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INSTAGRAM COMO PRETEXTO

"La mula", crónica de una excusa poco convincente

 
31
MAY 2013

Las redes sociales se incendiaban de nuevo hace unos días con otra polémica. En esta ocasión, se ponía sobre la mesa la supuesta mala calidad de imagen en la película "La mula", una coproducción española, británica e irlandesa que se ha estrenado recientemente tras un largo periplo de demandas, abandonos y problemas de financiación que ha durado cuatro largos años.

Un periplo que, al parecer, ha tenido drásticas consecuencias sobre el resultado final de la cinta, ambientada en la Guerra Civil española y basada en la novela homónima de Juan Eslava Galán. Y es que "La mula" sufrió, entre otras vicisitudes, el abandono del director Michael Radford a falta de cuatro días para terminar el rodaje y la retirada de buena parte del presupuesto de la película por parte de los coproductores británicos e irlandeses. Si el film ha llegado finalmente a los cines ha sido en buena parte gracias al empeño de la productora Alejandra Frade.

El debate que se ha generado alrededor de la calidad final de la proyección se ha articulado en buena parte en torno a una encendida crítica publicada en "Bloguionistas" con el contundente título de "La mula y la tomadura de pelo". El texto está firmado por un tal Chico Santamano, seudónimo bajo el que asegura esconderse un guionista profesional que prefiere no dar su nombre para poder hablar sin tapujos.

El cartel de la película que ha suscitado esta polémica.

Santamano habla sin pelos en la lengua y califica la calidad de la proyección de "infame", con "planos desenfocados, colores sin contraste, bajísima definición y un píxel más grande que los pectorales de Álex González", el actor. También se hace eco de algo que le comentaron durante el pase de la película en el pasado Festival de Málaga: el montaje final de "La mula" se había realizado echando mano de los "dailies" del rodaje.

Tal y como explica él mismo, los "dailies" son grabaciones de poca calidad que se hacen durante el rodaje con el mismo ángulo de plano que la cámara principal. Estas capturas sirven para que los "scripts" y el director puedan revisar las tomas de forma inmediata en las filmaciones en las que se utiliza película química.

Y es que a pesar de lo extraño del planteamiento, todo parece encajar si tenemos en cuenta los numerosos rumores que apuntan a que el primer director de "La mula", el citado Michael Radford, podría estar reteniendo parte del negativo original por sus desavenencias con la productora española Gheko Films. Según esta tesis, el montaje del film a partir de los "dailies" del rodaje habría sido una media desesperada para sacar el proyecto adelante.

Ésta es, grosso modo, la versión de los hechos más consensuada entre los profesionales del sector y algunos medios especializados. La versión de la productora de "La mula", sin embargo, es bastante más surrealista y ha contribuido a avivar el fuego con sus explicaciones.


Tráiler oficial de "La mula" alojado en YouTube donde se puede observar el peculiar aspecto de algunas de las secuencias del film.

Y es que cuando Chico Santamano, cansando de lo que estaba viendo en el cine, decidió ir a pedir explicaciones a los responsables de la sala, se dio de bruces -asegura- con una carta oficial de la productora en la que se daba a entender que la "infame" calidad de imagen de la cinta era intencionada. Según la productora Alejandra Frade la película "se rodó con la intención de aparentar el cine documental de los años de la Guerra Civil, de conseguir ese 'look' retro, tan buscado y que curiosamente hoy en día el espectador más joven está demandando de nuevo en los productos fotográficos que existen en el mercado". Y aquí aparece de repente la palabra mágica: Instagram.

¿Es ese pretendido "look" de "La mula" un accidente o algo premeditado? Frade, con quien este medio ha intentado contactar sin éxito, sigue defendiendo su postura a capa y espada en diversas entrevistas, y en su cuenta de Twitter niega que la película se haya montado a partir de los "dailies" del rodaje. Es más, habla en la mencionada carta de la influencia que tienen hoy día las Polaroids y los filtros de Instagram. Como Santamano, unos cuantos críticos y profesionales del sector han expresado -con mayor o menor vehemencia- su sorpresa por la escasa calidad de algunos tramos de la cinta.

Tal es el caso del director de fotografía Pol Turrents, quien asegura a QUESABESDE.COM que "la imagen de la película es obviamente una imagen de baja definición, con mucha compresión y con los defectos inherentes de un 'off-line', una copia de trabajo que se usa para visionar únicamente". Considera además que la imagen "está muy lejos del 'look' Instagram o 'vintage', ya que este tipo de 'look' al que se hace referencia está precisamente libre de los defectos generados en la imagen de 'La mula'. Si esta película en lugar de ser de época fuera contemporánea y estuviéramos hablando de un 'look' de teléfono móvil o de YouTube, probablemente sí que tendría sentido".

A Turrents le preocupa la falta de respuesta por parte de los responsables de fotografía de "La mula" (Ángel Luis Fernández y Ashley Rowe aparecen acreditados como tales). Y es que al fin y al cabo el director de fotografía "es el máximo responsable de la imagen de la película y la famosa carta que se ha puesto en los cines no sólo debería ir firmada por la productora".

Relativizando la polémica

Pero, ¿qué opina el espectador medio, ése que paga la entrada al cine y compra las palomitas? Es lícito pensar que en esta era de pirateo, "screeners", cine on-line y televisores mal calibrados la gran mayoría pasará por alto los supuestos defectos de "La mula". De hecho basta con echar un vistazo al Twitter oficial de Gheko Films para ver que muchos han quedado más que satisfechos con el resultado.

Y es improbable que esta aceptación sea consecuencia de la influencia de Instagram. Más bien podría deberse a ese preocupante desprecio generalizado hacia la calidad. Al menos en España, donde tantísima gente es capaz de ver una película bajada de Internet con una pésima calidad de imagen y sonido, donde las mejores series de la televisión se consumen a golpe de vídeos ultracomprimidos con píxeles del tamaño de un puño y donde la TDT ofrece una de las peores calidades de emisión de Europa.

En todo caso el debate está ahí y plantea algunas dudas interesantes. La primera de ellas es si el fenómeno de Instagram es exportable al negocio del cine. Lo cierto es que ya existen muchísimas producciones que han explorado ese "look" retro del que habla Frade, pero sin ocasionar tanta polémica. Por algo será.

Un caso análogo podría ser el que se dio con el estreno de "Grindhouse", un experimento de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez que pretende ser un homenaje a las producciones de bajo presupuesto de los años 70. Divida en dos partes independientes, "Planet Terror" y "Death Proof", el film imita radicalmente la textura del cine "pulp" con imágenes llenas de grano, polvo, rascadas, saltos de negativo e incluso, fallos de "raccord" y continuidad en el sonido.

Ante la sorpresa de muchos espectadores, fueron las propias salas de cine las que decidieron advertir al espectador de que lo que estaban viendo era intencionado, y aunque el experimento no tuvo muy buena acogida nadie puso en duda la honestidad de la propuesta.

Y es que con los problemas que ha atravesado la producción -apunta Turrents- es comprensible que se haya hecho todo lo posible para llevar "La mula" a las pantallas. "Quizás con un estreno en salas pequeñitas, sabiendo que la película no tiene la calidad necesaria para exhibirla en una gran pantalla, y sobre todo sin la carta que la acompaña defendiendo algo que no tiene sentido, probablemente hoy no estaríamos hablando de esta polémica."

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