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OpiniónContando píxeles

Cuando las cámaras no mentían

 
19
ABR 2010

"Gracias a las fotos, incluso en los casos en que el texto era mediocre -sonrió en ese punto-, los lectores de Europa y América podrían hacerse una idea clara acerca del Congo. Nosotros decimos pequeñas mentiras. El señor Kodak, no -concluyó abriendo su sonrisa. Se oyeron unos cuantos aplausos en torno a él."

Las palabras son de Lassalle, un reportero europeo que se acerca al Congo -por entonces bajo el control de Leopoldo II de Bélgica- armado con una de las contadas cámaras fotográficas que comenzaban a dejarse ver por aquel entonces. Lassalle es en realidad uno de los personajes de "Siete casas en Francia", la última novela de Bernardo Atxaga.

No corren buenos tiempos para poner la mano en el fuego por la autenticidad de una imagen

¿Quién se atrevería, un siglo después, a sostener semejante afirmación sobre la irrefutable veracidad del señor Kodak o como prefieran llamarlo hoy?

Efectivamente, no corren buenos tiempos para poner la mano en el fuego por la autenticidad de una imagen. Aunque no es la manipulación fotográfica un invento nuevo, su proliferación amenaza con convertirse en una plaga para la que por, por ahora, nadie parece tener remedio.

Sin contar los numerosos casos en prensa diaria -con sus versiones más o menos chapuceras-, en apenas un mes dos prestigiosos concursos han tenido que revisar sus veredictos tras sacar la lupa y descubrir que las instantáneas seleccionadas tenían truco.

Aunque quizás el caso del World Press Photo y el trabajo de Stepan Rudik es menos llamativo, especialmente sangrante ha sido la historia del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, organizado por Médicos del Mundo.

Parece ya confirmado que en una de las fotos de su premiado reportaje sobre Afganistán (aunque se le ha retirado el galardón de Médicos del Mundo, este mismo trabajo figura entre los elegidos por el China International Press Photo Contest), Francesco Cocco usó varias fotografías para componer una sola, de tal modo que las tres mujeres que aparecen en la parte principal de la polémica instantánea son en realidad la misma en diferentes tomas.

Todos estos casos de trucajes fotográficos se han convertido en un caldo de cultivo para que florezca una peligrosa neurosis

Pese a que el tema ha sido abordado ya decenas de veces y amenaza con convertirse es una de las discusiones más cansinas y recurrentes de los próximos años, por ahora no hay consenso a la hora de establecer los límites entre el retoque y la manipulación ni sobre la herramienta definitiva para detectar estos casos.

Además, nada más fácil que hacer leña del árbol caído y señalar con el dedo inquisidor a Cocco. Si hubiera conseguido ese mismo efecto mediante una exposición múltiple en un mismo archivo, ¿sería tolerable? ¿Es sólo cuestión de píxeles, o poner -supuestamente- un lobo amaestrado donde decía salvaje es igual de grave?

Que levante la mano quien tenga las respuestas o el que sea capaz -a diferencia de los jurados de turno a los que se la colaron doblada- de detectar estos trucos.

Todos estos casos de aparente indefensión ante los trucajes fotográficos se han convertido en un estupendo caldo de cultivo para que florezca una peligrosa neurosis.

Lupa en mano y con mirada escéptica nos acercamos a cada imagen, dispuestos a pillar in fraganti al fotógrafo listillo de turno. Estamos a un paso de la presunción de culpabilidad. Demuéstreme usted que esta foto es real.

¿Son los archivos RAW la solución o en realidad les estamos otorgando un papel que no les corresponde? Porque basta echar un vistazo rápido por la red para descubrir que la supuesta inalterabilidad de este formato es muy discutible.

Quizás el problema sea que durante mucho tiempo hemos convertido las imágenes en sinónimo de verdad

Hasta que se demuestre lo contrario, el sentido común de todos los profesionales que participan en la cadena informativa parece el único remedio. La mala noticia es que, visto lo visto, no parece que tampoco podamos apelar a esos dos dedos de frente.

Posiblemente, el problema sea que durante mucho tiempo hemos convertido las imágenes en sinónimo de verdad. Así que, ahora que este infundado espejismo salta por los aires con demasiada frecuencia, andamos todos un poco perdidos.

Joan Fontcuberta, gran experto en pasearse por esta frontera entre lo real y lo inventado, decía recientemente en una entrevista que, ante el cambio de función que han experimentado las imágenes, "deberíamos saludar la desaparición del medio que aún llamamos, por inercia, fotografía".

Tal vez sea el fin de aquella era del señor Kodak y el inicio de la del señor Adobe.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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