Leica SL
Opinión

Leica SL, la R del siglo XXI

23
21
OCT 2015

Era un secreto a voces que incluso la propia firma y su máximo responsable se encargaron de alimentar durante las últimas semanas: Leica preparaba su propia cámara sin espejo y con sensor de formato completo. ¿Pero eso no existía ya desde la M9? En realidad sí, pero ahora hablamos de un sistema con enfoque automático y visor electrónico en lugar del telémetro que emplean las míticas M.

Pero, como siempre, mucho mejor que dar rodeos para explicar algo es tirar de las comparaciones. La Leica SL es algo así como la versión alemana de las Sony A7 o de la Fujifilm X-T1, si nos fijamos más en la estética que en el tamaño del captor. De hecho los parecidos con la citada gama de Sony son tan evidentes por dentro y por fuera que los chistes no se han hecho esperar.

Y como si ya se esperara la reacción, Leica ha dejado alguna que otra perla y dardo envenenado para la competencia en el certificado de nacimiento de esta SL. “La primera cámara realmente profesional con visor electrónico”, apunta para describir el aparentemente espectacular visor que incorpora, con nada menos que 4,4 millones de puntos de resolución.

Es verdad que eso es el doble de lo visto hasta ahora, pero ningunear a las citadas A7 apropiándose del calificativo profesional a estas alturas parece un poco feo. Sobre todo cuando tu cámara se parece tanto a eso que criticas.

Leica SL
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Rencillas al margen, como toda Leica nueva que se precie la SL es un acontecimiento. Tiene nombre de empresa, señalaran algunos. Con ese precio no es de extrañar, rematarán los más graciosos. Y si bien empezar a divagar sobre los miles de euros que se le presuponen al logotipo rojo no tiene mucho sentido a estas alturas, que la SL cueste aproximadamente el doble que la A7R II no parece de recibo.

Eso puede tener un pase en otros segmentos donde la M marca exclusividad, pero cuando las comparaciones son tan sencillas como en este caso, la diferencia parece más escandalosa.

Dejando a un lado el vil metal, hay muchas posibles interpretaciones de esta SL. Por un lado, es una T (con la que comparte bayoneta) pero con sensor de formato completo. Algo en lo que también hay parecidos con Sony: sus gamas E (APS-C) y FE (formato completo) comparten montura. Pero no parece la Leica T una cámara suficientemente popular como para usarla de referencia, así que mucho mejor tirar de algo conocido: la Leica R.

Y es que, si bien el nombre y el diseño le vienen de la Leicaflex, son las réflex Leica R las que todo el mundo tiene más frescas en la memoria. Una línea que nunca llegó a dar el salto al mundo digital más allá de aquellos extraños inventos en forma de respaldo y que ahora entra en el siglo XXI por todo lo alto.

Leica SL
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Ese es precisamente el papel de esta Leica SL, a medio paso de las M (con ese punto de capricho y de coleccionismo) y las S de formato medio, demasiado alejadas estas últimas del usuario que quiere una cámara para llevar encima y tiene el dinero para permitirse una Leica.

Los 11 fotogramas por segundo, el cuidado puesto en el visor electrónico para que nadie eche de menos el óptico o la referencias a los casi 150 objetivos de Leica compatibles mediante adaptadores parecen certificar esa herencia y el cambio de nombres: ahora R se dice SL y los usuarios de aquellas cámaras (reportaje, naturaleza…) ya tienen donde fijar sus deseos.

Los parecidos con las Sony A7 y su precio obligan a preguntarse si Leica llega a tiempo con esta SL a un mercado poco dado a los caprichos

El problema, como siempre, es si esta cámara llega a tiempo o es demasiado tarde para un segmento que no está dispuesto a tolerar como otros los particulares ritmos de Leica. Eso por no hablar de las comillas que habría que ponerle al “Made by Leica”.

Y es que, sin ir más lejos, ese sensor CMOS de formato completo y 24 megapíxeles nos suena familiar, y no solo de la Leica Q, otro reciente guiño de modernidad. Como siempre, no habrá datos oficiales al respecto, pero no parece una locura pensar que se trate de un captor hecho por Sony.

Una teoría que convive con otra incluso más jugosa por sus posibles consecuencias colaterales: el sensor está fabricado por Panasonic (la velocidad, los valores ISO y los datos de vídeo apuntan en esa dirección) y habría que pensar en una Lumix DMC-GH5 dotada de este mismo captor de formato completo. Sí, suena un poco descabellado el salto del Micro Cuatro Tercios a esto, pero dada la importancia de la firma japonesa en el segmento del vídeo, sería una pena desaprovechar un CMOS tan prometedor como este.

Leica SL
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Menos dudas hay respecto a la participación de Panasonic en la parte más tecnológica de las cámaras de Leica y las ópticas con autofoco (lo mismo se ha dicho de la Q y la T, así que ninguna novedad). Sumado todo ello, parece que lo de presumir de exclusividad con Leica es más un tema de marketing y logotipo que de realidad.

Y es que, por mucho que Leica sea Leica, en 2015 y en este segmento no sería de recibo obviar que ahí fuera hay cámaras con el doble de resolución, estabilizadores de imagen, sensibilidades estratosféricas, más ópticas propias, las mismas posibilidades de usar objetivos Leica -mediante adaptadores- y un precio bastante más razonable.

Pero, como suele decirse, a los compradores de Leica todos esos argumentos que ponemos sobre la mesa cada vez que la lógica obliga a ello les dan bastante igual. Ellos quieren una Leica, y en todo caso el problema es de quienes no entienden –entendemos- que ese criterio prima sobre todo lo demás. La pregunta del millón es si lo que sirve para las M, sirve también para el resto.

A las R, por cierto, nunca les acabó de funcionar del todo bien este planteamiento.

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