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Con texto fotográfico

"En la playa la gente va a su bola" Juan Manuel Díaz Burgos

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Foto: Juan Manuel Díaz Burgos
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AGO 2016
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Playa de Rota, Cádiz. Finales de los 80, principios de los 90. El turismo español que desconecta y se desinhibe en la arena y el agua es el objetivo de Juan Manuel Díaz Burgos. El fotógrafo murciano realizó un documento espontáneo e irónico que ayuda a comprender el veraneo de playa y sol en el país. Un ejercicio de fotografía callejera que, a día de hoy, probablemente sería un poco más complicado hacer.

Juan Manuel Díaz Burgos

La justificación de este trabajo es un tanto grotesca. Aquel primer año [1988] mis hijas tenían ocho y nueve años, respectivamente, y tenía que llevarlas a bañar, pero a mí la playa no me gusta. No hay cosa que más me repele que tener el cuerpo rebozado de arena. Me encanta el agua. Nací a escasos 400 metros del Mediterráneo, y he vivido toda la vida con el olor del salitre y la humedad, pero la playa no la tolero.

Así que me busqué una excusa para hacer algo que realmente me gustara mientras las llevaba a bañarse, y evidentemente eso era la fotografía. Me planteé hacer un reportaje en la playa. A mí siempre me han gustado los retos en fotografía porque me dan fuerza y coraje para intentar hacer temas para los que en principio diría ‘¡no lo hago!’.

También me sirvió para liberarme de lo que estaba haciendo en fotografía aquellos años, que era retrato. Si hay algo que trabajé y dominé aquella época y por lo que a mí se me conocía, era por el retrato. Pero yo necesitaba ya un descanso, porque lo veía como demasiado fácil: ya no suponía ese reto que me ayudaba a crecer.

Recuerdo que empleé cuatro o cinco cámaras, a cada cual más económica. La primera era prácticamente un cajoncito con una lente de plástico, por si se me estropeaba en la playa. Luego me prestaron una cámara acuática Nikonos para hacer fotos en el agua, y finalmente acabé comprándome una.

Foto: Juan Manuel Díaz Burgos

Conforme iba haciéndolo, iba editándolo. Algunos años, cuando volvía a casa a Cartagena, revelaba los carretes en el laboratorio, pero algún año incluso me llevé los utensilios para poder ir revelando y ver in situ lo que iba saliendo día a día. Fue un trabajo de mucha constancia y con un proceso de edición arduo, porque al final salieron casi 5.000 negativos de paso universal en todos estos años.

No hay una estética en mis fotos. Huyo de ella. Yo busco otra cosa en la fotografía. No quiero decir que en un momento dado no se dé, pero para mí no es lo importante. Yo busco un diálogo, una propuesta que siempre tiene algo que ver con la vida. Yo me tengo por un fotógrafo documental humanista. Entiendo que cada vez que se hace un clic en una cámara se está haciendo un documento, aunque sea para hacer una foto de un DNI.

"No hay una estética en mis fotos. Huyo de ella. Yo busco un diálogo, una propuesta que siempre tiene algo que ver con la vida"

Mi fotografía es siempre un poco irónica al mismo tiempo que intento insinuar cosas, aspectos de la vida. La playa para mí era eso. Si te das cuenta, al ver todo el trabajo hay una mezcla de arrugas y grasa que no tienen importancia y se ven con ironía.

De hecho, para el primer catálogo que edité me fotografié a mí mismo con un flotador de pato, una toalla colgando y enseñando la barriga. De esa forma ironizo conmigo mismo, porque muestro respeto por toda la gente a la que fotografío. Nunca trato de sacar a la gente en una posición que pudiera ser como una risa hacia ellos.

Esta es de las fotos que está hecha en tierra. Llegó un momento en el que cuanta más gente veía, más me animaba, y yo me daba mis paseos por la orilla, sobre todo los fines de semana, que se ponía la playa absolutamente atestada de gente. Iba siempre con los ojos ávidos de imágenes, muy atento a lo que pudiera pasar, y llevaba la cámara medio tapada para que no se viera, liada al puño.

Ahí yo vi salir al niño corriendo del agua, con una prontitud y una celeridad que intuí que algo iba buscando. Llegó justo donde estaba la abuela -supongo que sería su abuela-, y ahí se produjo en un momento dado la escena. Recuerdo que tuve que adelantarme y dar tres o cuatro pasos rápidos para llegar antes de que el chaval acabase y la escena desapareciese. Incluso estiré el brazo porque no llegaba. Nada más me dio tiempo a tomar una foto.

Foto: Juan Manuel Díaz Burgos

Todas estas fotos están hechas con un 35 o un 28 milímetros. Trabajo con angular, con lo cual necesito pegarme a la gente para fotografiarla. Yo creo que no se dio cuenta nadie: hice la foto y me fui. En la playa la gente va a su bola, se desinhibe, y creo que por eso en gran parte pude hacer este trabajo. Y ese era uno de mis grandes retos de los que hablaba al principio. Esta foto es en gran parte eso. Todo el mundo va a lo suyo: el niño que mea en la playa, la abuela que le da igual…

Si ves la foto, te das cuenta de que no está encuadrada perfectamente porque no miré [por el visor]. De alguna manera, si hubiera mirado, la gente que actuaba de una forma espontánea se habría cortado ante la presencia de una cámara. Sea ajena o propia, todos queremos posar y dar nuestra mejor imagen, así que hay que mimetizarse con la gente y pasar totalmente desapercibido. Más del 90% de las fotos están tiradas sin mirar. Llegué a coger destreza incluso en las verticales, donde casi no había error de paralelaje.

"Más del 90% de estas fotos están tiradas sin mirar. hay que mimetizarse con la gente y pasar totalmente desapercibido"

A veces veía que de pronto se metía en el agua una señora que me interesaba fotografiar, y yo me tiraba detrás de ella con la cámara bajo el agua para que no la viera, y la sacaba solo en el momento del disparo. Pero el Atlántico es un poco más movido que el Mediterráneo, y algunas personas se me metían tan adentro que, cojones, yo pensaba: ‘¡Coño, ya está bien aquí! ¡No te metas más para dentro, cabrón, que me voy a ahogar!’.

En ese sentido lo pasé un poco mal en algunas fotos, pero también es verdad que en general me divertí mucho. Fue un poco un ejercicio de voyeurismo que entronca con un libro que hice en La Habana, ‘Deseo’, y que habla sobre las relaciones amorosas de las parejas.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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