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Con texto fotográfico

"Seguí con mi trabajo sin sospechar que aquella foto sería la más importante de mi carrera" José Antonio Rojo

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Foto: José Antonio Rojo
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MAR 2016
Declaraciones obtenidas por Eduardo Parra

José Antonio Rojo es un fotógrafo de la vieja escuela. Comenzó su actividad profesional en 1983, cinco años antes de licenciarse en Periodismo. Fotógrafo en Diario 16, Europa Press, la revista Dinero y la Gaceta de los Negocios, este madrileño lleva prácticamente 20 años centrando su actividad en la fotografía corporativa, aunque nunca ha abandonado del todo el fotoperiodismo. De sus inicios en estas lides recuerda con especial cariño la foto más importante de su carrera: un retrato del ya desaparecido Juan Carlos Argüello, alias Muelle, a quien Madrid le dedicará una calle.

José Antonio Rojo

Eran los últimos años de la Movida Madrileña. Lo que había sido un movimiento espontáneo y marginal se había integrado en lo que hoy los modernos llaman cultura de masas: aquellos jóvenes irreverentes empezaban a aparecer en las revistas de información general.

En 1987 yo era un recién licenciado en Periodismo que colaboraba como fotógrafo en la revista Tiempo. Ya había pasado por las redacciones de Diario 16 y Europa Press, y en ese momento ya era un fotógrafo especializado en trabajar en color, lo que no era poca cosa en esos tiempos en los que el blanco y negro imperaba. En 1984 viví la conversión del primer diario español que empezó a publicar fotos en color: Diario 16.

En ese momento era todo un desafío. Los fotógrafos teníamos que cubrir todas las noticias con dos cámaras a la vez: una cargada con diapositivas y otra con negativo en blanco y negro. Aún recuerdo a mi jefe advertirme: ‘Cuidado, que es colorín.’ Tal era el temor que se le tenía a la diapositiva en aquel entonces. Otro refrán de la época: negativo pasado, negativo salvado.

"Los fotógrafos teníamos que cubrir todas las noticias con dos cámaras: una cargada con diapositivas y otra con negativo en blanco y negro"

Trabajar con diapositiva era muy delicado. Un error de un diafragma te estropeaba el trabajo. Debo agradecer a mi paso por Europa Press el dominio del color. Allí aprendí a revelar en manual con el proceso E-6, pasando los rollos de película con la mano a través de siete tóxicos baños químicos.

En la revista Tiempo los free lance recién llegados hacíamos los temas menores. El Parlamento y las estrellas de cine eran para los fotógrafos en plantilla. Aquella mañana de 1987 Antonio Tiedra, jefe de fotografía de la revista, me encargó unos retratos de un joven grafitero que tenía Madrid plagado de firmas. Era Juan Carlos Argüello, más conocido como Muelle. Quedé con él en el Círculo de Bellas Artes, ya que pensé que su terraza podía dar juego para las fotos. En esa época se podía recorrer el edificio sin que nadie te dijera nada.

Me encontré con un joven entusiasta con el que enseguida hubo complicidad. Subimos a la terraza que domina todo Madrid bajo la custodia de la escultura de la diosa Atenea. Juan Carlos no se quiso quitar las gafas, una mezcla entre anonimato deseado y pose rockera. Probamos varias opciones, e incluso llegó a pintar una firma con espray en uno de los muros. Al final se me ocurrió que se firmara la mano con rotulador, y nos subimos a una torre que hay sobre la terraza para que destacara con el fondo de su ciudad.

Ese día me hizo un gran regalo: una firma suya dedicada en un baldosín catalán que se había soltado de la solera. Todo un honor para mí. Años después alguien lo rompió por accidente. Tras el disgusto lo logré recomponer pieza a pieza, y ahora se asemeja a esas vasijas romanas que la paciencia del arqueólogo ha reconstruido con mimo.

La foto con la icónica firma de Muelle en la mano izquierda se publicó días después en la revista. Seguí con la rutina de mi trabajo diario sin sospechar que aquella foto sería la más importante de mi carrera. En 1989 fue seleccionada en la edición de los premios FotoPres patrocinados por la Fundación La Caixa y expuesta en Madrid y Barcelona. En 1995 Juan Carlos fallece y mi foto se convierte casi en el único recuerdo gráfico que permanece de él.

Cuando Miguel Gómez en el año 2000 seleccionó las fotos que debían formar parte de la exposición ‘25 años después. Historia de la Transición’ decidió contar con ella. La exposición, patrocinada por la Fundación Telefónica, contó en la inauguración con la presencia del rey Juan Carlos y la reina doña Sofía. Al acercarse para ver la foto tuve la posibilidad de explicarles quién era Juan Carlos Argüello. Recuerdo la cara de curiosidad de la reina.

En 2003 formó parte de la exposición ‘Libert@d de expresión. 25 años de la Constitución española' organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. Esta muestra, que itineró por los institutos Cervantes de todo el mundo, comenzó en el Centro de Cultura Mediterránea de Valencia. En 2014 formó parte del libro sobre el mundo del grafiti 'Firmas, muros y botes', de Felipe Gálvez y Fernando Figueroa.

Pero lo que más ilusión me ha hecho es que numerosos grafiteros se han inspirado en mi obra para sus creaciones. La más destacada, el mural realizado por Padu en Mulafest 2013. Hoy Muelle vuelve a ser noticia: le van a dedicar una calle en su madrileño barrio de Campamento y mi foto vuelve para poner cara a un mito de la historia reciente de Madrid.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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