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Diario de un fotógrafo nómada

Labrang: la plegaria del Tíbet en China

 
6
FEB 2008

Gigantesco, silencioso, enigmático, el monasterio lamaísta tibetano de Labrang, el segundo más grande del mundo, adiestra a los monjes en las enseñanzas del budismo tántrico, el más críptico de los budismos. Paredes blancas, hábitos de color burdeos. Y en el aire, unas voces recitando un mantra: "Om mani padme hum".

Viajo en un pequeño bus por las estribaciones del altiplano tibetano. A los lados de la estrecha carretera se extiende el espectáculo de lo que Alexandra David-Neel, la gran viajera y escritora francesa, llamó "el desierto tibetano de hierba y viento".

Foto: Nómada
Las extensiones de hierba son interminables.

Y es que en esta zona geográfica, a 3.000 metros de altura, los árboles no abundan. Por esta razón se utilizan los excrementos de los animales, mezclados con paja, como combustible en las hogueras.

Foto: Nómada
Una mujer seca tortas de excremento para usarlas de combustible.

Por el camino se suceden escenas de la vida cotidiana de estos pueblos, muchos de ellos seminómadas; una vida extraordinariamente dura, asumida con sencillez casi religiosa.

Foto: Nómada
Un grupo de mujeres separa el grano de la paja.

Por fin, tras un interminable viaje por esta sinuosa carretera, aparece Xiahe, la ciudad-monasterio más grande de la cultura tibetana después de Lhasa, la capital.

Foto: Nómada
Las campesinas tibetanas, sorprendidas por nuestra curiosidad.

Xiahe es la única población importante de la región. Su gran monasterio de Labrang es el motivo por el que acuden la mayoría de los tibetanos de las aldeas próximas y muchos peregrinos desde lejanos valles.

Ataviados con sus trajes, sombreros y adornos característicos, pintan las calles con su mundo de color y espiritualidad.

Foto: Nómada
Una pequeña taberna de Xiahe donde comer algo y reponer fuerzas.

Entre ellos puede verse incluso algún khampa, una etnia fuertemente vigilada por el ejército chino que está formada por auténticos gigantes que se consideran los "guerreros del Tibet", siempre dispuestos a dar la vida por su Gran Lama.

El gobierno chino prohíbe terminantemente al turismo y la prensa entrar en territorio khampa. ¿Por qué?

Foto: Nómada
Una joven Khampa llega al mercado de Xiahe.

En Xiahe la población se divide en dos barrios: uno al oeste, casi exclusivamente tibetano, y el otro al este, colonizado por chinos Han y una importante minoría de la etnia chino-musulmana Hui.

Foto: Nómada
Etnia tibetana.
Foto: Nómada
Etnia Han, la dominante en China.
Foto: Nómada
Hombre de la etnia musulmana Hui. Su bonete blanco es inconfundible.

El monasterio está rodeado por un sendero por el que llegan los peregrinos. 1.174 molinos de oración se alinean a la derecha, sobre los muros exteriores de este cenobio, para que los peregrinos puedan orar haciéndolos girar.

Foto: Nómada
Dos mujeres hacen girar la casi totalidad los más de mil molinos de oración.

Cada molino de oración lleva grabado un mantra, la oración básica del budismo: "Om mani padme hum", que significa "gloria a la joya en el loto".

Foto: Nómada
El peregrino, con su molino de oración de mano a la cintura.

Cuando el peregrino hace girar el molino, el mantra también gira y se eleva hacia las alturas. De ahí ese rito.

Foto: Nómada
Una modestísima farmacia. Los aldeanos, sin embargo, prefieren los remedios de la milenaria medicina tibetana.

Ese mismo mantra se repite escrito en los banderines de oración, que se colocan sobre las azoteas de las casas, atados a palos y cuerdas en las praderas, sobre las estupas y -en general- en cualquier sitio que represente algo para quien los pone.

Foto: Nómada
Banderines de oración multicolores.

Al agitar el banderín, el viento hace que el mantra, la oración en él escrita, se extienda por los valles purificando la tierra que baña.

Foto: Nómada
Aquí los juguetes no se compran: se los fabrican los propios niños.

El monasterio de Labrang se fundó en 1709 y es un gigantesco complejo de edificios que alberga numerosos templos, residencias para monjes y monjas, salas de oraciones...

Foto: Nómada
Una vista lateral del rincón por donde llegan los peregrinos al monasterio.

Además, Labrang acoge varios institutos de medicina, astrología, budismo esotérico... y una fantástica biblioteca e imprenta en la que los monjes guardan y copian sus libros sagrados.

Foto: Nómada
Interior de la biblioteca de Labrang.

El ambiente en esta biblioteca es realmente de otra época. Los tenues rayos de sol que entran por las rendijas y ventanucos apenas pueden con la oscuridad reinante. La atmósfera es irreal, y hasta el crujido de la vieja tarima se vuelve un estruendo al andar.

Foto: Nómada
La biblioteca es, a la vez, imprenta.

Labrang llegó a albergar hasta 4.000 monjes en sus mejores años, jóvenes que llegaban a estudiar budismo provenientes de todas las latitudes tibetanas, atraídos por la grandiosidad de este inmenso complejo religioso.

Foto: Nómada
Un monje imprime libros de plegarias.

La vida del estudiante es espartana: orar, meditar y estudiar son sus principales obligaciones, rutina sólo rota por las comidas.

Foto: Nómada
Llevando agua caliente para el té.
Foto: Nómada
El sonido de las trompas anuncia el oficio religioso.

En Labrang los monjes son educados en una dura disciplina. La pedagogía se basa en un prodigioso ejercicio de memoria, el método milenario de grabar mentalmente las enseñanzas para luego transmitirlas.

Foto: Nómada
Los jóvenes estudiantes se disponen al rito espiritual.

Aquí una buena mente significa una mente llena. Por eso, día tras día se consagran muchas horas al aprendizaje y la memorización de textos.

Foto: Nómada
Se sabe dónde están por las botas esparcidas en el suelo; entran descalzos a todos los sitios.

Cuando el joven estudiante sea capaz de repetir de memoria el contenido de 50 volúmenes, podrá ser considerado para participar en los torneos de oratoria que se organizan todos los días como parte fundamental de la formación del monje.

Foto: Nómada
Los jóvenes sienten enorme curiosidad y fascinación por la pantalla LCD de la cámara.

A eso de las cinco de la tarde, los monjes más jóvenes empiezan a acercarse a uno de los patios de Labrang. Van dejando sus capas ordenadamente en el suelo y empiezan a realizar un ritual, una llamada al resto de monjes invitándoles a que se unan al torneo de oratoria que va a comenzar.

Foto: Nómada
Las capas se dejan ordenadamente en el suelo. Es verano y todavía no hace mucho frío.
Foto: Nómada
Los primeros en llegar realizan un ritual de llamada: invitan a todos a participar en el torneo.

Estas disputas dialécticas son una especie de examen en el que se pondrá a prueba la rapidez de razonamiento del estudiante y su capacidad para pasar de un concepto a otro a gran velocidad.

Foto: Nómada
El lama maestro es el guía de sus jóvenes estudiantes.

La atenta mirada de un maestro lama advierte a los estudiantes de que antes de empezar hay que orar.

Cuando el murmullo calla, comienzan a colocarse en círculos, unos sentados y otros en pie.

Foto: Nómada
Los monjes esperan a que empiece el torneo.

Los sentados deben responder a las preguntas que les hagan los que están de pie. Éstos, cada vez que terminan de formular una pregunta, dan una sonora palmada para reforzar la interrogación y poner en tensión a su interlocutor.

Foto: Nómada
El sonido de las palmadas acompaña al parloteo de los monjes.

A veces parece que las disputas suben de tono al defender enconadamente cada uno su opinión acerca del tema tratado. Al finalizar cada discusión, por muy fuerte que haya parecido, siempre se sonríen y acarician. Todo forma parte de la enseñanza.

Foto: Nómada
Siempre se termina la disputa con una caricia al adversario.
Foto: Nómada
Un segundo lama maestro pone fin al torneo y vuelve a la meditación.

Cada día se repite la misma rutina. Es el milenario método de la repetición y memorización, porque para el tibetano todo es cíclico, todo se repite de manera invariable, como su símbolo más sagrado: la Rueda de la Sabiduría.

Foto: Nómada

Pero para un occidental es imposible comprender la religiosidad del Tíbet, el arcano de una filosofía y una espiritualidad que no buscan la salvación, sino el conocimiento.

Foto: Nómada
La inextricable espiritualidad tibetana.

Y así, los peregrinos que se acercan a Labrang repiten sus postraciones cada tres pasos para medir el camino con su cuerpo, murmurando esta plegaria:

"Echándome al suelo cuan largo soy estoy midiendo la inmensidad del camino.

Entre mis dedos veo pasar rápidamente las blancas nubes.

Poco importa lo empinado de las pendientes: las subiremos como los peldaños de una escalera al cielo.

Encadenando nuestros pasos, unos tras otros, recorreremos grandes prados.

Como se siguen, hoja por hoja, las páginas de un libro de plegarias."

Foto: Nómada
Tíbet eterno.

Y sobre los valles del desierto de hierba que conduce al Himalaya se oyen los ecos del mantra: "Om mani padme hum".

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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