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OpiniónContando píxeles

Locura transitoria

 
7
DIC 2009

Casi tan tradicional como las lucecitas por las calles, el turrón o los abarrotados centros comerciales, en estas fechas de regalos y consumo desatado se produce con especial intensidad un fenómeno dentro del mercado tecnológico digno de ser analizado.

Y es que, si hemos decidido regalar o regalarnos un aparato electrónico, existe el riesgo de padecer un inexplicable proceso de locura transitoria que, en apenas unos días, nos convertirá en seres de conversación monotemática y en los mayores expertos del país sobre la materia en cuestión.

Da igual si es un televisor, un GPS, una cámara de fotos, un ordenador para "jugones" que "no peta" -les juro que el otro día nos llegó una nota de prensa con un titular similar- o un teléfono móvil de última generación. Si tiene cables y botones, estamos perdidos.

Si hemos decidido regalar un aparato electrónico, podemos padecer una locura transitoria que nos convertirá en los mayores expertos sobre la materia en cuestión

Tras el primer momento de euforia por la ocurrencia de incluir un trasto de estos en la carta a los Reyes Magos, al Olentzero o a quien sea, empezamos a ser conscientes del lío.

Por supuesto, un buen montón de billetes siempre puede aliviar semejante sufrimiento. Así que si es usted de los que gustan pasearse por la tienda con la Visa Oro entre los dientes al grito de "quiero lo más caro que haya", siga a lo suyo, que todo esto no le afecta.

Pero para el resto de la humanidad -compañeros hipotecados- las cosas no son tan sencillas. Dar con el grial de lo bueno-bonito-barato implica necesariamente atravesar este laberinto y arriesgarnos a perder por el camino unas cuantas horas y amistades a las que tu problemática existencial sobre si es mejor una compacta, una SLR o una Micro Cuatro Tercios les importa un huevo.

Asumido pues que éste es el único camino, Internet o el amigo-primo-conocido que sabe de la materia son la primera parada obligatoria. Es bastante fácil distinguir cuál de las dos vías ha decidido tomar primero el sujeto y comprobar así en qué nivel del proceso se encuentra.

Puesto que cuando se trata de cámaras de foto a un servidor le toca ejercer de consejero entre familiares y amigos, en el primero de los casos la cosa se saldaría con algo parecido a "estoy buscando una cámara: ¿qué me compro?". El segundo supone enfrentarse a preguntas sobre las ventajas metafísicas de la estabilización mecánica frente a la óptica.

Éste es, sin duda, el caso más grave. Digas lo que le digas, ya no hay ayuda posible, porque cualquier respuesta complicará aún más su decisión y echará por tierra lo que daba ya por seguro después de leer foros, tutoriales y pruebas durante 36 horas de forma ininterrumpida.

Y es que, sin duda, Internet, los foros y el caudal de información disponible han sido el gran detonante de esta epidemia.

Internet, los foros y el caudal de información disponible han sido el gran detonante de esta epidemia

Por no hablar, claro, de los cientos de blogs de tecnología que, con su bonita afición a repetir lo ya dicho por otros (y en el peor de los casos, a copiar y traducir mal lo que han oído por ahí), añaden un par de cucharadas más de caos al panorama.

Con lo bonito y sencillo que era antes. Cuando nuestros padres se tenían que comprar un televisor iban a la tienda de electrodomésticos del barrio de toda la vida, y con toda su buena fe se ponían en manos del vendedor, al que puede que incluso conocieran por su nombre.

Los más exigentes, en plan exótico, incluso se compraban un par de revistas especializadas y -angelitos- llegaban a la tienda con la firme de convicción de que a ellos no les engañaba nadie. Querían tal o cual cámara porque había recibido el premio TIPEISA de turno.

Ahora todo es mucho más complejo. ¡Si hasta para comprar una aspiradora hay que hacer un máster! ¿Con bolsa o sin bolsa? ¿Con filtro HEPA o de agua? ¿Cuál es la mejor marca? ¿Tienen suficiente potencia las que funcionan con batería? ¿Por qué demonios las Dyson son tan caras?

Decidir cuál de los 500 posibles modelos del gadget en cuestión nos comparemos es sólo la primera fase. Después llega el momento de la negación -seguro que me equivoco-, seguido de la confirmación -dar la lata a alguien para que te diga que, efectivamente, ésa es la mejor elección-, de rebuscar entre todas las tiendas y páginas web del mundo hasta dar con el mejor precio, de escribir un par de comentarios en algún foro despotricando sobre la política de cambio monetario dólar-euro que aplican las compañías...

Si finalmente optamos por acudir a una tienda, es básico compartir todos nuestros conocimientos recién adquiridos con el vendedor de turno. Como posiblemente nuestra información esté más actualizada que la que él pueda tener -hay que dedicarle horas al tema y por la miseria que pagan entenderán que su motivación sea limitada-, es importante poner cara de póquer cada vez que haga alguna afirmación poco contrastada sobre cualquier detalle.

Cualquiera que ose cuestionar que la cámara que nos hemos comprado es la mejor del mundo será tildado de ignorante, indeseable y cantamañanas

"¿Cómo que la batería dura 325 disparos según los estándares de la CIPA? He leído que en realidad son 320, estafadores", por ejemplo. Hacerlo con un cierto volumen puede, además, amenizar la jornada de compras al resto de los que anden por allí. No se corte.

El drama no acaba con los billetes en el mostrador y el trasto en la bolsa. Lo peor de todo es la última fase: la autoafirmación. Es aquí donde se dejan ver con claridad las secuelas de este trastorno transitorio, sobre todo en casos concretos como el de los aparatos fotográficos.

Los irreparables daños provocados durante las semanas de búsqueda -exceso de información, pérdida de vida social, sobredosis de foros- hacen que algunos de los sujetos estudiados muestren un grave trauma.

Sólo así se explica que a los diez minutos de tener el aparato elegido en sus manos se conviertan en los más intransigentes defensores de la Cakony K-620 de turno. A partir de ese momento, cualquiera que ose cuestionar que ésa es la mejor cámara del mundo será tildado de ignorante, indeseable y cantamañanas.

Así que, si están a tiempo, igual tampoco es tan mala idea lo de las colonias y los libros, ¿no?

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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