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Con texto fotográfico

"Me incomodaba mi posición de turista en un mundo de pobreza" Luca Tronci

 
Foto: Luca Tronci
1
MAR 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Nicaragua, país tan pobre como olvidado, fue el destino que Luca Tronci escogió para su reportaje sobre los niños de la calle. Pese a las escasas referencias visuales del país -y por encima de todas ellas, las de Susan Meiselas-, el fotoperiodista italiano sorteó los estereotipos inherentes a este tipo de historias para sorprendernos con un instante en que el protagonista manifiesta su infancia. La fotografía de Tronci es un resumen del principal deseo de los niños de la calle: seguir siendo niños.

Luca Tronci

La primera cosa que me viene a la cabeza al mirar esta fotografía es lo alejada que está de mi manera actual de fotografiar, a la vez que me recuerda todas las sensaciones que viví en aquel momento. A finales de 2007 viajé con otra fotógrafa a Nicaragua para participar en el proyecto Los Quinchos, fundado en 1991 por la Italiana Zelinda Roccia, que acoge a niños y niñas abandonados y maltratados. Se trataba de trabajar en uno de los países más pobres del mundo con un grupo social con mucho riesgo: los niños de la calle.

Esta especie de ejército de niños de la calle recluta, sólo en la capital, alrededor de 20.000 soldaditos. Visten un uniforme ordinario formado por ropas holgadas, muy útiles para cualquier eventualidad: protegerse del frío, esconder lo robado, provocar la caridad pública? Se hacen notar sólo en grupo, y sólo en grupo se permiten la grotesca actitud de 'gangsters' que les hace sentirse fuertes. Las condiciones familiares de maltrato constante y la imposición de buscarse un trabajo acaba por llevarles a vivir a lugares como el Callejón de la Muerte o el vertedero La Chureca, uno de los basureros más grandes de América Latina, expuestos a la única droga que pueden permitirse: la cola de zapatero.

En Managua se encuentra la Casa Filtro, donde los niños pueden ir a comer, lavarse o desarrollar actividades manuales como el dibujo. A veces se quedan a dormir. Después de su adaptación se les acoge en San Marcos, al sur de la capital. Pero la convivencia no siempre está libre de problemas, ya que los recién llegados de la calle siguen con algunas de sus costumbres, como robar.

Todos tienen libertad para quedarse o dejar el centro: es el mismo niño quien tiene que decidir si deja la calle. Una vez entrados en el proyecto van a colegios públicos y los mayores frecuentan los talleres de carpintería, cortinas de materiales naturales, hamacas, terracota? Se intenta crearles una vida lo más normal posible y buscar que alguien los adopte.

Al coger la cámara en una situación de tanta miseria no quise recurrir a los típicos clichés de niños pobres con moscas en la cara. Me incomodaba mi posición de turista en un mundo de pobreza. Decidí dejarme llevar en este viaje visual más por la emoción que por el planteamiento estético y empecé a trabajar con los niños ayudando a los colaboradores de Los Quinchos.

Pasé la mayoría del tiempo con los educadores de actividades representando las diferentes facetas de su labor. La actividad más dura y más importante era el trabajo en la calle con los niños: los voluntarios y educadores salen a la calle para entablar una relación de confianza en su propio ambiente.

Para mantener el contacto con ellos organizan excursiones fuera de Managua, y el único requisito para apuntarse es dejar de esnifar pegamento. Durante esas horas los niños finalmente pueden ser sólo niños. Los grandes descubren la fuerza y la alegría que les quedan aún en sus cuerpos para jugar al fútbol en la playa, mientras los más pequeños no dejan de tirarse al agua. Y algunos deciden quedarse en la fundación.

Uno de esos días viajamos con una furgoneta de la asociación al lago de Granada con unos 20 niños y niñas que vivían en La Chureca. Los niños estaban tan acostumbrados a ser fotografiados por extranjeros en busca de un 'souvenir' exótico para colgarlo en Flickr que posaban todo el tiempo. El reto era conseguir la máxima espontaneidad.

Cuando empecé a fotografiarles me di cuenta del contraste entre mi tristeza, causada por un prejuicio, y su alegría. Esa emoción fue lo que intenté capturar en los rostros de los chavales y esta foto fue la que más resumía toda la energía del día. La tomé a la vuelta, en la furgoneta. Aproveché el 'school bus' amarillo del fondo, muy típico en toda Nicaragua, donde los usan como medio de transporte.

Fotografiando en un espacio tan reducido no tenía muchas opciones diferentes de composición y planos. En este sentido la considero una instantánea con una lectura muy simple, y ésa es la razón por la cual funciona.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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