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Entrevista
JORDI OLIVER, FOTóGRAFO

"La cultura audiovisual de hoy es fast-cultura"

 
23
DIC 2007

De formación autodidacta, Jordi Oliver descubre que quiere ser fotógrafo en París, donde sobrevive tocando la guitarra en el metro. Decide entrar a estudiar en l'École des Images, pero dura dos semanas porque está empeñado en salir a la calle a fotografiar. En su larga trayectoria recibe la influencia de artistas como Cartier-Bresson, Robert Frank y William Klein, quienes para él han sido sus verdaderos maestros.

Como fotógrafo independiente, ¿cómo has sabido dónde ir a buscar las historias?

Con intuición. Además, era imprescindible que el tema me gustase socialmente. La intuición me animaba a pensar que tendría una cierta relevancia mediática y que me lo comprarían [el trabajo] al volver.

Oliver, en un autorretrato. | Foto: Jordi Oliver

Ponnos un ejemplo.

El reportaje del Cirque du Soleil. Viajo a Ámsterdam; allí conozco a una chica de marketing del circo, y a través de ella me introduzco dentro. Estoy un mes con ellos, cuando no dejaban estar más de un día incluso a fotógrafos de Magnum y National Geographic. Pero yo tenía el contacto.

Eso sí, a la vuelta, los medios se extrañan cuando les presento un circo. Espero pacientemente, y seis meses después, con la promoción internacional [del circo], me llaman para comprar el reportaje.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

En tu último trabajo, "Lessons", reflejas el día a día en las escuelas en Madagascar o la India, entre otros lugares. ¿Es el proyecto del que estás más orgulloso?

"Lessons" me llega con 40 años, una edad a la que ya has probado muchos estilos, y simplifica todo lo que yo quería conseguir con la fotografía: composición, equilibrio, colores, cuadros muy pictóricos... la búsqueda de la luz. Son fotos con mucho sentimiento, muy poéticas.

Aunque si me acojo a la vena romántica, quizás el reportaje de fotoperiodismo puro, en blanco y negro, del que estoy más orgulloso es el de Belgrado. Me encantó.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

¿Crees que en "Lessons" hay una carga más artística que de pura implicación periodística?

En las fotos hay mucha implicación, lo que pasa es que es una mirada muy diferente. Creo que lo que cambia respecto a los demás reportajes es que en "Lessons" tuve el tiempo necesario. Tiempo de mirar, de fotografiar... si me tenía que pasar una hora esperando a que pasase lo que yo quería, me sentaba y me esperaba.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

Son la veteranía y la calma de las que hablabas.

Se juntan muchas cosas. Cambiar el formato de 35 milímetros por el formato cuadrado de 6 x 6 también te obliga a trabajar de manera muy diferente.

Y casi siempre en analógico. ¿No has hecho nunca reportajes en formato digital?

Algo para prensa diaria, pero siempre intento compensar el uso de los dos formatos. Tiro en digital, y después [utilizo] dos o tres carretes de 6 x 6 en la misma historia, para combinar.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

Es curioso: en vez de prescindir de uno de los dos sistemas, intentas convivir con ambos.

Sí, siempre intento aprovechar lo que cada uno me ofrece. El otro día estaba haciendo un tema sobre el otoño en las escuelas, y después de disparar muchísimo con la cámara digital a los niños para asegurar, cojo el analógico y pienso: "Ahora voy a disfrutar de mis cuadros."

Y siempre me acaban comprando las fotos que he hecho en medio formato. Curioso, ¿no?

En Nueva York conviviste con "homeless" para preparar un reportaje.

Fue casualidad. Yo buscaba un tema para hacer mi primer reportaje en color y vi a dos gemelos en la cola de un comedor social. Me acerqué a ellos y empecé a hacerles fotos, y acabé conviviendo dos meses con ellos.

Foto: Jordi Oliver

¿Por qué no te presentaste como fotógrafo?

No tenía nada claro qué iba a salir de allí. Lo hice también por vivir la experiencia, la aventura. Era Nueva York y tenía algo de miedo. La relación que se fue formando era un intercambio: yo les hacia fotos y les invitaba a cerveza, les llevaba a sitios... había complicidad.

¿Siempre te implicas tanto en las historias?

Sí, y siempre vuelvo deprimido de todos los sitios.

Foto: Jordi Oliver

Un buen día decides dejar el reportaje y dedicarte a la publicidad.

La verdad es que no fue intencionado, sino casual. Venía de Nueva York y tenía un buen bagaje, ganas de hacer fotos y buscar trabajo. Pero te das cuenta de que hacer tus temas es una inversión en la que recuperas dinero, pero nunca ganas.

Antes, si quería irme a África, me iba sabiendo que, si me gastaba unas 100.000 pesetas, La Vanguardia me iba a pagar a la vuelta 150.000.

Y es por eso que decides hacer publicidad.

Por eso y porque ellos estaban buscando miradas como la mía. Desde 1995 hasta 2002, la publicidad se acerca a la gente a través de la foto "casual", y entonces los creativos me cuelgan esa etiqueta, sobre todo en Madrid.

¿Por qué un buen fotoperiodista no puede ganarse la vida con su trabajo?

Es una cadena. Los magazines no arriesgan a dar grandes reportajes por miedo al gran público, lo que afecta directamente a los reporteros, que encima están mal pagados.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

¿Y cuál es la solución?

Tienes que tener buenas fuentes, buenos contactos... Eso sí, los principios son difíciles.

Tras un tiempo en el sector publicitario, dejas la fotografía fija y te metes en el mundo del documental.

Sí, la publicidad me quemó. Estuve cinco años muy potentes en ese mundo, con mucho estrés, muchas campañas, muchos viajes... y al final tuve ganas de dejar apartada la cámara porque no lo aguantaba más. Ya no salía a la calle a hacer fotos, ni reportajes, ni nada.

Foto: Jordi Oliver

¿Cómo se produjo el salto?

Visitando una exposición brutal en el CCCB [Centre de Cultura Contemporània de Barcelona] de Johan van der Keuken, fotógrafo y cineasta. Esa visita me cambió.

Él había pasado de la imagen estática al movimiento. Empecé a mirarme toda su obra y pensé que quería ser como él. Me apunté a un máster de documental, y dio la increíble casualidad que el primer día de clase lo tenía a él de profesor.

Foto: Johan van der Keuken

Y eso de apostar por el vídeo documental, ¿qué aspectos de tu vida profesional ha mejorado?

El mundo del fotógrafo es muy individualista; no se explican bien las cosas, todo es muy cerrado... En cambio, en el [mundo del] audiovisual, desde la primera línea de guión estás compartiendo: con la productora, con el guionista, con el de sonido... Yo quería trabajar en grupo.

¿Qué ofrece la imagen en movimiento que no lo haga la fotografía?

El sonido. Sobre todo el sonido y las secuencias. Me encanta cuando estás rodando un documental y, de repente, toda la secuencia se convierte en un solo plano de dos o tres minutos.

Eso es magia. Quizás sea el mismo punto de excitación que cuando consigues parar un instante.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

Medios de comunicación, publicidad, cine... El público está sometido a un bombardeo de imágenes. ¿Qué opinas de la cultura audiovisual de hoy en día?

La gente tiene cultura, pero todo va demasiado deprisa. Más que cultura, es fast-cultura. La mirada no está educada, nadie se para a pensar. Si te fijas en las series o los videoclips, los cambios de plano son súper rápidos, no te da tiempo de disfrutar del encuadre, de la luz...

No hay tiempo.

Ni siquiera en el cine. Si un plano dura quince o veinte segundos en vez de cinco, la gente empieza a ponerse nerviosa. Yo soy de estos, de alargar el plano hasta acabar con la paciencia de la gente.

La crítica te tildará de hacer películas "demasiado lentas"...

Todo depende. Si yo estoy en África grabando, el ritmo de África es lento. Si en cambio estoy en Nueva York, la cosa va mucho más rápida.

Foto: Jordi Oliver
Foto: Jordi Oliver

Y por eso decidiste dar clases, para educar la mirada.

Por varias razones. Primero, quería explicar las experiencias que yo había tenido como fotógrafo y transmitirlas a futuros profesionales. Educar la mirada que creo que falta y, sobre todo, la manera de enseñar.

He hecho muchos cursos, y te das cuenta de que no se está enseñando a sentir la fotografía. Todo es muy mecánico, como [si fueran] robots.

¿Y qué enseñas que sea diferente?

Aplico el método con el que me enseñaron en Nueva York; es lo que intento transmitir. Primero, a sentir la fotografía, a conocernos a nosotros. Y después, ver qué cambios hay que ir haciendo para seguir aprendiendo.

Foto: Jordi Oliver

Háblanos de alguna de tus imágenes que reúna esas características que buscas en la fotografía.

Es una imagen del Raval [en el centro Barcelona], donde aparecen unos personajes saltando, jugando a baloncesto. Es un instante en el que hay de todo: planos llenos, luz bonita, un movimiento detenido en el que está a punto de suceder algo...

Foto: Jordi Oliver

Para mí, lograr una comunión de todas estas cosas en una foto es como pintar un cuadro.

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