forja la identidad de la comunidad. Sin el fuego, la casa no es una casa.

En esta fotografía aparece uno de los hermanos de Filda en el momento en que el fuego acaba de apagarse. Han estado bailando y todavía están contando las últimas adivinanzas bajo un cielo absolutamente estrellado hasta el horizonte. Para ellos las estrellas marcan el tiempo. Las noches durante las cuales tenían que esconderse de los rebeldes les decían a los niños que, si lloraban, caerían todas las estrellas del cielo, y así los niños se callaban. Esta imagen representa la noche, un momento central en sus vidas, de reunión al finalizar la jornada, de regeneración de la energía y de toma de contacto con ellos.

La noche fue para mí el descubrimiento más importante, íntimo y emocionante. Fue durante la noche cuando ella y su familia se abrieron y me dieron la posibilidad de compartir con ellos momentos íntimos de su cultura y su entorno familiar. Momentos como éste me han llevado a crear una historia que, pese a tener todas las características de un reportaje típicamente fotoperiodístico (los derechos del hombre, la guerra en Uganda, una mujer amputada en África), ellos mismos han transformado en un reportaje antropológico.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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06 / SEP 2011
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