• El fin del mundo
  • Hassel quería a Fuji (pero acabó con Sony)
OpiniónContando píxeles

La receta del miedo

 
21
ENE 2013

A los uniformados. A los recortes. A quedarse en el paro. A los tontos con poder. A los que votan a quienes llevan la corrupción en el ADN de su ideología. Al meteorito ese que va a pasar cerca de la Tierra. A Leticia Sabater.

Hay muchas cosas a las que tener miedo, la verdad. Y en el sector de la fotografía, si de algo se sabe es de miedo. Además de un ego en ocasiones desmesurado y capaz de luchar cara a cara incluso con el de los gurús 2.0 (que ya es decir), los fotógrafos son una especie predispuesta al acojone. El hombre del saco en su versión con cámara tiene varias formas (la tecnología, la competencia, el cambio...) pero de uno u otro modo suele aparecer cada vez que se reúnen unos cuantos profesionales del tema.

Las quejas por la lamentable situación laboral del sector están más que justificadas. Argumentos para echarse al monte y empezar a repartir guantazos sobran, y todos los conocemos. Pero detrás de eso muchas veces se percibe el miedo. Y como se suele decir, siempre se teme lo que se desconoce.

Sin ir más lejos el viernes pasado la Asociación de Fotógrafos Profesionales de España (AFP) organizó una charla en Barcelona sobre fotografía gastronómica ("Evolución de la fotografía de alimentación y perspectivas de futuro") con el mismísimo Ferran Adrià como ponente de lujo.

Fiel a su estilo, Adrià planteó más preguntas que respuestas en un discurso aparentemente caótico pero lleno de genialidades de las suyas. No hacen falta cursos de liderazgo o de comunicación vende-humo cuando detrás hay cosas interesantes que decir.

¿La fotografía de un plato tiene que responder a la visión del fotógrafo o a la del cocinero? ¿Las fotografías que se realizan para un catálogo o un libro y no para entrar en un museo pueden ser consideradas arte? ¿Cómo será la fotografía dentro de 50 años? ¿De qué vivirán los fotógrafos?

Mientras muchos llevan años buscándose la vida en el sector fotográfico, otros prefieren mirar por el retrovisor

Cocinero, a tus fogones, me decía alguien por Twitter cuando planteaba en alto la primera de las cuestiones. Pero en realidad Adrià algo sabe del tema. No sólo por las sesiones de fotos que soporta al año (algunas de cinco minutos para la portada de Time, otras de cinco horas para cualquier tontería, contaba), sino porque El Bulli ha sido el primer restaurante que se ha tomado la molestia de catalogar y fotografiar todos sus platos.

Lo contaba el fotógrafo Francesc Guillamet, que ha trabajado en muchas ocasiones con el cocinero. ¿Cómo surgió la idea? Cuando la gente empezó a fotografiar con sus teléfonos los platos que se servían, Adrià pensó que era mejor tener una base de datos con las fotos oficiales de sus creaciones. Es la imagen de su cocina y su trabajo, así que mejor tenerla controlada que no dejarla en manos de los comensales.

¿Cómo ves la fotografía de "packaging"?, le preguntan a Ferran. Él se sale de nuevo por la tangente para hablar de algo más interesante: el futuro de las grandes marcas y su presumible desaparición ante el creciente poder de la distribución. Y cogiendo carrerilla, continúa: se dice que los grandes supermercados han acabado con el comercio pequeño, pero en realidad sólo acaban con el comercio pequeño y malo.

Murmullo en la sala. La extrapolación del comentario al oficio fotográfico es evidente. Y duele. Y ante la incertidumbre laboral y tecnológica del futuro, surge el miedo.

Se dice por ahí -comenta alguien en voz alta- que hay un laboratorio ofreciendo servicios de microfilmación a los responsables de archivos que tienen miedo a guardar sus imágenes en formatos o soportes que igual dentro de unos años no son válidos.

El caso de Instagram -señala otro- es un claro ejemplo de lo pasajero de estas modas. Desde que se ha sabido que pretenden vender las fotos de los usuarios han perdido la mitad de su tráfico -asegura esta persona- y están a punto de cerrar. No entrecomillo porque no es literal, pero juro que dijo algo así. Y que mucha gente le creyó, que es lo peor de todo.

Mientras muchos de los asistentes -me consta- llevan años buscándose la vida, montando su propio estudio, ejerciendo la supervivencia fotográfica a base de adaptarse a las nuevas demandas y a los nuevos precios, otros prefieren mirar por el retrovisor.

Como si la respuesta no fuera adelantarse a lo que viene, sino recuperar lo que fue. Agarrarse a lo conocido para así intentar salvarse. Nada puede ser mejor que lo de toda la vida, lo que ellos conocen.

La tecnología nunca retrocede, recuerda Ferran Adrià, que por momentos parece conocer mejor este sector que algunos de los que llevan toda la vida en él. Tal vez sea que nos hacen falta menos miedos y más genios.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar