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Macro extremo: la fotografía que harían los insectos si tuvieran cámara

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Foto: Ángel Febrero
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MAY 2014
Texto: Eduardo Parra  |  Fotos: Ángel Febrero

Aunque la fotografía macro es una de las disciplinas más admiradas por lo espectacular de sus creaciones, hay un tipo de fotografía de aproximación -sin llegar a lo microscópico- que puede ser incluso más asombrosa. Se trata del macro extremo, una vuelta de tuerca al macro tradicional que, combinado con el adecuado tratamiento informático, ofrece una nueva perspectiva de lo que es realmente pequeño.

Pese a su larga trayectoria en televisión (lleva desde 1991 realizando documentales para varias cadenas y participa en el programa “La aventura del saber” de La 2), Ángel Febrero es uno de esos desconocidos expertos en fotografía especializada. Su historia con el macro extremo, como muchas otras, empieza con la curiosidad: “Vi en revistas científicas estas fotos, que parecían estar hechas con un microscopio, pero me quedé sorprendido porque a esa escala no hay profundidad de campo y estas fotos sí tenían profundidad de campo.”

macrofotografía macro extremo
El naturalista Ángel Febrero, especializado en la fotografía de macro extremo. | Foto: Ángel Febrero

He aquí la clave del macro extremo. Mientras que en la fotografía macro convencional la profundidad de campo es mínima y ésta se consigue gracias a diafragmas cerrados, la marca de la casa del macro extremo es que la profundidad de campo es prácticamente completa y esto permite apreciar el volumen de lo fotografiado. “Si haces una foto con un microscopio de electrones, tienes profundidad; pero eso es una simulación, no es fotografía óptica”, explica Febrero.

Lograr una fotografía utilizando esta técnica es un ejercicio de precisión y paciencia. Cada imagen terminada requiere decenas o centenares de fotos previas y muchísimo cuidado. “Lo que haces es ir fileteando -fotográficamente hablando- el insecto o lo que sea que vas a fotografiar, empezando por la parte más prominente y yendo hacia atrás.”

macrofotografía macro extremo
Foto: Ángel Febrero
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Hormiga reina (arriba) y mosquito. | Foto: Ángel Febrero

En el macro extremo la profundidad de campo es prácticamente completa y esto permite apreciar el volumen de lo fotografiado

Cada foto tiene una diferencia respecto a la anterior de una décima de milímetro, y requiere de tanta precisión que en la sala debe haber absoluto silencio para que las vibraciones no malogren el trabajo.

Una vez terminadas, las fotografías se vuelcan todas al programa que realmente ha hecho eclosionar esta técnica: Zerene Stacker, un software específico nacido en 2006 que apila las capas, desecha las partes desenfocadas y agrupa las nítidas en una sola imagen. “Una vez terminado el apilado, solo queda pasar la imagen por Photoshop para pulirla y corregir algún pequeño defecto que ésta pudiera tener, por ejemplo a causa de la difracción”, aclara Febrero.

Insectos

El resultado de esta técnica es fascinante, pero el nivel de destreza requerida solo es comparable a lo dificultoso de montarse una estación adecuada para trabajar.

“Generalmente fotografiamos insectos que encontramos muertos, pero también puede valer uno vivo si está inmóvil por alguna razón, como por ejemplo cuando están a primera hora de la mañana aún fríos posados en su ramita totalmente inmóviles hasta que el sol mañanero los despierte. En este caso se lleva uno al campo un sencillo equipo de mano, que consta de carril micrométrico, óptica, cámara y trípode", explica Febrero. "No es lo mismo que trabajar en estudio, pero se pueden apilar unas diez fotos tan ricamente."

Pero lo más habitual es trabajar con insectos muertos. Febrero nos describe cómo se procede en estos casos: "Pasamos el insecto por una lupa de muchos aumentos y lo limpiamos; en esto se tarda una media hora. Luego hay que iluminarlo, y en eso se puede ir otra media hora, ya que con mover un poco un difusor la escena cambia por completo. Después se hacen las tomas, lo que puede llevar una hora o dos o más, y luego se apilan durante unos quince minutos y se editan las horas que sean necesarias.”

macrofotografía macro extremo
Foto: Ángel Febrero
macrofotografía macro extremo
Mariquita (coccinella) y la lengua de una mosca. | Foto: Ángel Febrero

La teoría parece fácil, pero la práctica es otro cantar. “No podemos poner ni música”, explica Febrero. “Y si tu vecino da un portazo, las vibraciones se van a notar en la foto.” A juzgar por semejantes precauciones, es difícil imaginar cómo se puede manejar un aparato, la cámara, cuando su propio uso puede estropear el resultado.

“Si trabajamos con una réflex, lo mejor es utilizar el Live View para que la vibración del obturador no afecte. Si no, hay que obturar durante un segundo disparando siempre con mando a distancia y sincronizar el flash a la segunda cortinilla para que las vibraciones no afecten a la foto.” Iluminar con luz continua o flash es algo que Febrero reconoce que queda a gusto del creador, al tiempo que certifica que usar o no una u otra fuente de luz está más condicionado por el sistema de obturación que por los propios deseos del fotógrafo.

Mecano

Pero elegir un flash es la menor de las preocupaciones de los fotógrafos de macro extremo, más ocupados en encontrar otro tipo de adminículos. “La cámara va montada en una estructura con un carril micrométrico, de tal forma que cada vez que mueves el carril la cámara se mueve con él. Son instrumentos que no se venden montados y que tienes que construirte tú mismo como si fuese un mecano.”

Los objetivos son harina de otro costal. Ya no hablamos de objetivos comerciales estándar ni apaños caseros como el objetivo invertido. En macro extremo se pueden usar ópticas de microscopio, muy corregidas para no tener aberraciones, o unas lentes utilizadas antiguamente para la corrección de láser y que se pueden encontrar a precio de saldo.

“No podemos poner ni música, y si tu vecino da un portazo, las vibraciones se van a notar en la foto”, explica Febrero. En la imagen, la punta de un bolígrafo

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Foto: Ángel Febrero

"Las universidades no tienen recursos, la ciencia está en este país por los suelos. No se hacen libros científicos de calidad ni se publican artículos de calidad. La ciencia no tiene un duro para invertir en esto"

Y sin embargo, después de todo, el mayor hándicap de la fotografía de macro extremo aparece una vez que está concluida: ¿qué hacer con ella? Febrero es muy pesimista: “Hay muy poco mercado para esta fotografía”, que apenas da para algo que no sea presentarse en concursos.

“A veces te cogen alguna foto para una revista. Si tienes suerte alguna revista tipo Muy Interesante te publica algo, pero más en plan sensacionalista que científico. Las universidades no tienen recursos, la ciencia está en este país por los suelos; no se hacen libros científicos de calidad ni se publican artículos de calidad. La ciencia no tiene un duro para invertir en esto.”

Foto: Ángel Febrero
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Las caras de una avispa y una hormiga. | Foto: Ángel Febrero

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