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Entrevista
LLUíS ARTúS, FOTóGRAFO

"Necesito tener cierta afinidad con las personas a las que retrato"

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Foto: Lluís Artús
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ENE 2016

Lluís Artús había decidido dedicar su vida al mar, pero un accidente puso fin de forma prematura a su carrera de submarinista profesional. Fue durante la construcción de las nuevas playas de Barcelona con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Precisamente allí, en aquel rincón del mundo abarrotado de culturas y colores, dos décadas después Artús se dio cuenta de que lo que en realidad había sido construido era el escenario perfecto para dar rienda suelta a su nueva profesión, la de fotógrafo. Su proyecto “La playa” ha dado varias vueltas al mundo y ha sido premiado y expuesto en Londres. De este y otros temas hablamos recientemente con este autor catalán.

Una de tus fotos más conocidas, la del nudista superdotado, tiene una buena historia detrás. ¿Nos la cuentas?

Claro. Recuerdo que estaba en la playa con mi asistente para hacer fotos y le comenté que siempre que me encontraba al famoso hombre nudista nunca llevaba la cámara encima. Le había visto una veintena de veces y nunca le había podido hacer una foto. A los 10 minutos mi asistente me llama y me señala al nudista. Estaba justo allí, a unos pocos metros. Fui hacia él y le expliqué lo que hacía y si podía hacerle una foto. Me dijo que sí, que ningún problema, y me contó su historia. Me tuvo 20 minutos allí hablándome sobre el nudismo, sobre su época siendo marinero y toda una serie de cosas.

Después de hacerle la foto le pedí su dirección de correo electrónico para mandársela, pero como no tenía me dio su dirección postal y su nombre de verdad: Esteban Trancón. No pude evitar preguntarle sorprendido si el nombre era real. Me dijo que sí.

lluís artús
Foto: Lluís Artús

¿Has vuelto a coincidir con él?

Hace tiempo que no le veo. Cuando le hice la foto, hace tres o cuatro años, ya era un hombre mayor. Además, creo que hay una ley ahora que prohíbe ir desnudo por la calle.

Te dedicas a la fotografía por culpa de un accidente.

Más o menos. Yo era submarinista profesional, y antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona una de las tareas que se llevaron a cabo fue la de regenerar las playas. Toda aquella zona era un descampado. Solo había la Barceloneta y la playa de Sant Sebastià. Se construyeron varios espigones y estructuras para proteger las nuevas playas, y yo era uno de los submarinistas encargados de ello. En el año 91 tuve un accidente trabajando allí y estuve dos meses en el hospital. Se me colapsó un pulmón, tuvieron que cortar un trozo y ya nunca más he podido hacer inmersión. Allí terminó mi carrera profesional de submarinista.

“Como submarinista nunca pensé que me dedicaría a la fotografía ni que acabaría en la playa haciendo fotos”

Después de estar un año pensando qué quería hacer, acabé en la fotografía. Y recuerdo que estando un día en la playa para hacer fotos le mostré a mi asistente algunas de las estructuras que había ayudado a construir. Fue él quien me comentó que no dejaba de ser curioso que tanto tiempo después estuviera trabajando en el mismo lugar en el que había tenido el accidente. Habían pasado 16 años y allí estaba de nuevo, en una de las playas más populares del planeta, haciendo fotos.

"Después de hacerle la foto le pedí su dirección de correo electrónico para mandársela, pero como no tenía me dio su dirección postal y su nombre de verdad: Esteban Trancón. No pude evitar preguntarle sorprendido si el nombre era real. Me dijo que sí." | Foto: Lluís Artús

¡Es como si dos décadas antes ya hubieras preparado el escenario para tus fotos!

Exacto. Es una casualidad absoluta. Como submarinista nunca pensé que me dedicaría a la fotografía. Y cuando decidí dedicarme a ello nunca pensé que acabaría en la playa haciendo fotos.

¿Por qué tantos retratos en la playa?

El proyecto “La playa” empezó después de que volviera de Inglaterra, donde había estado viviendo durante 10 años. Había respirado niebla mucho tiempo y me apetecía ir a la playa de Barcelona, que para mí fue todo un descubrimiento. Había estado mucho tiempo fuera y no tenía ni idea de cómo había crecido y del desarrollo que había sufrido. Me quedé alucinado. Había surgido una cultura de playa sorprendente. Unos veranos atrás había estado en Copacabana, en Río de Janeiro, y Barcelona le da mil vueltas en cantidad de playas y variedad de gente. Aquí hay gente de todo el mundo.

“En proyectos como este tienes que explicar muy bien qué haces y por qué lo haces”

Como fotógrafo soy una persona muy observadora, y me fijé en la gran variedad de personas que había. Estaban los locales y los turistas, y dentro de estos grupos había de todo: desde los turistas de grandes lujos hasta los más mochileros. Y con la gente local sucedía lo mismo: desde los más pijos hasta los inmigrantes. Aquí no había un grupo mayoritario.

Preguntando por hacer fotos, hasta con gente del Nepal me he encontrado. Es un auténtico microcosmos. Y además no hay que olvidar que un lugar así democratiza a la gente: aquí son todos iguales, tanto el inmigrante que hace diez días que está en el país como el turista que se hospeda en un hotel de 300 euros la noche.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

¿Qué es lo que te llama la atención de una persona para que quieras hacerle una foto y cómo te acercas a ella y se lo propones?

Cuando me di cuenta de la variedad que había en la playa tuve claro que quería trabajar allí. Al verano siguiente empecé con el proyecto y me costó definir qué quería hacer. Era un terreno delicado. Fotografiar a alguien que está medio desnudo en la playa no es fácil, así que me costó encontrar el cómo. Pero al final me di cuenta de que la mejor manera era acercarme directa y honestamente a alguien, sentarme a su lado y explicarle qué hacía: un proyecto fotográfico sobre la playa de Barcelona.

Una dificultad añadida es que al principio ni siquiera tenía ejemplos para enseñar. Con imágenes de muestra la cosa ya era más fácil. Cuando les había hecho la foto siempre les daba mi número y tarjeta por si había algún problema y les pedía la dirección de correo electrónico para mandarles las fotos.

"No me gusta ese tipo de fotografía que algún fotógrafo hace y con la que mira a la gente desde arriba, como diciendo lo guarra que es la clase obrera. Mi caso era totalmente opuesto a esto. Planteé este proyecto desde el respeto"

Foto: Lluís Artús

¿Que cómo escojo a la gente? No es fácil. Es algo que he perfeccionado con el tiempo. Al principio la mitad de la gente a la que preguntaba me decía que no. Más tarde el 90% aceptaban. Pero el proceso era el siguiente: iba a la playa, me sentaba y empezaba a mirar a la gente. A veces pasaban 10 minutos; otras veces una hora. Pero la elección es algo instintivo. Puede ser cualquier cosa: desde cómo está sentada una persona hasta su físico, pasando por otros muchos aspectos.

Lo que nunca buscaba era ridiculizar a la gente, algo muy fácil de conseguir en la playa. Tengo muchas fotos de personas que aparecen ridículas, pero no las uso. No me gustan estas imágenes. No me gusta ese tipo de fotografía que algún fotógrafo hace y con la que mira a la gente desde arriba, como diciendo lo guarra que es la clase obrera. Mi caso era totalmente opuesto a esto. Planteé este proyecto desde el respeto.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

Más complicado aún.

Te pondré un ejemplo muy claro que entenderás perfectamente. Un día, estando en la playa, mi asistente me señala a una persona con obesidad mórbida. Era realmente impactante. Y sí, hubiera sido una foto interesante, pero era todo tan ridículo que no me interesó. Si yo hubiese visto que aquella persona se sentía cómoda con su cuerpo y estaba disfrutando de la playa con sus amigos, quizás sí le hubiese pedido de hacerle una foto. Pedirle a alguien que se deje fotografiar también es una buena manera de saber si se sentirá cómodo o no delante de una cámara.

Recuerdo otro caso, el de un chico negro que cuando le pregunté por hacerle una foto se puso tenso y me contestó con cierta agresividad. Quería saber por qué le pedía una foto justamente a él de entre toda la gente. Era el único chico negro de allí. Pensó que quería retratarlo porque era negro, pero yo le dije que no, que era por el cuerpo que tenía: espectacular. Le dije que se mirase bien y que entendería por qué quería hacerle fotos.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

En proyectos como este tienes que explicar muy bien qué haces y por qué lo haces. Y hay que tener en cuenta también que cuando alguien te dice que sí a la foto, entonces tienes un tiempo muy limitado para hacerla. Yo trabajo con asistente y uso luz artificial, de estudio. Es algo muy aparatoso. Cuando lo preparas toda la playa se gira para ver qué haces, y cuando llevas cuatro o cinco fotos el retratado empieza a sentirse incómodo porque ve que es el centro de atención.

“No es lo mismo estar allí tomando el sol que estar haciendo fotos. He sufrido varias insolaciones”

Soy consciente de que tengo pocos disparos y que tengo que actuar rápido. No puedo estar allí dándole al botón hasta que salga una buena imagen. Además, también sé que en las dos primeras fotos la persona va a sonreír. Dejo que lo hagan. A partir de la tercera foto ya les doy órdenes: que me miren sin sonreír, que posen con naturalidad… Y los disparos son limitados. Hay que actuar con rapidez.

Con los años es un proceso que he perfeccionado. La experiencia es muy importante. Hay que hablar y actuar con celeridad: esas son las claves. Si la espontaneidad se esfuma, no hay foto.

Llevar un equipo de iluminación de estudio por la playa no debe ser muy cómodo.

Es agotador. Yo solo no podría. Siempre voy con un asistente, y nunca estamos más de tres horas trabajando. No es lo mismo estar allí tomando el sol que estar haciendo fotos. He sufrido varias insolaciones. Físicamente es muy duro, y es imposible estar allí una jornada entera. El proyecto lo empecé en 2007 y este pasado verano solo hice una foto.

¿Seguirás trabajando en la serie durante los próximos años?

Depende del estado de ánimo en el que me encuentre. Si el verano que viene me apetece, seguiré con él. Es un proyecto que no he cerrado pero con el que ya he trabajado muchos años. Tengo más de 80 fotos y quizás llegue a las 200. Depende. Quizás debería trasladarme a otra playa.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

Son buenas capturas para un libro.

Estoy de acuerdo. Como fotógrafo, ver tus fotos publicadas en un libro es lo máximo que te puede pasar. Me haría mucha ilusión. De hecho es un proyecto que ha tenido mucho éxito a nivel mundial. Se ha publicado en páginas de todo el mundo y tuvo una exposición en Londres. Ha sido premiado en varias ocasiones también.

“El proyecto lo empecé en 2007 y este pasado verano solo hice una foto. Tengo más de 80 fotos y quizás llegue a las 200”

Pero el tema del libro es un mundo extraño. Todavía no he recibido ninguna oferta, pero si existiera, la aceptaría. Podría publicar el libro yo mismo, pero prefiero los canales tradicionales. Aunque es cierto que hay fotógrafos que se han autopublicado y han tenido un éxito brutal, como Cristina de Middel.

Pero no sé. Esto es como hablar de mis fotos. Prefiero que las teorías sobre ellas las hagan otros. Yo hago fotos de forma muy instintiva. Mi bagaje no son las Bellas Artes. Recuerda que yo antes era submarinista.

Son sorprendentes los caminos que llevan a la fotografía.

Pues sí. Antes de dedicarme a la fotografía yo estaba fascinado por la revista National Geographic y las imágenes que publicaban. Quizás fue eso lo que me llevó a estudiar fotografía y terminar aquí. Aunque, para serte sincero, en la escuela me aburrí bastante. Al año y medio lo dejé y empecé a trabajar para Tino Soriano y otros fotógrafos en la agencia que habían montado. Allí aprendí de todo y de todos.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

¿Qué otros referentes tienes además de Tino Soriano?

Tino Soriano me inculcó el gusto por el color. Gracias a él también descubrí a Alex Webb. Sus composiciones y su color fueron una gran influencia. Cuando estuve viviendo en Londres trabajé para un fotógrafo de publicidad que también tuvo cierta influencia en mi fotografía. Mis imágenes no son publicitarias, pero sí que tienen algunos toques de este mundo. Me gusta mezclar las dos cosas: que el aspecto recuerde a la publicidad pero que el contenido sea casi fotoperiodístico. Creo que le otorga un punto interesante.

August Sander es otro de mis referentes. Él catalogaba a la gente, y tiempo atrás alguien me dijo que el proyecto “La playa” parecía un catálogo de seres humanos. Pieter Hugo también me gusta mucho. Cristina García Rodero es una gran maestra. Estéticamente sus fotos son tan buenas que no puedo dejar de mirarlas. “España oculta” fue uno de los primeros libros que me compré, y creo sinceramente que es uno de los tres mejores libros de fotografía jamás publicados. Es un trabajo fascinante. No me extraña que esté en Magnum. Sus imágenes tienen una solidez y una profundidad increíbles.

“Me gusta que el aspecto de la foto recuerde a la publicidad pero que el contenido sea casi fotoperiodístico”

Estéticamente también me veo muy influenciado por el mundo anglosajón. Soy una mezcla de todo. Soy catalán y tengo una visión del mundo catalana, pero el tiempo que viví en Londres también me ha dado otra visión. Recuerdo que cuando expuse en Londres un crítico dijo que el mundo de la fotografía de arte estaba dominado por los anglosajones y los alemanes, pero que yo podía abrir una tercera vía, una visión mediterránea. Me gustó eso.

De hecho tu serie “Dona Amgelicata” parece más un trabajo de pintura que de fotografía.

Tenía ganas de experimentar con ciertos tipos de iluminación. Le hice una foto a mi pareja de por aquel entonces; quedé contento con el resultado y seguí con él de forma esporádica. No hay un gran concepto detrás. Simplemente quería emular la estética del Renacimiento con personas que me parecían interesantes por distintas razones.

Quería retratar a la mujer no como objeto sexual, que se ha hecho miles de veces, sino de otro modo distinto. Quería darle la vuelta al tema. Aunque es un proyecto muy estético. Los retratos recuerdan a “La Gioconda”.

Foto: Lluís Artús

Fotografía y pintura son medios que se rozan en muchas ocasiones.

Los fotógrafos somos como los pintores de antes. Son dos artes muy próximos, viven casi en el mismo mundo. Si yo hubiera nacido hace cien años, seguro que hubiera querido ser pintor. Pero “Dona Amgelicata” es un proyecto que se aparta bastante de lo que suelo hacer, y llevo mucho tiempo sin hacer ninguna foto de la serie y no sé si seguiré con él en un futuro. Trabajo de un modo muy emocional.

Volviendo al proyecto de la playa, recuerdo que los días que yo estaba de bajón mucha gente me decía que no, que no querían dejarse fotografiar. En cambio los días que yo me sentía feliz y animado el porcentaje de gente que aceptaba era mucho mayor. Para mí la fotografía tiene un componente muy emocional. Así que, si no me siento bien y animado, no voy a hacer fotos.

Foto: Lluís Artús

¿Qué se aprende trabajando de este modo?

Se aprende que cometes errores. Y esa es una buena manera de aprender: haciendo fotos y equivocándote. Ahora miro fotos que hice hace años, y no cometería los mismos errores en temas como la luz, por ejemplo. Se aprende cagándola, sin duda. Hay que hacer muchas fotos y cometer muchos errores.

No debe ser fácil seguir un mismo estilo en un proyecto tan largo como el de “La playa”. Quieras o no, tu forma de ver las cosas evoluciona y muta.

Para nada. Es algo terrible como fotógrafo tener que matar a tus propias fotos, porque son como tus hijos. Pero si no funcionan, no funcionan, y es mejor dejarlas ir. Con el proyecto de “La playa”, durante el tercer año, me di cuenta de que el formato debía ser horizontal y no vertical. Tengo unas 20 fotos verticales estupendas, pero me di cuenta de que ese formato no era el adecuado.

“Para mí la fotografía tiene un componente muy emocional: si no me siento bien y animado, no voy a hacer fotos”

También he aprendido a calcular muy bien la distancia a la que tengo que ponerme de una persona. Y es cierto que tengo fotos muy buenas de este proyecto que no se han publicado porque no son coherentes con el resto de imágenes.

Cuando empecé este proyecto no tenía claro qué estaba haciendo con él, y eso se nota en las primeras imágenes. Hasta que no superé el miedo a retratar a las personas, el proyecto no tuvo ningún interés. Es un proceso de aprendizaje constante.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

¿Cómo te ha cambiado a ti esta serie?

Ahora no me da vergüenza nada. Si tengo que bajarme los pantalones en medio del Paseo de Gracia, lo hago, no me lo pienso dos veces. Me ha servido de entrenamiento fantástico y ha sido un trabajo que ha moldeado toda mi fotografía. Ahora no me da miedo ir adonde sea y hablar con alguien y soltarle el rollo para explicarle que quiero hacerle una foto. Seguramente si no hubiera hecho esta serie antes, no me atrevería a hablar con nadie.

Debes haber vivido momentos de todo haciendo fotos en la playa.

¡De todo! Yo tengo una norma muy estricta, y es que siempre soy educado con todo el mundo. Si me acerco a alguien y me dice que no, simplemente me levanto y me voy. Incluso con gente maleducada, yo me comporto. He aguantado cosas que en mi vida privada no habría soportado, pero estoy en la playa molestando a la gente y es un precio que hay que pagar.

“Es algo terrible como fotógrafo tener que matar a tus propias fotos, porque son como tus hijos, pero si no funcionan, no funcionan”

Además, como decía, he perdido la vergüenza y hago lo que sea para conseguir una foto. Si tengo que aguantar un rollo de media hora sobre el nudismo como el que me soltó Esteban Trancón, lo aguanto. Lo que sea por la foto. Si voy al Raval y la gente es muy peligrosa, me transformo y me convierto en uno de ellos.

De lo que me he dado cuenta es de que necesito tener cierta afinidad con aquellas personas a las que retrato. Tiene que gustarme algo de ellas. Es decir, yo nunca podría hacer fotos de cabezas rapadas. No podría hacer retratos a cabezas rapadas nazis. No me veo hablando con ellos media hora y aguantando sus rollos. Puedo trabajar con el 95% de la sociedad, pero hay ciertos tipos de personas con las que no podría. Por otro lado me encantaría trabajar en una prisión. Hay 200 proyectos que me gustaría hacer.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

¿Has conseguido ir a la playa solo para tomar el sol y sin pensar en hacer fotos?

Solo en la Costa Brava, porque no hay la fauna que hay en Barcelona. Son playas más tranquilas, aunque es cierto que la playa de Barcelona, cuando yo empecé mi proyecto, era mucho más bestia. Ha cambiado mucho en los últimos años. En la zona en la que ahora hay el Hotel W había una mezcla de gente marginal que incluía transexuales y otros profesionales de la prostitución. Yo no tengo miedo de meterme en ningún sitio, pero ir allí no era fácil. Ni siquiera la policía se metía en aquella zona.

“Los proyectos personales son fantásticos, pero no pagan facturas. Con mis fotos de ‘La playa’ he perdido mucho dinero”

Recuerdo una vez que un transexual a quien yo había hecho fotos se peleó con unos chicos sudamericanos que le habían insultado y fue un espectáculo. Pero todo este mundo tan marginal ha desaparecido. Se ha trasladado a otras zonas.

¿No te sería más cómodo ir por los sitios con un móvil y hacer las fotos con él?

Me interesa mucho la fotografía con móvil, pero cuando le pides a alguien hacerle una foto y luego sacas el móvil, no es lo mismo que si sacas un equipo profesional. La reacción de la persona es muy diferente en los dos casos. Pero sí, me interesa la fotografía con móvil, sin duda. Me gustaría hacer algo con él, además de paisajes, que es lo que suelo hacer ahora.

Foto: Lluís Artús
Foto: Lluís Artús

¿Alguna anécdota que recuerdes con cariño de tus fotos en la playa?

Hay muchísimas anécdotas, pero me acuerdo ahora de la vez que le pedí a una pareja hacerles una foto y la chica me comentó que dos años atrás alguien le había pedido lo mismo. Al principio me molestó un poco que hubiera alguien haciendo lo mismo que yo, pero hablando con la chica al final nos dimos cuenta de que quien le había pedido una foto dos años antes era yo. Lo que pasa es que la foto no me había servido y me había olvidado de ella. En esta ocasión sí utilicé la foto que hice.

¿Cómo se vive hoy en día de la fotografía?

En mi caso con la fotografía de publicidad, pero no con los proyectos personales. Los proyectos personales son fantásticos, pero no pagan facturas. Si quieres vivir de ellos, mejor estar preparado. Con mis fotos de “La playa” estoy seguro de que he perdido mucho dinero.

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