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Con texto fotográfico

"Ese microcosmos es una metáfora de Venezuela" Jorge Silva

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Foto: Jorge Silva (Reuters)
9
OCT 2014
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Caracas, ciudad de contrastes. Desde suburbios controlados por bandas hasta lujosos barrios residenciales. Desde violentas protestas hasta la apacible vida en la conocida como Torre de David. Precisamente este icónico edificio de la capital venezolana, un rascacielos a medio construir ocupado por centenares de familias, es el escenario del documento gráfico que Jorge Silva, fotógrafo mexicano de Reuters, obtuvo poco antes de que empezara el desalojo y la reubicación de parte de estos inquilinos. Una historia de cohesión social, esperanza y lucha por una vida digna al abrigo de una torre inacabada que se ha convertido –para Silva- en la metáfora de una ciudad y un país.

Jorge Silva

La gente que vive en la Torre de David forma una comunidad que está al borde de una situación -por decirlo de alguna forma- ilegal. Viven en un constante asedio. La torre y su comunidad están en cierta forma amenazadas, y la presencia de cualquier persona ajena a ellas no es necesariamente bienvenida de inmediato.

Conocí a una persona de la junta que gestionaba el edificio, y gracias a ello pude hablar con gente de allí dentro. Les expliqué mi trabajo, les mostré mis fotos de historias similares, les dije que yo quería mostrar la vida cotidiana, sin ningún tipo de prejuicio ni denuncia. Lo hice porque la prensa local les ha tratado con mucho sensacionalismo, con fotos tomadas casi desde la ventana del auto. Todo muy superficial.

Hay muchas historias en la Torre de David. Por ejemplo, la de una familia que había vivido en un barrio completamente dominado y asediado por un par de bandas. Me contaron que todos los días tenían tiroteos en la puerta de su casa, que habían amanecido con gente casi muerta delante de casa. La mujer tiene cuatro hijos y vive con su esposo, repartidor de agua con un camión, y ella trabaja en una cafetería cerca del centro. Me decía que le daba pánico que sus hijos salieran por la tarde a la calle. Eran chicos de trece o catorce años.

Para ellos la torre se volvió un refugio. Vivían absolutamente felices allí dentro. Se sentían cómodos, tranquilos y seguros, a pesar de que tenían que subir cada día 27 pisos andando. Y subir con ellos la comida y el agua.

"Es un edificio que podría ser un centro financiero espectacular, que iba a ser económicamente muy poderoso y que al final terminó con esta gente viviendo dentro"

Un buen día me dijeron que en el piso 28 había un gimnasio y que en él vivía un chico que hacía pesas. Tardé tres o cuatro días en contactar con él porque nunca estaba; se pasaba todo el tiempo fuera. Pero me dijeron que pasaba allí todo el fin de semana entrenando. Así que fui a visitarlo un sábado y lo encontré allí, en su gimnasio.

Era algo totalmente improvisado, con las pesas hechas por él mismo, con fierros y con piezas que se iba encontrando de desecho, de rocas, de cemento… Tenía todo un gimnasio montado. En la foto parece que levanta unas ruedas de tren; no son pesas propiamente.

Yo he visto a gente que va al gimnasio, y ninguno tiene el físico que tiene Gabriel. Es impresionante. Durante la sesión en que le hice esta foto, cuando estaba terminando su ejercicio, me dijo refiriéndose a las vistas y al lugar donde vivía: ‘¿Acaso no soy el más rico entre los pobres?’ Fue una frase que me encantó.

Esta imagen es una parte del escenario de esta historia, de las familias que viven en la Torre de David. Es también una metáfora de lo que ocurre en toda Caracas, de la necesidad de la gente de tener una vivienda y luchar por un espacio en el centro de la ciudad. Y además en un edificio tan simbólico y pretencioso a la vez.

La pretensión del edificio es enorme: es una torre que podría ser un centro financiero espectacular, que iba a ser económicamente muy poderoso y que al final terminó con esta gente viviendo dentro. Con todo lo que significa el universo venezolano, el microcosmos de la torre es un ejemplo perfecto de lo que ocurre en el país: el gran sistema financiero colapsado, la gente organizada ocupando el edificio… Ese microcosmos representando Venezuela es una idea genial, una metáfora del país.

Además, la torre se ha convertido en el símbolo de Caracas, porque domina la ciudad. Desde muchos ángulos por donde vayas, cuando volteas [la esquina], ves la torre recortada en el cielo.

Entre ellos tienen unas reglas y hay un orden. Escuché historias de gente que de alguna manera incumplió las reglas y simplemente la comunidad les había expulsado. La cohesión y la organización son muy fuertes, y además la mayoría de coordinadores que hay en cada planta son mujeres. Son como unos pequeños líderes que conocen la cotidianidad de las 3.000 familias que viven ahí, aproximadamente.

La torre está en previsión de derribo en los próximos meses, pero están tan bien organizados que han conseguido negociar con el gobierno. Hace unas semanas sacaron [el gobierno venezolano] a la mitad de las familias y les dieron unos apartamentos en propiedad fuera de Caracas. Son unas construcciones más pequeñas, de unos 60 o 70 metros cuadrados. Y la promesa es que en los próximos meses saquen al resto.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

Fuentes y más información
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16 / ENE 2014
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