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Porfolio

Hiroshima y Nagasaki, 70 años después

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El fotógrafo Lucas Vallecillos reflexiona sobre los peligros del armamento nuclear a partir de los únicos ataques de este tipo que ha habido a lo largo de la historia

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DIC 2015

En agosto de 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y en un espacio de tan solo tres días, se lanzaron sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki sendas bombas atómicas provocando una matanza masiva de civiles y la destrucción casi total de ambas urbes. Fue el primer y único ataque nuclear de la historia, causó más de 200.000 víctimas mortales en el momento y dio origen a graves secuelas medioambientales que -aún hoy- siguen teniendo consecuencias sobre la población.

El fotógrafo barcelonés Lucas Vallecillos se aproxima a esta página negra de la historia para reflexionar sobre las amenazas de la carrera nuclear. Y lo hace de dos maneras: poniendo rostro al desastre con los retratos y testimonios de algunos supervivientes y fotografiando el estado actual de Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades que miran al futuro intentando dejar atrás el estigma de la tragedia.

Vallecillos se interesó por este tema a raíz de la elaboración de una reportaje sobre las movilizaciones que hubo en Tokio contra la energía nuclear tras el incidente de Fukushima. "Conocí a varios activistas hibakusha, que es el nombre que reciben en Japón los supervivientes de la bomba atómica. Su energía y sus ganas de contar la barbarie producida por los bombardeos atómicos fueron la causa de que surgiera la idea de este proyecto", nos cuenta.

"Hiroshima y Nagasaki, los únicos ataques atómicos de la historia" puede verse expuesto en el Centre Cívic Riu de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) hasta el 24 de diciembre.

Son parte fundamental de este proyecto las entrevistas sobre las vivencias personales de los hibakusha, de los que Vallecillos destaca su total predisposición a colaborar. "A pesar del mal rato que pasan cuando cuentan sus vivencias, tienen claro que es muy importante que la humanidad sepa lo que pasó, lo que han sufrido y siguen sufriendo, tanto los supervivientes como sus descendientes."

Vallecillos pone rostro al desastre con los retratos y testimonios de algunos supervivientes y fotografiando el estado actual de Hiroshima y Nagasaki

Sobre los supervivientes, Vallecillos afirma que tienen en común una vida de marginación social, con problemas para formar una familia o encontrar trabajo, viviendo siempre con el miedo de que en cualquier momento sus dolencias derivadas del ataque se agraven. "Quizá la frase que más me impactó fue una del señor Syouzou Kawamoto: "Sufrir la bomba atómica me ha ensañado a vivir solo. Me dejó sin familia y no he podido casarme por el rechazo social a los hibakusha."

Dividiendo el proyecto en dos partes diferenciadas, su autor busca realizar "una mirada al pasado pero desde el presente", siempre con la intención de "estimular el debate en torno a la abolición del armamento nuclear".

En Hiroshima y Nagasaki el horror del pasado está muy presente en forma de museos, memoriales o ruinas, aunque Vallecillos destaca que la convivencia entre pasado y presente es muy armónica: "Ambas ciudades me han sorprendido por su dinamismo, modernidad y gastronomía, pero en especial Nagasaki por su belleza y su patrimonio histórico-cultural."

Todo el proyecto está realizado con una Canon EOS 5D Mark II y sendos objetivos de 35 y 70-200 milímetros. Cuestionado sobre sus fotógrafos de referencia, Vallecillos no duda en nombrar figuras relevantes como José Manuel Navia, Steve McCurry, Alex Webb o Cristina García Rodero.

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