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Con texto fotográfico

"Quise fotografiar dolor y silencio" Jon Cazenave

 
Foto: Jon Cazenave
19
MAR 2009
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Formado en el reportaje gráfico de la mano de ilustres como Paco Elvira, Pep Bonet, Paolo Pellegrin y Christopher Anderson, Jon Cazenave dice que la fotografía es para él un medio para acercarse al mundo y comunicar lo que no se alcanza a decir con palabras. Ganador de varios premios en 2008, sus trabajos han ilustrado las páginas de El País, El Diario Vasco, Photo District News o Berria, y actualmente trabaja en un proyecto a largo plazo sobre el pueblo vasco.

Jon Cazenave

El 3 de diciembre de 2008 ETA asesinó a tiros al empresario Ignacio Uría, en Azpeitia. Los atentados con bomba me parecen despreciables: pones una bomba, la programas y te vas. Pero matar a sangre fría es una cosa muy diferente, porque hay que estar ahí y ver cómo muere tu víctima. Es algo que me remueve las tripas y la conciencia, y por eso decidí ir a hacer un pequeño reportaje.

Ignacio Uría había sido paleta y un currante nato que prosperó y fue haciendo grande la empresa familiar. Había trabajado mucho por el País Vasco, pero ETA lo asesinó porque su empresa era adjudicataria de un tramo de las obras del AVE.

Era un hijo de Azpeitia, muy querido y respetado, así que al llegar allí lo que encontré fue duelo, dolor y silencio. Estuve el día del atentado y los días siguientes para fotografiar las concentraciones y el funeral, y luego volví para hacer una foto de la tumba.

Yo quería retratar lo que se estaba viviendo en la localidad guipuzcoana: ese dolor acompañado del silencio y del duelo que se adueñó de sus habitantes.

Esta instantánea es del 5 de diciembre, el día del funeral. En el rostro del único hombre que se ve nítido en el barrido se adivina una mirada perdida que cuesta de interpretar: puede estar concentrado, puede estar recordando a Ignacio Uría o incluso cagándose en ETA. Puede expresar muchas cosas y casa a la perfección con las manos que sujetan el ataúd.

Llovía muchísimo y hubo mucha gente no pudo entrar en la iglesia. Al sacar el féretro todo el pueblo se puso a aplaudir y llorar. El ambiente era algo especial y había un sentimiento compartido de odio hacia los asesinos y a la vez de respeto hacia Uría. Yo estaba flipando: me contagié de ese ambiente.

Estoy muy contento con la línea que conseguí con el reportaje, porque todo encaja: desde la primera hasta la última foto. No me sobra nada. Al final decidí no publicarlo, porque querían acompañarlo de texto, y me parecía que éste era un reportaje para ir sin texto.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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