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Pagar a los fotógrafos ya no se lleva

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Polémica entre varios fotoperiodistas y los organizadores de la exposición “La milla de la paz” en San Sebastián por la retibrución de las imágenes

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JUN 2016

Suele circular por el sector una anécdota cada vez que alguien menciona la idea de trabajar gratis. En la presentación de la edición española de El Huffington Post su directora soltó como si tal cosa que algunos colaboradores del medio cobrarían con prestigio. Alguien preguntó entonces en voz alta si ella iba a cobrar igual o con dinero normal.

Cierta o no, esta historia revela que lo de saltarse ese feo trámite de pagar –el vil metal lo ensucia todo- es una práctica muy vieja en el periodismo. Casi tanto como en la otra profesión que más sabe de eso de trabajar gratis: los fotógrafos. Si hace unos años los fotoperiodistas con contrato eran una especie en peligro de extinción –se dice que queda algún ejemplar en cautividad-, a día de hoy la situación ha empeorado, y encontrar reporteros que cobren por su trabajo sin tener que discutirlo empieza a ser poco común.

Cada semana salta a los titulares un escándalo relacionado con este asunto, lo cual demuestra que se producirán muchísimos más sin que nadie se entere o sin que a los afectados les queden tiempo y fuerzas para denunciarlo. Hace poco fue el caso del concurso de la Agencia Catalana de Turismo, y la penúltima historia nos lleva hasta San Sebastían y su capitalidad cultural europea.

Tal y como han denunciado durante los últimos días diversos reporteros, más de una quincena han recibido un correo en el que se les pedía colaboración para el proyecto “La milla de la paz”, una exposición de más de un kilómetro en Donostia que recogería instantáneas de conflictos cubiertos por algunos de los fotoperiodistas españoles más reconocidos.

La gravedad del asunto no reside solo en la petición de fotos gratis, sino que el proyecto cuenta con un presupuesto de casi 250.000 euros

"En principio no contamos con presupuesto para las imágenes. Ya que, como imaginaréis, la exposición no tiene ningún fin lucrativo", explicaban en el correo electrónico enviado por la empresa K6 Gestión Cultural y que fue el detonante del escándalo.

Andoni Lubaki, según denuncia él mismo, ha sido señalado como instigador de las protestas, pero en realidad son 16 los fotoperiodistas de esta lista. Entre ellos figuras tan destacadas como Gervasio Sánchez, Manu Brabo, Pep Bonet, Guillem Valle, Ricardo García Vilanova o Sergio Caro.

Precisamente este último ha compartido un vídeo a través de su canal de Vimeo en el que el colectivo de fotógrafos denuncia la situación. A través de un manifiesto hablan de humillación al colectivo de reporteros y se preguntan por el destino al que va dirigido el presupuesto asignado al proyecto.

Y es que la gravedad del asunto no reside solo en la petición de fotos gratis -desgraciadamente muy habitual- ni en el argumento fácil de que se trata de una propuesta sin ánimo de lucro, sino que el proyecto cuenta con un presupuesto de casi 250.000 euros. Cabe suponer que de fondos públicos, para más detalles.

Una cifra en cuyo desglose, publicado por la Cadena SER, figuran todas las partidas, desde la comunicación (10.000 euros) y la coordinación (36.000 euros) hasta la señalización (60.000 euros). Todas excepto una: las fotografías que en teoría serán las protagonistas de la exposición. Es decir, en un acto cultural que girará en torno a unas fotos hay dinero para todo excepto para un pequeño detalle: las imágenes.

Vídeo de denuncia publicado por Sergio Caro.

¿Cabe suponer que cuando algo es sin fines lucrativos ese concepto solo afecta a los fotógrafos? Por lo visto, desde la empresa que gestiona la acción eso es lo que creen.

Por supuesto una vez que la polémica ha saltado a los titulares todo han sido desmentidos y malas interpretaciones. No parece haber mucho margen para interpretar mal un “en principio no contamos con presupuesto para las imágenes”, pero el director de San Sebastián 2016, Pablo Berástegui, salía al paso de las críticas y aseguraba a la Agencia EFE que “siempre se ha pensado en retribuir a los artistas". Una buena voluntad que los afectados cuestionan al descubrir que, tras las protestas, la empresa gestora había tratado de conseguir las fotos a través de agencias por un importe mucho menor al que los fotógrafos pedían por ellas.

Tampoco la decisión de K6 Gestión Cultural de contar finalmente con imágenes de solo cinco de los 16 fotógrafos contactados parece una buena forma de sellar la paz con los reporteros. Según explica Cristina Pérez, gerente de esta empresa, a Kulturaldia, “según iba avanzando el contenido del proyecto, las imágenes de los conflictos bélicos han perdido peso a favor de imágenes por la paz”. Los fotógrafos niegan la mayor y sostienen que en realidad han sido ellos los que se han negado a participar en la muestra.

Resulta preocupante que esto ocurra con fotógrafos muy reconocidos y en un evento con un considerable presupuesto público

En cualquier caso la historia parece responder al esquema habitual: petición de material gratis, escándalo en las redes, rectificación. Algunos lo calificarían de incompetencia, otros del tradicional “si cuela, cuela”.

Y es que, entre las muchas reflexiones que ha suscitado este nuevo caso, tal vez la más preocupante sea pensar que esto ocurre con fotógrafos reconocidos e internacionalmente premiados y en un evento con un considerable presupuesto público. La pregunta es obligada: ¿qué pasará en el caso de otros reporteros menos conocidos o que están comenzando y de proyectos con fondos más modestos?

Tampoco resulta especialmente tranquilizador que a una empresa especializada en gestión cultural se le pase por la cabeza que pagar por las fotografías sea algo opcional o discutible. Incluso dando por bueno que todo ha sido un despiste o un malentendido –pura incompetencia en lugar de mala fe- cabe preguntarse si a los montadores de la estructura de la exposición, al impresor de las copias o a quienes redacten las correspondientes notas de prensa también se les planteará la opción de trabajar gratis.

Mientras todo esto ocurría, las redes y la etiqueta #milladelaverguenza han servido de altavoz para las protestas de los fotógrafos. Tal vez esa es la única parte positiva de este nuevo capítulo: la prueba de que la movilización puede cambiar la situación o al menos darla a conocer. Las redes sociales han resultado ser ese canal de protesta colectiva que históricamente ha faltado en una profesión que siempre ha pagado con sus derechos la falta de unión y la poca fuerza de las asociaciones profesionales y sindicales.

Está por ver si, igual que ocurrió con el citado caso del concurso de la Agencia Catalana de Turismo, que tuvo que rehacer sus bases, las protestas de los profesionales también sirven de algo en esta ocasión. Ojalá para salvar la exposición de San Sebastián y que los gestores culturales de turno aprendan la lección. Pero seguro que al menos para dar visibilidad a un problema que se repite demasiado a menudo y que amenaza con convertirse en norma. ¿Pagar a los fotógrafos? Eso ya no se lleva.

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