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Con texto fotográfico

"No debemos limitarnos a documentar la belleza de la naturaleza" Luciano Gaudenzio

 
Foto: Luciano Gaudenzio
24
MAY 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Conocer los hábitos de la especie que queremos fotografiar es básico para conseguir buenas imágenes. Luciano Gaudenzio combina su sabiduría sobre los Dolomitas friulanos con una buena dosis de respeto y amor por la naturaleza. El exquisito tratamiento que hace de la luz pone el resto en unas imágenes que resaltan la belleza de este lugar indómito y poco conocido. Buen ejemplo de ello es la silueta de esta cabra montesa que obtuvo en los "Dolomitas ocultos", como él mismo los llama. Un paraje que la UNESCO declaraba recientemente Patrimonio de la Humanidad.

Luciano Gaudenzio

Tomé esta imagen en el Parque Natural de los Dolomitas Friulanos, en la región nororiental italiana de Friul-Venecia Julia. Los Dolomitas friulanos se distinguen del resto porque no son muy conocidos y tampoco es lugar para esquiadores. Su territorio áspero y difícil guarda un gran secreto: el contacto con la naturaleza más verdadera, ya sea sumergiéndonos en un paisaje donde el silencio es el protagonista de nuestra caminata, ya sea por el contacto más fácil con los animales, precisamente porque están protegidos y son de difícil acceso si no es con grandes dosis de motivación. En este entorno tuve la suerte de encontrarme, en mayo de 2011, con el sujeto de esta imagen.

Se trata de un macho de cabra montés ('Capra ibex') que se había separado de un rebaño de machos más o menos jóvenes que en este periodo del año pastan en las praderas de las cotas altas del parque. Para realizar esta imagen pasé tres noches en el refugio de Lodina, a unas tres horas de camino del pueblo más cercano, Cimolais. Mi objetivo era alcanzar al amanecer la cima del Monte Duranno, una de las más representativas del parque, y fotografiar a las cabras montesas en su entorno predilecto: las praderas de las cotas más altas.

Cuando subí allí para conseguir alguna imagen de este animal había planificado realizar fotografías que transmitieran la sensación del ambiente. Imágenes en las cuales los animales estuviesen pastando en rebaño, con las inconfundibles agujas dolomíticas de fondo, iluminadas por la luz de la mañana o la tarde. Una luz que da a las imágenes una mayor tridimensionalidad, a la vez que resalta sus características geológicas.

Quería fotografiar el rebaño que se encontraba en un valle cercano, pero de repente escuché un bramido que provenía de una posición más elevada. Inconfundible, contra un maravilloso cielo dominado de nubes como en llamas, se recortaba la silueta de este estupendo macho de cabra montesa que se había alejado del rebaño.

La escena duró un ratito. La composición de la imagen ya estaba hecha; yo sólo tuve que sustituir el gran angular que llevaba montado en mi réflex por un tele medio, un 70-200 mm f4, y encuadrar. Fueron instantes de tensión, pero sobre todo de temor por que el animal cambiase de posición. O peor aún: que se fuese. Pero por fortuna permaneció allí inmóvil, observándome, con las nubes que avanzaban veloces y cambiaban continuamente detrás. De esta forma pude disfrutar aquel instante a través del visor de la cámara y finalmente disparar.

La imagen original era en color, pero al procesarla me di cuenta de que los elementos compositivos de la foto, la hierba del pasto, el animal y las nubes tendrían más fuerza en blanco y negro.

Los animales salvajes son el alma del paisaje que nos rodea. Sin embargo, son extremadamente esquivos, sobre todo por desconfianza ante la presencia del hombre, creada tras milenios de relación conflictiva. Mi relación con ellos la he basado desde siempre en el respeto, que nace sobre todo del conocimiento de la especie que quiero documentar.

Intento sobrepasar la barrera que existe entre nosotros y estos animales. Moverme en silencio, tal vez acercándome de noche a los lugares donde se encuentran; utilizar una tienda de camuflaje y vestimenta poco vistosa; tener un comportamiento que no dañe la especie que quiero documentar. Todo ello me ofrece más posibilidades de éxito. Después la luz lo completa todo. En este sentido, los animales salvajes facilitan la labor del fotógrafo porque los momentos de mayor actividad se dan al alba y al atardecer.

La naturaleza es el fundamento en el que se basa la vida. Existe desde siempre y tiene el derecho a seguir existiendo pese a nuestro comportamiento. Actualmente la relación que tenemos con ella está deteriorando hacia una especie de desequilibrio. Mediante la fotografía, con nuestra pasión por la naturaleza, podemos demostrar que una relación con el medio ambiente sana es posible y debe existir.

La fotografía no ha de limitarse a documentar la belleza de la naturaleza, sino que ha de ser un motivo de esperanza y un medio para protegerla. De esta forma, fotografiar la naturaleza se convierte en algo más emocionante y espiritual. Con una razón de ser.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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