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Con texto fotográfico

"Quieren que la Iglesia católica acepte a la Santa Muerte como uno más de sus santos" Marie Ozanne

 
Foto: Marie Ozanne
24
MAR 2011
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Fotografiar su vida y la de los que la rodean fue el punto de partida de Marie Ozanne para explorar la sociedad mediante la imagen. El retrato toma una relevancia especial en la obra de esta fotógrafa francesa, que de igual manera viaja a Estambul para retratar a exitosas mujeres turcas como se adentra en un mundo de marginación para investigar la expansión del culto a la muerte entre las capas sociales más marginales en México.

Marie Ozanne

Viví en la ciudad de Puebla, en México, durante dos años. Fue a través de un amigo que conocí la existencia del culto a la Santa Muerte, que en estos últimos años se ha expandido considerablemente entre las clases populares para que les brinde protección.

El culto a la Santa Muerte tiene su origen en los años 60, en el estado de Tijuana, al norte de México, y en el sur de los Estados Unidos, en las redes de narcotraficantes. Pronto comenzó a atraer a los marginados rechazados por la Iglesia, como las prostitutas y los travestís. Según la creencia, si uno le pide ayuda a la Santa Muerte para realizar un acto malo, luego se lo cobra y probablemente alguien cercano pagará las consecuencias con problemas, una enfermedad o incluso la muerte.

Su culto toma prestados aspectos del folclore referentes a la muerte muy arraigados en México y deriva del catolicismo, pero pese a ser una rama de éste, la Iglesia católica siempre se ha negado a aceptarla en su seno, tachándola de herejía y vinculándola al satanismo.

Yo daba clases de fotografía en la universidad y dedicaba ratos libres a fotografiar este tema. Como cualquier religión, tiene toda su liturgia, pero sus fieles se dicen católicos y por tanto guardan las fiestas propias de la Iglesia.

Asistí a la celebración del primer aniversario de la llegada de la Santa Muerte a Puebla, donde le rezan en un altar situado en una trastienda. Allí retraté a esta niña de once años. Esta figura es suya. Como manda la tradición, se la habían regalado, y la cuidaba como si se tratara de una muñeca.

Lo que de verdad me sorprendió en el momento de fotografiarla fueron el vínculo tan importante que parecía tener con la figura y la mirada tan intensa y madura que mostraba, mucho más allá de la niñez. La serenidad de su mirada es asombrosa. En las clases populares de México se suele tratar a los niños como adultos y es corriente verlos vendiendo golosinas en la calle o ayudando a empaquetar las compras en un supermercado. Pero lo que aparece en esta foto es una relación demasiado estrecha con la muerte para la infancia, algo a lo que no estamos acostumbrados en Europa.

Aunque parezca extraño, los protagonistas de esta historia no tenían problema en que les fotografiase. Estaban contentos de que les retratase. El motivo es la expansión tan grande que está teniendo en los últimos años -es la secta con más adeptos en México- y el hecho de que sus fieles quieren que la Iglesia acepte a la Santa Muerte como uno más de sus santos.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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