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OpiniónEnfoque diferencial

Los creyentes

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JUN 2016

Siempre he sido un conspiranoico. Aunque con la edad -y con Google- he aprendido a cuestionarme las cosas, yo era un creyente. Creía en los alienígenas, en el más allá, en los fantasmas, en la conspiración contra JFK. Y si me apuras, hasta también era de los que decía que el hombre en realidad jamás llegó a la Luna.

Por suerte para mí, con la llegada de la adolescencia me fui centrando y dejé mis incertidumbres para dejar paso a las certezas. Ahora estoy seguro de que a Kennedy lo mató un alienígena fantasma venido del mas allá para que no contase lo de la Luna. Y que nadie se atreva a dudarlo.

En fotografía también fui un creyente. Desde mi más tierna infancia -digamos a los 20 años- creí en la tecnología digital como la evolución natural de la fotografía tradicional. Y ojo, que decir que la fotografía digital llegaba para quedarse cuando las cámaras tenían un tercio de megapíxel y cada foto pesaba 0,04 MB era toda una temeridad.

No éramos tontos, pero sí inexpertos. A los fotógrafos nos vendieron sensibilidades imposibles, megapíxeles de locura y cámaras del futuro

Con el paso de los años se ha visto que aposté a caballo ganador, y mientras retiraba hojas del calendario he visto cómo las empresas se han aprovechado de nosotros, de los creyentes, para vendernos una tecnología inmadura convenciéndonos de que ese humo que nos vendían era humo sin ruido y de alta resolución. Que fuera humo era lo de menos, porque era humo digital. Y esa era nuestra iglesia.

No éramos tontos, pero sí inexpertos. De la misma forma que a un paisano le clavan una cláusula suelo, a los fotógrafos nos vendieron sensibilidades imposibles, megapíxeles de locura y cámaras del futuro. Fue una época de barra libre donde uno podía permitirse el lujo de decir que 5 megapíxeles eran más que suficientes para explicarte, dos meses después, que tener solamente 5 megapíxeles era de pringaos.

Las compañías siguen sabiendo que no somos tontos, pero sí somos inexpertos. En 2005, si un fotógrafo se quejaba de no poder usar 10.000 ISO, lo tildaban de excéntrico o loco. Hoy, poder tirar a 10.000 ISO es el eslogan de las marcas más punteras.

Pero, bien pensado, tal vez inexpertos no sea la palabra. Tal vez seamos creyentes, como lo era yo cuando era un chaval. Tenemos tantas ganas de que nuestros sueños sean ciertos, que cuando alguien nos promete el cielo directamente volamos hacia él sin preocuparnos de si abajo tenemos red. Hay medios de comunicación, cuentas de Twitter, grupos de Facebook y blogs suficientes como para resolver nuestras dudas en cuestión de horas, pero la realidad es que no queremos saber la verdad. ¡Con lo felices que somos en nuestro fantástico mundo de la credulidad!

Antes nos decían que una sensibilidad de 10.000 ISO no era necesaria, y tú te lo creías y pensabas que el problema era tuyo, que no lograbas congelar el pájaro tirando a un cuarto de segundo. Hoy te dicen que la nueva cámara tiene tres millones ISO, y tú sales de la tienda presumiendo: “Mi cámara tiene tres millones ISO.” Y no hay más que hablar.

Así, en pleno 2016 seguimos cayendo en la trampa del ISO, titulando a todo trapo las cifras de sensibilidad de la Nikon D5. Nos creemos que realmente el GPS integrado es infinitamente más necesario y fácil de implementar que un módulo Wi-Fi en la EOS-1DX Mark II, y no dudamos que inventos como aprovechar fotogramas de un vídeo 4K es la solución que buscaban los fotógrafos de deportes. Eso es lo que piensan en los departamentos de marketing mientras preparan sus campañas, supongo.

Para ganarse un titular, para crear un anuncio o para calmar a los accionistas este tipo de cosas están bien. Pero desgraciadamente no resisten el paso de los días. Nadie en su sano juicio dice hoy, meses después de su lanzamiento, que la Nikon D5 es la cámara de los tres millones ISO (porque se ha demostrado que es al 100% inútil) o que es una suerte tener GPS en lugar de Wi-Fi.

Es marketing, publicidad, un truco. Cosas que hace diez años tardábamos en descubrir pero que ahora, bien por nuestra madurez fotográfica, nuestra confianza cincelada a base de medias verdades o simplemente por la facilidad de hacer una búsqueda en Internet, ya no nos creemos.

Pero lo seguirán haciendo. Y lo seguiremos haciendo. Seguirán metiéndonos por los ojos resoluciones increíbles que no rinden como deberían con las ópticas que hay. Nos seducirán con ráfagas que no son más que vídeo 4K. Nos venderán sensibilidades que no se pueden usar. Nos colarán modos creativos copiados de Instagram. Nos pondrán Wi-Fi en una cámara aunque no lo usemos porque para eso ya tenemos el móvil.

Y nosotros les creeremos y les daremos un voto de confianza. Y nos volverán a decepcionar. Pero ellos ya tendrán su titular, ya tendrán su publicidad gratuita, su premio eterno de ser los primeros en. Y por supuesto, su premio TIPA. No quieren llegar bien, quieren llegar pronto. Y algún día, cuando lleguen, descubrirán que los creyentes ya se han ido.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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