• Andoni Lubaki: "De repente en sitios así hay pinceladas de color"
  • Julio Bittencourt: "Es el testamento de un fracaso"
Con texto fotográfico

“Países desarrollados y grandes empresas están detrás del expolio del coltán" Judith Prat

9
Foto: Judith Prat
19
DIC 2013
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

La problemática del coltán en la República Democrática del Congo podría explicar -en parte- el porqué de la situación de pobreza que padece África. Judith Prat se percató que la falta de control sobre la extracción y el comercio de este mineral -imprescindible para las nuevas tecnologías- socava la capacidad del país de aprovechar la riqueza que generan sus recursos naturales. La fotoperiodista aragonesa quiso ir a la raíz del problema que sufre uno de los países clave del continente africano: la explotación -en condiciones de semiesclavitud para los trabajadores- de las minas de coltán a manos de grupos armados.

Judith Prat

Tras un primer viaje a la República Democrática del Congo comprendí que la principal causa del largo y complejo conflicto que llevan sufriendo desde hace ya 20 años es el expolio de las riquezas minerales que tiene el país. Así que, tras haber visto y documentado las consecuencias de la guerra sobre la población, pensé que tenía que contar el origen, las causas.

En el este de la República Democrática del Congo se concentra el 80% de las reservas mundiales de coltán, un mineral hiperconductor fundamental para el desarrollo de nuevas tecnologías como la telefonía móvil, los ordenadores, los videojuegos, las armas inteligentes, la industria aeroespacial...

El conflicto se sitúa en un escenario con más de 20 grupos armados diferentes que en ocasiones se financian mediante el control de las minas, actuando con impunidad al servicio de los intereses de los países desarrollados y las grandes empresas, que son quienes están detrás del expolio de los minerales del país. El conflicto se perpetúa y el coltán sigue saliendo del país sin control.

"Las condiciones de trabajo de los mineros son duras y peligrosas en extremo. Todo por apenas 7 dólares diarios, cuando una tonelada de coltán alcanza los 400.000 dólares"

Cuando llegué a Goma, capital de Kivu Norte, el ejército congoleño acababa de expulsar al M23, el principal grupo armado del país, de la zona. Había un alto al fuego en la provincia que me facilitó viajar a Rubaya, a unos 50 kilómetros de Goma, donde se concentra buena parte de las minas de coltán.

Para acceder a la mina de Nyange, donde realicé el reportaje, había que caminar durante tres horas desde Rubaya montaña arriba. Los mineros subían la montaña de madrugada todos los días para ir a trabajar a la mina. Había llovido toda la noche y la montaña estaba envuelta en niebla.

Al subir vi la figura de este hombre recortada contra la niebla y me di cuenta de que la llegada a la mina era inminente, que ya estaba en el lugar donde haría las fotografías. Ésta fue la primera foto que hice, y nada más hacerla supe que sería la que abriría el reportaje. Era como premonitoria de lo que vería, porque sobre la montaña cortada y entre la niebla se adivinaban las siluetas de los mineros cuando apenas estaba amaneciendo. Gran parte del trabajo se desarrolla a cielo abierto.

La idea que tuve al ver todo aquello es que se trataba de un gran hormiguero. Hay alguna toma que muestra lo atestada que estaba la mina de trabajadores. Me dio la sensación de que se trataba de un lugar muy duro e inhóspito.

Las condiciones de trabajo de los mineros son extremadamente duras y peligrosas, dado que la extracción del mineral se sigue realizando de manera tradicional. Muchos son desplazados internos del conflicto que acuden a las minas huyendo de otras zonas de mayor violencia con el objetivo de encontrar un modo de subsistencia que generalmente es más precario.

Deben enfrentarse a jornadas de trabajo de 15 horas, a los derrumbes constantes de las galerías subterráneas donde a menudo pierden la vida, a realizar trayectos de varias horas transportando sobre sus hombros sacos de coltán de unos 50 kilos en un terreno escarpado y resbaladizo. Todo ello por apenas 7 dólares diarios, cuando el precio de una tonelada de este mineral en el mercado internacional alcanza los 400.000 dólares.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

9
Comentarios
Cargando comentarios