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FOTOGRAFíA Y MANIPULACIóN

Pero, ¿es que ya existía Photoshop en el siglo XIX?

 
29
JUN 2009

Hablar de manipulación fotográfica siempre es delicado. En estos tiempos es difícil saber cuándo una imagen ha sido retocada y cuándo no, pero incluso sabiéndolo es difícil establecer el límite ético de esta práctica. En las publicaciones de moda, por ejemplo, el lector tolera con mucha más generosidad los retoques -el llamado maquillaje digital- que en otra clase de informaciones.

El escándalo del llamado Reutersgate, por ejemplo, en el que un fotógrafo de Reuters dramatizó con las fotos de los bombardeos de Israel sobre el Líbano en 2006, llevó a que esta agencia anunciase que estaban desarrollando con Canon y Adobe un sistema para evitar esta clase de manipulaciones.

También la revista Elle publicaba recientemente un reportaje de Peter Lindbergh en el que modelos como Sophie Marceau, Monica Bellucci y Eva Herzigova aparecían fotografiadas sin ninguna clase de maquillaje ni retoque digital. Una reivindicación de la belleza natural frente a la magia espectacular -pero engañosa- de los píxeles.

Sin embargo, el retoque fotográfico es muy anterior a la creación a finales de la década de los 80 de un programa llamado Display, antecesor directo de la primera versión de Photoshop, que vio la luz en 1990. En las primeras revistas ilustradas del siglo XIX en las que aparecieron publicadas fotografías ya se dejan ver manipulaciones.

La edad de la inocencia
Así en la portada del semanario parisino L'Illustration aparecía en 1891 un fotomontaje que representaba a una empleada del ferrocaril en el momento de la llegada del tren. Sin embargo, esta imagen distaba mucho de ser auténtica. Tanto el tren que se acerca como la retratada proceden de dos fotografías distintas, ambas pegadas sobre un fondo dibujado en el que, además, aparece la sombra de la mujer también dibujada.

Si observamos las distintas imágenes de esta foto observamos que el montaje original pasa por ser bastante tosco para los niveles que se alcanzan actualmente. Debemos tener en cuenta que desde que Niépce lograra su primera fotografía hasta que la fotomecánica permitiera reproducir fotografías en publicaciones pasarían varias décadas.

Foto: L'Illustration

Por ello, a finales del siglo XIX, cuando esta imagen se publica, los lectores aún gozan de cierta inocencia a la hora de descubrir los trucos de los fotógrafos. Estamos en una época en la que incluso montajes más o menos evidentes para nosotros pasan por ser veraces. Pocos son los que entienden por aquel entonces que una imagen fotográfica no representa siempre una realidad objetiva.

Es por ello que algunos se adentran incluso en el terreno del ilusionismo. Fotógrafos como Frederick Hudson mostrarían en sus fotos a espíritus y fantasmas. La inocencia de la mirada de muchos de los que ven esas fotos hace que pasen por ciertas. Sin embargo, la credulidad del público ante la fotografía es aprovechada también por el poder.

Foto: L'Illustration

En otra imagen publicada también en L'Illustration en 1896 podemos observar el retoque que se ha realizado sobre la figura del asesino de Naser al-Din, sah de Persia. Probablemente, el mal estado del ejecutado propició que la imagen fuese tratada para enmascarar una realidad demasiado cruda.

El siglo XX y la manipulación política
Ya en el siglo XX, que para algunos ha sido el siglo de la fotografía, las manipulaciones políticas y de la imagen se propagan por la prensa. Fue entonces cuando los fotógrafos y los editores comienzan a plantearse crear códigos éticos sobre este fenómeno. Las imágenes retocadas de Lenin, Stalin, Mussollini, Hitler, Mao y tantos otros son sumamente conocidas, y muchos libros y páginas web las recogen.

Mucho más cercanos e inofensivos eran otra clase de profesionales del retoque. Hasta que la fotografía se hizo digital, era frecuente que llegasen a algunas ciudades de provincias retocadores de fotos de celebraciones en primavera.

Las bodas y bautizos eran una buena fuente de ingresos para los estudios. Pero las imágenes que salían de los laboratorios no eran tan impolutas como las actuales y precisaban del pincel y del pigmento para lucir en los álbumes.

El retoque fotográfico, por otra parte, también ha alimentado una curiosa literatura de teorías de la conspiración. Por ejemplo, son conocidas las sospechas de los que consideran que las fotos del Apolo 11 de la Nasa son falsas, especialmente alguna en la que se ve ondear la bandera de Estados Unidos en el suelo lunar.

Foto: NASA

El escepticismo se ha apoderado de nosotros al enjuiciar si ciertas fotos son falsas o no. El hecho de que la información se mezcle con el entretenimiento no hace un gran favor a la veracidad de los documentos gráficos. Los medios difunden sin analizarlas demasiado imágenes que no son otra cosa que "fakes". Y la llegada de los blogs y de las redes sociales ha multiplicado las sospechas.

Sarah Palin, por ejemplo, fue víctima de su propia popularidad durante la última campaña presidencial de Estados Unidos. Su pasado como Miss y su postura favorable a la tenencia de armas hizo que durante horas una imagen en la que la candidata republicana aparecía en bikini empuñando un rifle pasara como cierta.

Lo curioso es que, a diferencia de la imagen de L'Illustration con la que arranca este artículo, no fue necesario que ningún profesional realizase ese montaje. Y es que hoy cualquiera puede engañar desde su casa a medio mundo durante un buen rato.

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