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Entrevista
MAGDALENA CORREA, FOTóGRAFA

"Para mí es fundamental que mi trabajo contribuya a superar una problemática social"

 
22
OCT 2006

Magdalena Correa nos recibía hace varias semanas en el vestíbulo de la Casa Asia de Barcelona. Nacida en Chile hace 37 años y con una formación derivada de las Bellas Artes, habló con QUESABESDE.COM del idilio que mantiene en sus proyectos con la arquitectura y la naturaleza. Correa combina de forma magistral el arte con la documentación y la fotografía con el vídeo, y se confiesa una amante de la película positiva Fujifilm Velvia, de alto contraste y saturación. Su actual proyecto, siempre con una dosis de reivindicación social, la está llevando a recorrer dos de los desiertos más extremos: Gobi y Atacama.

Las exposiciones Austral y Naturaleza Muerta, por un lado, y los trabajos sobre el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile y el World Trade Center de Barcelona, por el otro. ¿Qué conexión tienen en tu obra naturaleza y arquitectura?

Todos los proyectos que desarrollo están encadenados entre sí, no son gratuitos. Por ejemplo: el tema de los bosques quemados en Lleida, que fue el primero que hice, me invitaron a exponerlo en el MAC [Museo de Arte Contemporáneo] de Chile, y cuando llegué allí el edificio se estaba desplomando. Estaba exponiendo bosques quemados, que en el fondo representan la muerte, en un cementerio.

Estaba revelando una catástrofe natural, ocurrida en un lugar lejano, en un edificio que es patrimonio de mi país y que se estaba cayendo. Esta situación me llevó a la arquitectura; me planteó una conexión que, si bien no era de forma, sí era de contenido.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Correa está trabajando ahora en un proyecto que busca nexos entre los desiertos del Gobi y Atacama.

El proyecto del World Trade Center de Barcelona es arquitectura, pero también paisaje: el puerto de Barcelona. Me fui al polo opuesto: de un edificio neoclásico en mi país hasta otro contemporáneo aquí, en Barcelona. Escogí este edificio con forma de barco porque era totalmente antagónico a lo que hice en Chile.

En el World Trade Center realicé también un vídeo sobre el paisaje humano en el puerto de Barcelona, y de ahí surgió Austral, como una necesidad de ir a Chile a registrar otro paisaje distinto.

¿Crees que es muy distinta la situación del arte en Iberoamérica y Chile con respecto a España?

En Iberoamérica hay unos países claves que son México, Brasil y Cuba. Pero en Chile de fotografía y vídeo no hay nada en absoluto. Si me hubiese quedado allí es probable que acabara trabajando en una oficina de diseño, y eso no es lo que yo quería. Para mí fue muy sacrificado estudiar y pagarme cinco años de carrera.

Así que decidí desarrollar lo mío, que era el arte. Allí no hay campo para el vídeo o la fotografía y muchos compañeros lo abandonaron. Mi decisión fue continuar, y por ello me fui de Chile.

Foto: Magdalena Correa

La situación en Chile es muy mala de cara a la fotografía. Sólo ahora ha empezado a realizarse una feria de fotografía, FotoAmérica, que comenzó el año pasado. Antes no había exposiciones en Chile, o había muy pocas, y en el soporte que yo trabajaba no había nada.

Para mí es una necesidad trabajar con la fotografía y el vídeo en distintos territorios. Quitarme eso era cortarme las alas, como si me mataras.

Da la sensación de que tu obra no es tan sólo una representación artística, sino que tiene una fuerte dosis documental.

[Mi obra] se fundamenta en mi tesis doctoral sobre el Land Art, que utiliza la fotografía como documento y arte, como reinterpretación documental.

Para mí los proyectos no tienen solamente una connotación artística, sino también social. Son proyectos de una gran envergadura, que tienen como fin el desarrollo de un libro, de un documento. Pero mi obra va mucho más allá de ser un mero documento, ya que es una reinterpretación mía, donde muestro gráficamente, a través del arte, una realidad social.

Foto: Magdalena Correa

Con tu trabajo del MAC de Santiago de Chile reivindicabas un espacio, y a raíz de tus fotografías se consiguió una restauración del edificio. Parece que la fotografía aún puede cambiar algunas cosas...

La fotografía puede cambiar la conciencia social. La parte estética es fundamental, porque es la que nace de la inspiración del fotógrafo, lo que le distingue de los demás. Pero creo que cualquier soporte que uno utilice ha de tener algo más que una parte estética. Para mí es fundamental que mi trabajo contribuya a superar una problemática social.

Antes de realizar las fotos de tus proyectos sueles llevar a cabo una exhaustiva labor de preparación, que en el caso de Austral duró un año. ¿Cómo se combina esa tarea con tu intención de no tener una idea preconcebida de la realidad que vas a fotografiar?

Independientemente de que te documentes sobre un lugar, de que leas, estudies mapas y te empapes, cuando llegas por primera vez eres un ser ajeno y el lugar te sorprende.

El año de preparación [para el trabajo Austral] fue mucho más que documentarme sobre un tema. Fue conseguir financiación, ropa para el frío, coordinar con una persona en Santiago de Chile la llegada, preparar la ruta y rehacerla cuando fue necesario para evitar lugares turísticos, conseguir logística para el transporte, la gasolina, la cámara de vídeo...

Foto: Magdalena Correa
Foto: Magdalena Correa

Además, colaboraron tres organismos y había que coordinarse con todos. Y los horarios y el ritmo que hay en la Patagonia son muy distintos. Para atar cualquier cosa, tardábamos al menos una semana.

En tus fotografías no aparece gente. Sin embargo, esta ausencia la cubres con el vídeo. ¿Es la fotografía más visual y el vídeo más social?

Ambos medios son visuales y ambos muestran cosas distintas. La fotografía capta un momento, un soplo de vida. En cambio, el vídeo permite conservar el paso del tiempo, un lapso de tiempo cerrado.

Para mí es fundamental que participen los dos, porque se complementan. Lo que se manifiesta en el vídeo, la energía del hombre, es difícil captarla con la fotografía. Quizás captes una sensación, la fuerza de una mirada, pero captar una secuencia de un suceso sólo te lo permite el vídeo.

Foto: Magdalena Correa

En tus exposiciones utilizas mucho las cajas de luz de grandes dimensiones.

Para la exposición de cada proyecto utilizo el soporte que se adecua mejor, y no sólo cajas de luz. En el World Trade Center las copias se hicieron en papel baritado y fueron enmarcadas con aluminio. También había una tela de grandes dimensiones.

El formato original con el que trabajas es químico, y luego le aplicas un proceso de digitalización. ¿Piensas en un futuro próximo realizar tus originales directamente en soporte digital?

Trabajo en analógico. Para mi proyecto actual utilizo mi Bronica con un chasis de 6 x 6 y otro de 6 x 7. La toma me gusta hacerla en analógico, con película Fuji Velvia y subexponiendo 2 puntos. Mires por donde la mires, tiene contraste y saturación.

Foto: Magdalena Correa

Luego, en el proceso de digitalización, la optimización va encaminada a saturar más los colores. Pero no es que cambie los colores: el tejado es verde y sigue verde, y la casa amarilla sigue siendo amarilla.

Tu actual proyecto te lleva desde el desierto del Gobi, en China, hasta el de Atacama, en Chile.

El proyecto se llama Chile-China Gobi-Atacama; sigue la misma línea que los anteriores y se origina a partir del viaje a la Patagonia. Después de haber estado en el sur del país [de Chile], nació la necesidad de viajar al norte, al desierto de Atacama, el más árido del mundo, y de ahí se dio paso al desierto del Gobi, que es el que tiene las temperaturas más extremas del mundo.

Foto: Magdalena Correa

Ambos desiertos son yacimientos. El de Atacama es floral, porque cada 15 años florece, y el de Gobi es un yacimiento arqueológico. Tienen muchos puntos en común, pero pertenecen a culturas totalmente distintas.

El nexo más importante es el cobre, ya que Atacama es el yacimiento más importante de cobre del mundo, y China, el principal importador [de ese metal]. Ahora, además, se han encontrado yacimientos de cobre importantes en el Gobi.

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