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OpiniónEnfoque diferencial

Los grandes momentos

 
28
DIC 2009

Tal vez no se pueda comparar con las vacaciones de verano, pero que levante la mano quien no haya tirado ya unas cuantas fotos estos días. Puede que no estemos dos semanas dale que te pego -clic, clic, clic- como en agosto, pero estas fechas navideñas suelen generar en nuestros discos duros un buen puñado de fotos guardadas en la carpeta "momentos inolvidables".

Lo mejor de la fotografía química es que cuando gastabas un carrete estabas seguro de que era para una ocasión especial

Y ahí se quedan. Hace unos años la excusa para dejar las fotos archivadas en el ordenador era que el papel estaba caro y que sacar copias digitales costaba un riñón. Hoy esa excusa no cuela, pero seguimos haciendo lo mismo. Los más "modernos" las suben a Facebook o Flickr para compartirlas con familiares o amigos, pero el resto de mortales hacemos la foto y ahí que se queda: en un disco duro o un DVD, como mucho, durmiendo el sueño de los justos.

Es el problema de ofrecer cantidad antes que calidad. No hablo de calidad fotográfica o artística, sino de calidad del momento. Lo mejor de la fotografía química es que seleccionabas lo que ibas a fotografiar, y salvo excepciones, cuando gastabas un carrete estabas seguro de que era para una ocasión especial.

Después, un vistazo al álbum fotográfico era como ver un resumen ilustrado de nuestros grandes momentos: graduaciones, viajes especiales, algún cumpleaños importante... Hoy eso ya no pasa. Muchos se limitan a tirar y tirar fotos, y a dejarlas luego olvidadas, como si sufrieran un síndrome de Diógenes fotográfico: yo lo fotografío todo, que aunque no lo vuelva a mirar en la vida, seguro que esa foto es importante.

La fotografía está al alcance de todos con un coste mínimo. Eso ha generado un archivo fotográfico colectivo inmenso, e inevitablemente ocurre que los grandes momentos se pierden en una montaña de fotos vacías y sin sentido.

Ver las fotos de un viaje era antes casi como un ritual de álbumes que se pasaban de mano en mano, de un sofá a otro mientras se tomaba un café y se comentaba la jugada. Hoy esos comentarios son en Flickr y es más fácil que comente la imagen una persona de otro país a la que no has visto en la vida que el mismo protagonista de la instantánea. Es el progreso, sí, pero la parte más tradicional de mi corazoncito fotográfico se encoge un poco cuando lo pienso.

Muchos se limitan hoy a tirar y tirar fotos, y a dejarlas luego olvidadas, como si sufrieran un síndrome de Diógenes fotográfico

En el mundo del fotoperiodismo se suele decir: "Acuérdate de cuando trabajabas con carrete." Antaño, de 36 fotos que había en un rollo, tenías 30 buenas. Seleccionabas qué fotografiar, cómo y cuándo. No había opción de ver ni de borrar. Tenías que asegurar el tiro. Eso ya no pasa. Ni en fotoperiodismo ni en la fotografía más terrenal.

A veces, cuando escribo líneas como éstas desempolvo los viejos DVD del armario y repaso el material antiguo en busca de una pequeña selección que llevar a copiar en papel... Pero, créanme: ver una tras otra decenas de miles de fotos en cientos de CD y DVD es lo más parecido a tomar un somnífero digital. Sólo con comprobar con asombro que en ese pedazo de plástico hay 500 fotos grabadas se me cae el alma a los pies.

Puede que sea cosa mía, porque en realidad mi sistema de archivo es tan malo que no tener ninguno probablemente fuera mejor, pero es algo que me preocupa desde que di el salto digital... Aunque, a juzgar por el poco empeño que he puesto en remediarlo, supongo que hay cosas que me preocupan más todavía.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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