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La Barcelona de Leopoldo Pomés: 55 años en el cajón

 
18
DIC 2012
Ivan Sánchez   |  Barcelona

Hay proyectos fotográficos de gran calado que nunca llegan a ver la luz. Afortunadamente éste no es el caso del encargo que Leopoldo Pomés recibió en 1957. Veinteañero por aquel entonces, el autor barcelonés hizo un retrato global de su ciudad natal que debió culminar un libro cuya publicación fue finalmente descartada. Ahora, medio siglo después, aquel trabajo puede verse en la misma capital catalana en una exposición cuyas imágenes se descubren fieles al estilo de este consumado fotógrafo y publicista.

Más vale tarde que nunca. Eso debió pensar Leopoldo Pomés cuando le propusieron desempolvar unos negativos que llevaban 55 años archivados. En 1957 el poeta y editor Carlos Barral le pidió que retratara una Barcelona que con el tiempo dejaría de ser la misma. Y durante más de un año el entonces joven fotógrafo recorrió la capital catalana de extremo a extremo, cámara al hombro.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

Pese a la indudable calidad del proyecto, el libro que debió ser puente natural entre "Barcelona" (1954), de Francesc Català-Roca, y "Barcelona. Blanc i negre" (1964), de Xavier Miserachs, no vio la luz debido a una decisión editorial. Pero sí que lo ha hecho ahora, medio siglo después, en "Barcelona 1957. Leopoldo Pomés", la exposición que la Fundació Foto Colectania ofrece en la misma capital catalana. Casi 80 fotografías en formato medio y pequeño, varias de época y todas en blanco y negro.

Foto: Leopoldo Pomés
Foto: Leopoldo Pomés

La urbe de la que nos hablan las imágenes de Pomés nada tiene que ver con su apariencia estrictamente física. Mucho más allá de encasillar su obra como un documento de época, el autor tuvo el acierto de retratar el alma y la esencia de una Barcelona encaminada al cambio. La tan celebrada atemporalidad del estilo de Pomés ya era evidente en su juventud.

Del Raval al Eixample
El gran nivel de la muestra radica, además de en la calidad de las propias fotografías, en el planteamiento que Pomés supo darle a un encargo que contaba con todos los ingredientes de una empresa, cuando menos, difícil. El fotógrafo hizo un extenso repaso a barrios tan diferentes como el Raval, siempre tan canalla y arraigado a las clases bajas, y el Eixample, que no ha perdido su aire burgués.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

Desde el centro hacia la periferia, Pomés ahondó en barrios como Verdum y sobre todo la Barceloneta, de donde extrajo una parte importantísima del material que ahora ve la luz. Pero es en la Rambla donde se experimenta la esencia más pura de aquella Barcelona de finales de los 50, porque es el escenario que más ha cambiado. Y no tanto por fuera, sino por dentro.

Foto: Leopoldo Pomés
Foto: Leopoldo Pomés

De la Rambla, en efecto, proceden algunas de las imágenes más icónicas y que el propio Pomés se encarga, en una acertadísima audio-guía, de desgranar. Por ejemplo, cuando habla de la afectuosidad en el rostro de un revisor mientras charla con unas mujeres. Además de dar una introducción al proyecto, poniendo al espectador en antecedentes, son en total ocho fotografías las que el autor comenta. De ellas cabe destacar la imagen de espaldas de un hombre frente a la catedral, sobre la que Pomés asegura que ésa era precisamente la idea que él tenía de lo que debía ser un "señor de Barcelona".

Foto: Leopoldo Pomés

Pese a que algunas de las imágenes se han convertido ya en iconos, Pomés confiesa que otras cayeron en el olvido y ni siquiera las recordaba.

Foto: Leopoldo Pomés
Foto: Leopoldo Pomés

Fotografiar su propia ciudad es una quimera para muchos fotógrafos. A este respecto, Pomés habla así de Barcelona: "La odiaba a la vez que estaba enamorado de ella. Me gustaba lo que veía por la calle y lo detestaba. Cuando hice las fotos para el libro, lo que más me interesaba era captar la atmósfera, lo que se vivía a diario en la ciudad, los tipos, la gente." Le ayudaron en este sentido los encuadres sencillos y la composición sin artificios, factores clave de su estilo que tan bien le sientan al fotoperiodismo y a la fotografía publicitaria.

Foto: Leopoldo Pomés

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 2 de febrero (3 euros cuesta la entrada), es un buen ejemplo de que hay errores que pueden enmendarse. Junto a las fotografías que se exponen, sin ir más lejos, la Fundació Foto Colectania y La Fábrica han coeditado un libro a modo de catálogo que bien podría haber sido el que la editorial de Carlos Barral decidió no publicar hace 55 años.

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