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Porfolio

Salones eróticos: por dentro y por fuera

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El alicantino José Javier Román nos ofrece una visión sobria e intimista del universo de los salones y festivales eróticos

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JUL 2016

A pesar de tratarse de un objeto de consumo casi universal y ser una industria boyante, lo cierto es que el mundo de la pornografía sigue despertando ciertos recelos entre buena parte de la población y sigue siendo una actividad que destila cierto secretismo. Capturadas en un imponente blanco y negro durante los festivales eróticos de Murcia, Valencia y Alicante, las imágenes del fotógrafo alicantino José Javier Román nos ofrecen una visión elegante y sobria de estos eventos, mostrando a sus protagonistas bajo los focos y también entre bambalinas, alejados del frenesí de los espectáculos eróticos.

Román se acercó por primera vez a una salón erótico movido por la curiosidad, tal y como él mismo nos explica. Lo que allí se encontró le impactó más de lo que él mismo esperaba. En las primeras visitas se centró en lo que ocurría en las actuaciones y escenarios principales, pero pronto quiso profundizar un poco más en el fenómeno y adentrarse en la rutina y la intimidad de actores y actrices.

"Descubrí que detrás de su imagen descarada e insolente hay hombres y mujeres que destilan simpatía, generosidad, humanidad y profesionalidad"

"Después de acudir a varios festivales de este tipo, al final conseguí acceder a los camerinos e incluso a sus habitaciones. Gracias a su amabilidad descubrí que detrás de la imagen descarada e insolente que ofrecen al público los actores hay hombres y mujeres que destilan simpatía, generosidad, humanidad y profesionalidad."

Román no duda en destacar lo abiertos y colaboradores que se mostraron los actores y actrices en todo momento: "Las primeras veces tuve la suerte de estar solamente con un amigo y fue todo muy tranquilo y natural. Nadie me puso ningún problema a la hora de estar allí haciendo fotos. El último festival al que fui coincidí con otros fotógrafos en los camerinos y la cosa no fue tan bien: no se respetaban entre ellos ni a los actores; era imposible hacer nada."

El equipo fotográfico utilizado para realizar estas fotografías también fue cambiando a medida que Román se introducía más y más en las entrañas de los festivales: "La primera vez fui con una Nikon D7000, un 35 mm y el 11-16 mm f2.8 [de Tamron]. Luego, por comodidad, solo me llevaba una Fujifilm X100 que me resultaba perfecta para pasear por el festival y los camerinos. Actualmente llevo una Fujifilm X-T1 con un 23 mm f1.4 como compañera inseparable."

Admirador de Elliott Erwitt, Josef Koudelka y Sergio Larraín, Román confiesa que actualmente está ejerciendo de fotógrafo de bodas, "que es lo que me da algo de dinero", aunque ya trabaja en otro proyecto dedicado al mundo del erotismo. Concretamente al shibari, una práctica japonesa que consiste en atar a modelos desnudas siguiendo ciertos principios técnicos y estéticos.

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