• "No tenemos intención de imponer nada en el mercado"
  • "Era la primera vez que probaba la doble exposición"
Entrevista
Foto: Iker Morán (Quesabesde)
KAZUTO YAMAKI, SIGMA

"Todos los sectores necesitan una empresa que haga locuras"

18

Charlamos de ópticas y cámaras con el máximo responsable de Sigma

28
OCT 2014
Iker Morán   |  Barcelona

Cualquiera que observe la trayectoria de Sigma en los últimos años no tardará mucho en llegar a dos conclusiones: que la reestructuración de su oferta fotográfica y la apuesta por la calidad y el “Made in Japan” han sido todo un acierto, y que detrás de la cabezonería de la marca por mantener sus cada vez más peculiares cámaras tiene que haber alguna explicación ajena a la lógica habitual del mercado.

Sigma no es una compañía al uso, reivindica su director ejecutivo, Kazuto Yamaki. Él tampoco es el clásico CEO japonés. Impecablemente vestido –traje con chaleco y pañuelo blanco asomando del bolsillo de la chaqueta-, escucha y pregunta a los medios reunidos en la sede barcelonesa de Reflecta, importador oficial de la firma para España.

No es una entrevista ni una rueda de prensa, sino más bien una conversación a varias bandas en las que él también responde, eso sí, sin sobrepasar los límites cuando se le pregunta por futuros lanzamientos de la marca. El estilo nipón es inamovible.

Tras asumir hace tiempo el mando de la compañía de manos de su padre, Yamaki inició hace dos años una profunda reestructuración del catálogo de ópticas de Sigma. El anuncio fue en la feria Photokina de 2012, y lo que parecía un simple plan de marketing ha acabado siendo un nuevo rumbo.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Una dp2 Quattro nos acompaña durante toda la charla.

“Made in Japan” podría ser el mejor resumen de esta apuesta, y los aclamados objetivos de la saga Art –con el permiso de los teleobjetivos de la línea Sport- son los mejores representantes de la nueva Sigma. Si hasta ahora había sido la opción asequible a las marcas oficiales, algunas de sus últimas ópticas superan sin complejos a sus competidoras y se sitúan en lo más alto en cuanto a calidad y construcción.

¿Por qué no un 50 mm tan pequeño como los de Canon y Nikon? La prioridad es la calidad y no el tamaño, asegura Yamaki

Como suele ocurrir, al final es todo una cuestión de prioridades y equilibrio. Así lo explica Yamaki cuando se le pregunta por las dimensiones del reciente 50 mm f1.4. ¿Se podría haber hecho más pequeño? Sin duda, pero no con la misma calidad, explica, y la prioridad de la compañía ahora mismo es ofrecer la mayor calidad.

Pero no es solo la típica frase previsible, sino que detrás hay un razonamiento muy bien asentado. “Quienes quieran un 50 milímetros más pequeño ya tienen las opciones de Nikon y Canon, así que nosotros apostamos por ofrecer lo que no había en el mercado.” Teniendo en cuenta que hablamos de una óptica que solo ha recibido piropos desde su lanzamiento y cuya lista de espera es reseñable, parece que el camino es el correcto.

Hecho en casa

“Hace poco fabricar todos los componentes y montar las ópticas en Japón podía parecer una locura, pero igual el tiempo nos acaba dando la razón”, defiende Yamaki. El aumento de la resolución de las cámaras hace que cada vez hagan falta ópticas de mayor calidad, comenta, y para conseguir eso se necesitan unas condiciones de producción muy concretas.

Según explica, este segmento no funciona como una planta de ensamblaje de cámaras. No basta con unir componentes, sino que cada una de las personas que participan en el proceso tiene que estar cerca la una de la otra. Al fin y al cabo, sigue siendo una cuestión física (moldear, pulir…) con un margen de error mínimo.

“Tal vez nos equivocamos y pusimos un precio demasiado bajo”, bromea Yamaki al hablar de la habitual comparación con las ópticas Zeiss

De momento Sigma ya tiene lista una nueva planta que entrará en funcionamiento en diciembre para ampliar su capacidad productiva, y sobre el papel hay más planes de expansión. Pero se trata, matiza, de un crecimiento lento, porque si tras una gran ampliación cae la demanda, habría que despedir trabajadores. “Y no quiero hacer eso”, recalca.

Ese enfoque por la calidad hace que la comparación de los objetivos de Sigma con las ópticas Zeiss se haya vuelto un tema bastante recurrente. Yamaki reconoce que es todo un honor. Estamos hablando además de objetivos que son tres veces más caros. “Tal vez nos equivocamos y pusimos un precio demasiado bajo”, bromea.

¿El truco? Habrá muchos, pero señala uno: dar prioridad a los gastos en investigación e ingeniería frente al marketing o a la propia estructura administrativa de la empresa.

¿Un 24-50 mm f1.8?

Tras el 35 mm f1.4 y el citado 50 mm f1.4, parece lógico pensar que el siguiente paso de Sigma dentro de su gama Art sería un objetivo de 85 milímetros. Una focal fija y clásica que muchos ya esperan ver dentro de poco en el catálogo. ¿Verá la luz en la feria CP+ de comienzos del año próximo?

Por supuesto no hay respuesta a ninguna de las dos preguntas, aunque sí promete novedades para esa cita nipona, que si bien no tiene demasiada repercusión internacional, las compañías del país –es decir, la mayoría de firmas del sector fotográfico- cada año cuidan más.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Pero, puestos a pedir, ¿por qué no un zoom profesional y muy luminoso? El fotógrafo Jordi Cohen, también presente en la charla, pide a sabiendas de que es mucho pedir un 24-50 mm f1.8 para formato completo. Yamaki sonríe. Se podría llegar a hacer, asegura, pero no con la calidad que nos gustaría o al menos no con un buen rendimiento en su máxima apertura.

Y es que para el máximo responsable de Sigma ninguno de los zooms 24-70 mm f2.8 actuales son excelentes hasta el nivel que él aspira alcanzar. Solo la última versión de Canon, señala sin tapujos a la hora de hablar de la competencia, es realmente buena.

Locuras de empresa familiar

La charla se vuelve más interesante cuando Yamaki pone sobre la mesa su dp2 Quattro. Y es que si en el terreno de las ópticas el trabajo de Sigma es intachable, su empeño por defender la tecnología Foveon y lanzar cámaras tan extrañas como ésta es algo difícil de entender para muchos.

Él lo explica de forma muy sencilla: las cámaras eran el sueño de su padre, y como son una empresa familiar se permiten hacer este tipo de “locuras”. Aquí no hay una junta de accionistas que pida resultados o presione para maximizar beneficios, comenta. Si fuera así, hace tiempo que las cámaras Sigma ya no existirían porque él mismo reconoce que pierden mucho dinero con ellas.

Sigma pierde mucho dinero con ellas, pero las cámaras eran el sueño del padre de Yamaki

Reconoce seguir con atención los insistentes rumores sobre una nueva generación de sensores con una estructura de capas similar a la que desde hace tiempo defienden con sus Foveon. ¿Y si el futuro va por ahí? De momento no ha habido ofertas para adquirir esta tecnología. Al menos no ofertas serias, puntualiza.

¿Y ese diseño tan extraño de la última generación DP? Pese a que tiene una explicación lógica para justificarlo –hace falta espacio para los procesadores que necesita el sensor-, también hay algo de distinción en esas formas tan singulares, reconoce. Pero no es una cámara rápida ni especialmente cómoda. “Quien se compra un Ferrari no pregunta por el maletero”, responde.

“Todos los sectores necesitan una empresa que haga locuras”, remata con su DP2 Quattro entre las manos. En nuestra relación de amor-odio con estas rarezas de Sigma, tras escucharle, ahora mismo la balanza se inclina más hacia la primera parte de la ecuación. En el fondo somos unos románticos, y escuchar cosas así en un segmento a veces tan gris como éste resulta reconfortante.

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