Opinión

Negocios turbios

 
21
NOV 2005

El "Libro negro de las marcas", de Klaus Werner y Hans Weiss, es una interesante obra que detalla la cara más sórdida de algunas conocidas multinacionales. Una especie de bestia negra de ese capitalismo neoliberal que considera que, al fin y al cabo, tampoco es tan grave que los niños recolecten cacao -por ejemplo- o que las condiciones laborales de medio mundo parezcan sacadas de una novela de terror. El mercado manda, señores.

Hasta ahora, uno inocentemente pensaba -o quería imaginar- que las empresas dedicadas al mundo de la tecnología en general y de la fotografía en particular estaban libres de pecados mayores. Nada que no sepamos ya y que, en todo caso, no pueda deducirse de esos rótulos "made in" que lucen tantas cámaras digitales.

Las garras de la globalización económica no se limitan al sector del petróleo, la industria farmacéutica o los niños que cosen balones de fútbol

Claro que tampoco hay que olvidar la dichosa crisis del sector que, entre unas cosas y otras, se está llevando por delante cientos de miles de puestos de trabajo con los consabidos eufemismos que hablan de reestructuración de la producción o adaptación a las nuevas circunstancias del mercado. Despidos, que se decía antes.

Pero no. Resulta que las garras de la globalización económica no se limitan a los clásicos sectores del petróleo, la industria farmacéutica o al archiconocido caso de los niños que cosían balones de fútbol.

Así, por ejemplo, uno se encuentra que en este negro listado aparece citada una conocida marca dedicada a la fabricación de productos electrónicos, entre los que se encuentran las cámaras digitales.

Otro caso sangrante es el del tantalio, este extraño mineral utilizado en la fabricación de teléfonos móviles, objetivos de cámaras fotográficas...

Entre los grandes logros de esta firma se citan la producción de equipos en México "a cambio de salarios de hambre". La cita, por cierto, no corresponde a los autores del libro, sino a la revista The Economist, poco sospechosa de conductas antisistema.

El gusto de esa compañía por Centroamérica no termina ahí. Por lo visto, en el libro se especifica que la marca también hace sus pinitos en la industria textil y ha establecido varias fábricas en esa zona fronteriza con Estados Unidos.

Se trata de las llamadas "maquiladoras", donde, según un informe de la organización Human Rights Watch, las obreras -además de recibir unos sueldos miserables- son sometidas a tests ilegales de embarazos. Por supuesto, cuando el resultado es positivo, el despido está asegurado.

La propia ONU reconoce que "el conflicto del Congo gira básicamente en torno al control y al comercio de los recursos minerales"

Otro caso sangrante y que tampoco goza de demasiada buena fama -de hecho, no goza de ninguna fama porque no es un tema demasiado conocido- es el del tantalio. Este extraño mineral era un gran desconocido hasta que hace unas décadas comenzó a utilizarse en la industria tecnológica.

Concretamente, el tantalio es indispensable para la fabricación de teléfonos móviles, condensadores electrolíticos, procesadores informáticos, objetivos de cámaras fotográficas... Motivos más que suficientes para que sea una de las materias primas más codiciadas del momento y su cotización en las bolsas del primer mundo suba como la espuma.

Las mayores reservas de tantalio se encuentran en África, sobre todo en la República Democrática del Congo y las regiones fronterizas. Una fuente de riqueza que, tal y como ocurre con el petróleo o con los minerales preciosos, se ha convertido en un gran problema para los habitantes de la zona, que viven sumidos desde hace décadas en una de las mayores y más olvidadas guerras de la historia.

Son varias las empresas que no tienen mayores problemas en adquirir partidas de tantalio provenientes de regiones en guerra

Disfrazado y vendido en el primer mundo como una lucha étnica surgida de la corrupción de los gobiernos locales, la propia ONU reconoce en un informe que "el conflicto del Congo gira básicamente en torno al control y al comercio de los recursos minerales".

El funcionamiento del sistema responde a una lógica tan atroz como sencilla. Las empresas que se encargan de comprar y explotar esos materiales son las que están financiando de forma más o menos directa la compra de armas de las facciones enfrentadas y, por tanto, la prolongación del conflicto.

Aunque al igual de lo que ocurre con los diamantes, el tantalio proveniente de estas zonas sufre un embargo, numerosas investigaciones han demostrado que son varias las empresas del sector que no tienen mayores problemas en adquirir partidas provenientes de regiones en guerra.

Llegados a este punto, la pregunta obligada sería qué parte de responsabilidad nos toca a los consumidores de esa tecnología y, sobre todo, qué se puede hacer. Posiblemente informarse sea un buen primer paso.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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