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OpiniónEnfoque diferencial

Llegar al corazón

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MAY 2015

Empieza el caloret, que diría aquélla, y como si de un guion del día de la marmota se tratase, comenzamos con nuestro ritual veraniego. Preparamos vacaciones, miramos hoteles, empezamos a ahorrar y cuidamos un poco más nuestra dieta, a ver si conseguimos bajar eso que la sociedad moderna llama kilitos de más. Pero somos como somos, y al final vamos donde siempre porque lo de preparar lo dejamos para el ultimo día y para los kilos de más buscamos una dieta de esas que dicen que funcionan en 15 días y que con cuatro cositas pierdes el 10% de tu peso en un pispás.

Precisamente hace pocos días la actriz Elsa Pataky explicaba en su blog que si eso de las dietas milagro suena a timo probablemente sea porque es un timo. La salud se consigue a base de una alimentación saludable y un ejercicio constante, venía a decir. Nunca hubiera dicho que Elsa Pataky y yo tuviéramos algo en común, pero así es: yo tampoco creo en las recetas milagrosas para perder peso. Ni tampoco en las que nos garantizan hacer buenas fotografías.

La primera vez que haces una fotografía te puede encantar o no. Si te encanta, será para siempre; si no, puedes aprender a apreciarla, pero tus fotos jamás llegarán al corazón

Porque, con el verano, además de las dietas, llegan los consejos milagrosos para obtener fotografías increíbles durante nuestras vacaciones. Cursillos de folio y medio y entradas de blog patrocinadas y trufadas de trucos tan increíbles como poner el flash en un contraluz o usar un trípode para asombrar a propios y extraños con nuestras increíbles imágenes nocturnas. Tardas dos minutos en leerlo y no hay que pagar. ¿Qué puedes perder? Pues, para empezar, el tiempo.

Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Es una de las leyes de Arthur C. Clarke acerca del avance científico: una bombilla sería magia para un granjero del siglo XII del mismo modo que el teletransporte lo es para nosotros. Con la fotografía se podría enunciar algo similar: los que no rascan bola ven un contraluz iluminado con flash, y los comentarios (“fotón”, “fotaza”, “qué buena”) están servidos. Pero, cuidado, que mil me gusta en una foto no la convierten en buena por muchos “fotón” que acumule.

A fotografiar se aprende fotografiando del mismo modo que a conducir se aprende conduciendo. La importante diferencia es que mientras que la conducción tiene unas normas rígidas y por lo general inquebrantables, en fotografía todo es subjetivo y solo hace falta que a uno le digan lo que no se debe hacer para hacerlo. Así que, no, no hay trucos para hacer increíbles fotografías. Hay técnicas, atajos, recovecos y vueltas de tuerca, pero incluso la peor fotografía tendrá en algún lugar del mundo una persona que diga “pues a mí me gusta”. Faltaría más. ¿Quién soy yo para decirle a la gente lo que le gusta o deja de gustar?

Curiosa contradicción. De criticar a quienes tildan de grandes fotos lo que en realidad son auténticas chapuzas a defender el derecho a que a cada uno le guste lo que considere. Pero así son las cosas, porque una cosa es el gusto y otra la calidad; porque por muy rica que esté la comida del Rey de la Hamburguesa un viernes a las dos de la tarde eso no la convierte en comida gourmet. No es lo mismo.

Muchos fotógrafos presumimos de dominar -o al menos llevar bien- la técnica fotográfica. Un fotógrafo -profesional o aficionado- puede manejar los desenfoques con maestría, medir con precisión y saber el ángulo justo desde donde disparar, pero a pesar de todo no es extraño que sus fotos, aun siendo técnicamente impecables, no nos lleguen adentro. La técnica es el recurso que los mediocres usamos para creernos buenos. La técnica es la guinda que los genios utilizan para convertir fotones -de los de verdad- en obras de arte. Y la técnica, por desgracia, no se aprende ni en una tarde ni en un cursillo. Ni siquiera en una columna de opinión.

No, los milagros no existen. Y los cursillos-milagro tampoco, pero sí los sacacuartos. Adaptando un clásico de las comedias románticas: la primera vez que haces una fotografía te puede encantar o no. Si te encanta, será para siempre; si no, puedes aprender a apreciarla, pero tus fotos jamás llegarán al corazón.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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