• “Ni tú ni yo tenemos idea de lo que es la realidad”
  • "Solo aquellos que arriesgan logran marcar la diferencia"
Entrevista
KIKE CALVO, FOTóGRAFO

"El 5% es inspiración y el resto es trabajar muy duro"

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Foto: Kike Calvo
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JUN 2015

Su pasión por la fotografía le ha llevado a visitar más de 95 países distintos y dar la vuelta al mundo varias veces. Y es que la cartera de clientes de Kike Calvo incluye algunas de las cabeceras más reputadas del mundo, como Time y Rolling Stone. Representado por National Geographic Creative y miembro del equipo de expertos de esta sociedad, su trabajo abarca proyectos de fotografía de naturaleza y documental, además de series más personales que le han valido varios premios. Todo ello sin dejar de impartir clases y talleres por todos los rincones del planeta. Entre viaje y viaje, hemos charlado con este zaragozano sobre su carrera y la situación actual de la fotografía.

Tu cartera de clientes es impresionante: el Museo Americano de Historia Natural, la NASA, Rolling Stone, UNICEF, Time… ¿Cómo consigue uno tener satisfechas a organizaciones tan distintas?

Es algo parecido a retratar a personas. La gente suele preguntarme siempre cómo hago para fotografiar a alguien que no conozco. Y yo siempre contesto que más que fotografía, aquí estaríamos hablando de psicología.

Muchas veces se cae en el error de afrontar la fotografía solamente desde la parte artística. Está claro que hace falta arte y talento, pero hay destrezas complementarias que mucha gente no se molesta en desarrollar: relaciones interpersonales, contabilidad, etcétera. Cosas que a los fotógrafos nos suenan aburridas, pero en el fondo todos somos personas interactuando en distintos ámbitos.

También está la perseverancia. Nunca es fácil abrir puertas, y cuando yo llegué a este mundo no conocía a nadie. Pero con tenacidad se consiguen muchas cosas. Me atrevería a decir que es mi capacidad de soñar la que ha conseguido los logros. Y aparte de eso, imagino que a estas organizaciones también les gustan mis fotos.

Foto: Kike Calvo
Kike Calvo, en una fotografía de archivo cedida a Quesabesde.

También impartes talleres de fotografía por todo el mundo. ¿Acaso tus días tienen más horas que los del resto de mortales?

Pues la verdad es que duermo poco. Pero me gusta tanto lo que hago y siento tanta pasión por ello, que tengo mucha energía. Eso no significa que a veces no me haya puesto enfermo o haya tenido bajones energéticos, pero aquí sigo.

Empezaste estudiando Economía.

Cierto: soy licenciado en Economía. Mi padre falleció cuando yo tenía 20 años y le prometí que acabaría la carrera. Él me dijo que la terminara y que luego hiciera lo que quisiera. Cuando terminé obtuve una beca para estudiar en Estados Unidos, y aquí empezó todo.

Economista, fotógrafo y también escritor. ¿Las historias se cuentan mejor con palabras, con imágenes o con una mezcla de ambas?

Lo esencial a la hora de contar una historia es encontrar una conexión con los lectores. Cada persona tiene sus medios y soportes, y a mí me gusta la combinación de la fotografía con los textos, aunque también hago presentaciones que incluyen música. Todo eso me ayuda a contar mis historias de un modo más visual. Pero no existe una sola manera de contar algo. Cada uno tiene sus destrezas y cada uno las usa de un modo distinto.

Foto: Kike Calvo
Foto: Kike Calvo

A la fotografía se le ha atribuido el poder de modificar el curso de la historia, pero el mundo ha cambiado mucho en los últimos años y estamos un poco saturados de imágenes.

Yo quiero creer que la fotografía conserva ese poder, pero vivimos en un mundo inundado de impulsos visuales. Yo sigo siendo un soñador, y creo que una imagen bien elaborada sí puede transformar o hacer mella en la mente o el corazón de una persona. En Estados Unidos los parques nacionales nacieron a raíz de las fotografías de Ansel Adams. Así que yo todavía quiero pensar que el ser humano se puede ver impactado por el trabajo que hacemos.

¿Qué opinas de la revolución digital que ha vivido la fotografía en los últimos años?

Creo que es algo imparable. Yo enseño a volar drones, que van a tener el mismo boom que tuvo la telefonía móvil en su momento. Sin embargo, creo que lo más importante no son los cambios que se van sucediendo sino lo que hagan los fotógrafos con sus carreras.

Hace un tiempo me entrevistó la revista GEO y me pusieron la etiqueta de fotógrafo multidisciplinar. Creo que es la realidad de hoy en día. Por un lado, la gente joven lo tiene más fácil por el acceso a esta tecnología y a los canales de distribución, pero por otro lado también hay más competencia. Es una espada de doble filo. El secreto radica en saber reinventarse y adaptarse. Es positivo y negativo a la vez.

"Ahora hay que convencer a los clientes de que nos contraten a nosotros y no a alguien que está dispuesto a hacerlo gratis. La competencia suele estar en el precio y no en la calidad"

Foto: Kike Calvo

¿Y cómo ves el fotoperiodismo ahora mismo?

Algo pachucho, en el sentido de que son malos tiempos para mucha gente, motivados por ese exceso de volumen de información de imágenes, esos fotoperiodistas improvisados… Ahora hay que convencer a los clientes de que nos contraten a nosotros y no a alguien que está dispuesto a hacerlo gratis. Ese es uno de los grandes dilemas.

"Enseño a volar drones, que van a tener el mismo boom que tuvo la telefonía móvil en su momento"

Cuando imparto clases siempre digo que tiene que haber una unidad muy fuerte. Pero es muy complicado. La competencia suele estar en el precio y no en la calidad. Creo existe espacio para el buen periodismo si nosotros, que en el fondo formamos parte del mercado, lo exigimos con nuestras decisiones a la hora de consumir televisión, periódicos, revistas, etcétera.

La fotografía para ti es algo más que un trabajo.

Es mi vida. La fotografía ha sido mi escuela, mi puerta al mundo, mi terapia en su momento. Y creo que allí radica mi secreto. No es algo que haga por un motivo en concreto sino que es algo que hago por un deseo interior que no está vinculado a nada ni a nadie. Es simplemente lo que es. No hago fotos de una especialidad concreta para facturar dinero, hago las fotos que me conmueven y sigo con la misma pasión que tenía el primer día. Aquellos que me conocen saben que soy exactamente igual que antes.

Foto: Kike Calvo
Foto: Kike Calvo

Antes hablabas de Ansel Adams. ¿Cuáles han sido tus referentes fotográficos?

Me he visto influenciado por imágenes de gente, pero soy totalmente autodidacta y cuando descubrí lo que otros habían hecho yo ya tenía mi propio estilo. No tuve una educación formal en fotografía. Tengo influencias, claro que sí. Como todos. Pero no he tenido ese deseo de haber querido ser como alguien. No me ha impactado una persona en concreto. Mi influencia ha sido algo mucho más abierto.

"Hace falta arte y talento, pero también destrezas que muchos no se molestan en desarrollar: relaciones interpersonales, contabilidad..."

Ya después, por ejemplo, pasé un semestre en el School of Art de la Universidad de Yale y en muchos otros lugares. Pero inicialmente fue mi propio deseo de conseguir un sueño el que me educó mediante la curiosidad.

Por otro lado, tampoco de joven tenía ningún fotógrafo que fuera mi ídolo. Yo siempre me preocupé por hacer lo mío, y durante años viví un tanto aislado; no interactuaba demasiado con otros fotógrafos. En estos últimos tiempos sí que he establecido lazos y relaciones con otros profesionales, y me alegro de haberlo hecho. He descubierto grandes amigos y profesionales, gente a la que admiro y respeto, y valoro cada uno de sus esfuerzos por llegar donde están.

¿Queda algo nuevo por contar?

Sin duda. Siempre que exista un sentimiento, positivo o negativo, habrá alguien que lo capte y lo cuente.

¿Cómo nace una imagen icónica?

He pensado mucho en eso, y creo que hay varios factores. Tiene que ser una imagen atemporal, que al cabo de muchos años, cuando alguien vea esa fotografía, siga teniendo impacto. En segundo lugar, debe haber una conexión emocional; no basta con que técnicamente sea perfecta. Incluso puede ser una imagen que tenga fallos técnicos pero que presente un lazo emocional muy importante. En tercer lugar, la imagen puede albergar un componente histórico también.

Foto: Kike Calvo
Foto: Kike Calvo

Muchas de tus imágenes están relacionadas con el agua. ¿Qué tiene este elemento que te atrae tanto?

Después de fallecer mi padre la fotografía fue para mí como una terapia, y gran parte de mis trabajos tenían que ver con la naturaleza. Durante muchos años exploré esa parte, y además de que es algo que me encanta, son temas que me dan mucha libertad mental. Además, siempre es un placer poder trabajar en la costa y rodeado de agua. Es una de mis especialidades.

Hace un tiempo también estuviste en Panamá documentando las comunidades emberá.

Ese trabajo se hizo para la Agencia de Cooperación Española en Panamá, y me di cuenta de que eran comunidades de desplazados de Colombia que al final terminaron en distintos parques nacionales. Era una historia de desplazamientos en un lugar que es muy pequeño, y estaban muy presionados. Le dediqué mucho tiempo a este proyecto y a contar sus vidas. Luego hice otro proyecto que se llamó “Hijos de un pescador”, que trataba sobre los hijos de personas vinculadas al mundo de la pesca.

¿La fotografía documental funciona mejor en blanco y negro?

Durante un tiempo estuve dando clases de fotografía en las Leica Academy de Nueva York y Washington, aunque ahora trabajo con Nikon. Cuando empecé a trabajar con Leica fue como volver a mis orígenes como fotógrafo, y en lugar de disparar todo más automático, todo era más pausado a la hora de crear una imagen. Ese proceso de cambio de equipo modificó mi manera de ver las cosas, de modo que me di cuenta de que en algunas de mis imágenes no necesitaba el color para transmitir lo que quería transmitir.

Foto: Kike Calvo

¿Son historias como estas las que se te meten en el cuerpo?

No solo este tipo de historias. Cuando caminas en paralelo con una persona y documentas su vida tú también estás recibiendo una influencia constante, tanto de lo positivo como de lo negativo. Y después de un trabajo concreto todos cambiamos o evolucionamos. A mis alumnos siempre les hablo de la madurez personal que percibo en las personas y de cómo esta se traslada al ámbito profesional.

Por lo que dices, el fotógrafo que cuenta una historia es algo más que un simple mensajero.

Todos los viajes cambian a las personas, y generalmente para bien. En una entrevista que me hicieron hace un tiempo hablaba sobre el hecho de viajar y de cómo el estar lejos te acerca más a las personas que están cerca de ti. Aunque intuitivamente quien no se mueve piensa lo contrario, creo que esa separación potencia los vínculos con las personas.

"Mi consejo para alguien que quisiera hacer algo parecido es que nunca deje de soñar. Pero hay que ir paso a paso. Las nuevas generaciones no han entendido eso todavía"

Foto: Kike Calvo

¿Cuál es el mensaje inherente en tus trabajos que al final percibe el observador?

Esa pregunta es complicada. Casi necesitaría meditarla y responderte mañana. Pero la realidad es que todo mi trabajo está hecho con el corazón. Pienso con la cabeza pero disparo con el corazón. Cuando la gente me conoce y escucha las historias que hay detrás de mis trabajos ven que es algo genuino hecho con el corazón. Y que los proyectos que elijo, los elijo porque creo en ellos.

Uno de esos proyectos te ha llevado hasta la Antártida.

Sí. Con National Geographic recorrimos la ruta de Shackleton, el explorador polar que quedó atrapado en el hielo durante tres años. Fue una expedición especial que duró casi un mes.

Foto: Kike Calvo
Foto: Kike Calvo

Un proyecto así no se consigue de la noche a la mañana.

La verdad es que no. Me considero un privilegiado y estoy muy agradecido, y me ha costado mucho llegar hasta aquí. El 5% es inspiración y el resto es trabajar muy duro. Aquellos que participan en este tipo de expediciones son personas que trabajan como locos.

Así que mi consejo para alguien que quisiera hacer algo parecido es que nunca deje de soñar. Tanto la sociedad como la vida nos crean unas trabas físicas y mentales que nos quieren hacer pensar que hay cosas que no podemos conseguir. Pero nunca hay que dejar de soñar y querer hacer todo aquello que se quería hacer cuando uno era niño. Si se hace con toda la carne en el asador, entonces puede funcionar.

Pero no hay que caer en el error de quererlo todo de inmediato. En este tipo de carreras hay que ir paso a paso. Las nuevas generaciones no han entendido eso todavía. Hay que ser moderno pero clásico a la vez, y no perderse en el proceso. Hay que saber ver tanto el producto final como el trabajo que hay detrás. Nunca dejéis de soñar.

Foto: Kike Calvo

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