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OpiniónContando píxeles

Leica, no somos tontos (vale, en realidad sí)

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MAY 2016

Hay marcas que provocan un divertido comportamiento bipolar que lleva del amor al odio y del cabreo a la carcajada de forma bastante loca. Leica es, sin duda, la campeona en esta categoría gracias a productos con los que uno no sabe si indignarse o quitarse el sombrero por su alta dosis de chulería.

La lista de despropósitos o genialidades es muy amplia, y va desde ediciones especiales de Hello Kitty o forradas con oro, diamante y piel de unicornio para rusos y chinos ricos, hasta alianzas estratégicas con fabricantes de móviles dispuestos a no ponerse quisquillosos con los ceros del cheque.

Y con cada uno de estos lanzamientos siempre se unen dos certezas: la de que Leica está convencida de que somos gilipollas y cierta admiración por atreverse a hacer cosas que nadie más en su sano juicio tendría valor de proponer. Y encima normalmente les sale bien, o traducido al particular lenguaje de esta firma: los coleccionistas pican, hay lista de esperas y las cámaras se agotan.

Leica no es que crea que somos tontos: es que tiene datos que lo certifican

La nueva M-D desvelada hace unos días es la pirueta definitiva en esta surrealista escalada por apelar al clasicismo para vender piezas de muchos miles de euros en las que la gracia principal es, curiosamente, eliminar prestaciones que a cualquier otra marca y modelo se le exigen. En este caso el monitor trasero.

¿Alguien se imagina una Sony sin pantalla? ¿Una Canon que se venda con marcas de uso en plan pantalón vaquero desgastado? ¿Una Nikon que no tenga vídeo? Anda, espera, que eso sí existe. El caso es que lo que en cualquier otra marca sería imperdonable, aquí se convierte en virtud y símbolo de distinción.

¿Te molesta la ráfaga? Pues saca menos fotos. ¿Te molesta la pantalla? Pues no la mires o gírala si tienes esa opción. ¿El vídeo te parece una aberración? No pulses el dichoso botón rojo. ¿Los automatismos te parecen poco de hombres? Pues dispara en manual, machote. ¿El JPEG es para cobardes? Resulta que no es obligatorio disparar en ese formato. ¿Todo esto te parece demasiado sofisticado para tu espíritu libre de creador con pasta? De acuerdo: paga 6.000 euros por esta Leica, artista.

Es verdad: pocas cosas hay más fáciles en esta vida que cachondearse de los usuarios de Leica. Sobre todo desde que tenemos ese Huawei P9 para bajarles los humos cuando se ponen estupendos.

Pero como cualquier psicólogo argentino dictaminaría, todos esos chistes son en realidad una forma como otra cualquiera de canalizar el trauma porque ellos sí pueden pagar esas cámaras y nosotros no. Y de olvidar –una vez más- que a los que se la van a comprar o a la propia firma nuestra opinión de pobres les importa tanto como a Bertín Osborne el último ensayo de Chomsky.

A veces obviamos que Leica hace ya mucho que no vende cámaras. Vende prestigio, lujo, exclusividad y esa idea romántica de la fotografía que una vez estuvo asociada a su logotipo. Siempre quedará alguien que defienda que nada es mejor que una Leica –también hay gente que se cree los premios TIPA, ojo- pero cualquiera que sepa un poco de qué va esta historia sabe que, excepto en ciertas gamas, esa no es la batalla de la marca. Sus cámaras ni son las mejores ni falta que les hace.

Así que lo más gracioso del asunto es que mientras nosotros estamos aquí rasgándonos las vestiduras, en el fondo sabemos que la M-D se va a vender estupendamente. Que Leica sabe lo que se hace y no es que crea que somos tontos, es que tiene datos que lo certifican.

Porque la M-D apela a ese fotógrafo caprichoso que no ha acabado de superar lo de la película y el píxel. Que considera que una pantalla es la culpable de que sus fotos sean una mierda o de que, sencillamente, ya no tenga ganas de salir a hacer fotos. Público dispuesto a pagar a cambio de que le capen las funciones que ellos mismos, con un poco de sentido común, podrían ajustar a su gusto. Gente que, de existir, se compraría una cámara que solo dejara sacar 36 fotos. Atenta, Leica, que ahí tienes una nueva idea para la sucesora de la M-D.

Una especie peculiar que considera que la tecnología coarta su creatividad. El día que descubra que Instagram está lleno de gente que con su móvil hace mejores fotos que ellos con su Leica, ya verás qué disgusto.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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