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Las postales perdidas del tío Matt

Laos: bienvenidos a la tranquilidad

 
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DIC 2009

Uno tiene la sensación cuando visita Laos que el tiempo se detuvo remotamente, que nunca pasó nada ahí. Sin embargo, el que es uno de los países más tranquilos del mundo oculta décadas en guerras internas y externas y ostenta el triste récord de ser el que más bombas ha recibido por habitante. Cortesía de los Estados Unidos.

A pesar de su dramático pasado, Laos ha sabido explotar su tranquilidad para acoger a quienes buscan la cara algo menos turística del sudeste asiático.

Foto: Ignacio Izquierdo
Barquero en el Mekong.

Levanten el pie del acelerador: han llegado a Laos. Mecido por el Mekong, que lo cruza de Norte a Sur, el país se pierde entre verdes montañas, pequeños poblados y frondosas junglas, delirios para la vista que permanecen unidos por las infraestructuras más básicas.

Foto: Ignacio Izquierdo
Las cataratas de Katamtok, en plena jungla, en mitad del altiplano de Bolaven.

Porque Laos es uno de los países más pobres del mundo, un país que justo ahora empieza a saber aprovechar la gallina de los huevos de oro que es el turismo.

El antaño remoto Laos empieza a revivir a costa de ver al turista como dinero. Nada que objetar. El turismo ayuda a la gente de la misma manera que le resta encanto al país. Es la lógica evolución natural para un territorio que, como muchos, ha sufrido demasiado.

Foto: Ignacio Izquierdo
El autobús escolar de los monjes budistas recorriendo Vientiane.

Tanto, que una de las paradas para mochileros más importantes del sudeste asiático está en las orillas de Vang Vieng. Idolatrado por muchos y odiado por otros tantos, este pueblo se ha reconvertido en centro turístico. ¿El reclamo? Una cámara de rueda de camión para desplazarse por el río. Un arma del infierno denominada "tubing".

Foto: Ignacio Izquierdo
Viajeros entregándose en cuerpo y alma al noble "deporte" del "tubing".

No es que la rueda en sí sea peligrosa, pero los bares a ambas orillas, cargadas de "tirolinas", lianas y demás atracciones acuáticas, sí que hacen las delicias viajeras de este "improvisado" parque acuático. El Laos menos Laos, pero el Laos que alimenta a más de mil familias.

Foto: Ignacio Izquierdo
¡Guiri vaaaaaaaa!

El corazón, la joya de la corona es Luang Prabang. 80.000 habitantes que reciben a 350.000 visitantes al año. Aun así, ha crecido amablemente y mantiene su aire colonial, con pequeñas casas entre las que se cuelan cientos de templos y que la hacen completamente encantadora.

Foto: Ignacio Izquierdo
Dorados grabados en la fachada principal del impronunciable templo Wat Mai Suwannaphumaham, en Luang Prabang.

Pulmón religioso del país, centenares de monjes budistas recorren las calles de madrugada en lo que se conoce como la "entrega de almas". Hileras de puntos naranjas que se mueven silenciosamente por la ciudad recibiendo todo lo que los habitantes tienen a bien de darles. Principalmente comida, pero también flores y regalos. Es parte del respeto que toda la población procesa por el budismo. Una manera de mantenerlo vivo.

Foto: Ignacio Izquierdo
"Entrega de almas" en las calles de Luang Prabang, sobre las 5.30 de la mañana. El naranja acompaña a las caras de sueño.

Y Vientiane, la capital, pasaría disimulada como un pequeño pueblo en cualquier otra parte del mundo con apenas dos avenidas que lo cruzan. No busquen demasiado que hacer. No lo hay.

Foto: Ignacio Izquierdo
Pha That Luang, el centro religioso más importante de Laos. Precioso, aunque no llega a hacer sombra a la elegancia de los templos de Luang Prabang.

Es mejor centrarse en el otro punto fuerte de este país: la naturaleza pura y dura. Paisajes increíbles, cientos de cascadas, ríos y caminos que agradecen de recorrer en moto para llegar a los poblados más remotos, donde los niños saludan con una sonrisa al viajero.

Foto: Ignacio Izquierdo
Atardecer en las 4.000 islas, un archipiélago dentro del río Mekong.

Y mientras tanto, Laos se va ralentizando según se viaja hacia el sur. No es que el norte sea excesivamente activo, pero lo parece al compararlo. El ambiente relajado mecido por el Mekong engancha a más de uno. Las hamacas se vuelven imprescindibles a la vez que atrapan de manera irremediable, y las horas se suceden. La adicción del relax.

Foto: Ignacio Izquierdo
Preciosas cataratas en Tat Kuang Si, en las proximidades de Luang Prabang.

Laos está cambiando. Tiene que cambiar. Con más del 90% de la población dedicada a la agricultura, la mayoría sólo de subsistencia (es decir, que sólo cubre las necesidades de la familia que la cultiva), Laos es un país paupérrimo.

Foto: Ignacio Izquierdo
Un clásico poblado laosiano, donde cada casa acoge a generaciones bajo el mismo techo. El agua corriente y la electricidad suelen ser aquí ciencia ficción.

Las políticas están cambiando, abriéndolo al mundo, favoreciendo el comercio con la vecina Tailandia, pero queda mucho camino por recorrer. Una frase demasiado repetida en el sudeste asiático.

No ayudó demasiado que los vietnamitas del norte se refugiaran en sus junglas durante la Guerra de Vietnam. Con intención de erradicarlos, el ejército americano se dedicó a bombardear Laos hasta la saciedad. Tanto si se movía como si no se atacaba.

Foto: Ignacio Izquierdo
Un joven cazador en el altiplano de Bolaven.

Y lo hizo indiscriminadamente, sin distinguir entre civiles y militares. Como resultado, se lanzaron una tonelada de explosivos por habitante. Siete millones de toneladas a lo largo de nueve años. Estadísticamente, una bomba cada ocho minutos. Escalofriante.

Lo que no ayuda a la situación actual. No sólo por las heridas que siempre dejan las guerras, sino porque muchas de esas bombas siguen ahí, esperando a que alguien pase para explotar.

Foto: Ignacio Izquierdo
Un río de bravas corrientes. Un pequeño desafío si a uno le apetece darse un baño.

Aún a día de hoy sigue muriendo gente por este motivo. Y estos campos de la muerte esperan pacientemente a ser limpiados para que se pueda volver a cultivar en ellos. Un extra a la tragedia de un país que lucha por alimentarse.

Y mientras cambia, el debate es si Laos será capaz de mantener su identidad mientras se adapta al creciente turismo. En las tribus de las montañas del norte (que lamentablemente no pude visitar), donde se sigue una planificación sostenible, sólo se permite la visita de turistas en ciertos días y en grupos reducidos. Así, su modo de vida apenas se altera.

Foto: Ignacio Izquierdo
Los últimos rayos del día en Vang Vieng.

Pero Laos ya ha dejado de ser un lejano desconocido y avisa con fuerza que piensa luchar por ser destino obligatorio en el sudeste asiático. Bien situado, tranquilo, precioso, con la cerveza más barata de Indochina y con localizaciones que te dejan sin habla.

¿Cómo negarse?

Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.

Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

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