• Vivian Maier: pura calle
  • Philippe Halsman: imaginación y poder creativo
Agenda fotográfica

Joel-Peter Witkin: la historia de la pintura hecha fotografía

3
Foto: Joel-Peter Witkin
11
JUL 2016
Gema Sánchez Nájera   |  Madrid

Mutilaciones, cuerpos deformes, desnudos, sexualidad explícita. Referencias a la historia de la pintura: a Géricault, a Dalí, al surrealismo como pesadilla. Y una cabeza cortada sobre un pedestal como símbolo del universo de Joel-Peter Witkin, fotógrafo del desgarro visual.

La galería Michel Soskine de Madrid expone hasta finales de julio y dentro de la programación del Festival Off de PHotoEspaña una pequeña muestra de este fotógrafo nacido en Nueva York en 1939. Uno de los autores con más personalidad de la historia de la fotografía, cuya mirada hacia lo prohibido ha despertado amor y odio a partes iguales.

Todo puede suceder cuando uno se posa ante la obra de Witkin. Desde quedarse atónito y escandalizado hasta embobado como quien mira un cuadro del Bosco buscando elementos en cada esquina. Pero sin duda sus trabajos se convierten en deleite cuando uno es capaz de reconocer en ellos los continuos guiños a la historia del arte.

Metan en una coctelera al Francisco de Goya más negro, al Velázquez alegórico-simbólico y a la perversión de Diane Arbus y su obsesión por el mundo freak. Agítenlo, y el resultado es Joel-Peter Witkin, algo que va más allá de la corriente surrealista en una búsqueda continua de parte del espectador por querer comprender, por querer saber.

Habiendo recibido una formación profundamente religiosa por parte de su madre (ella era católica, su padre era judío), teniendo como hermano gemelo a un pintor que le encargaba fotografías del freak show de Coney Island como boceto para sus pinturas y siendo reclutado por el ejército ocupándose de las grabaciones de los soldados fallecidos, no es de extrañar que su obra sea tan provocativa. Pero su inquietud le venía de muchos años antes.

joel-peter witkin
"Cupid and Centaur in the Museum of Love" (1992). | Foto: Joel-Peter Witkin

Metan en una coctelera al Francisco de Goya más negro, al Velázquez alegórico-simbólico y la perversión de Diane Arbus y su obsesión por el mundo freak. Agítenlo, y el resultado es Witkin

"Sucedió un domingo, cuando mi madre nos acompañaba a mi hermano y a mi, bajando la escalera del edificio donde vivíamos. Íbamos a la iglesia. Mientras caminábamos por el pasillo hasta la entrada, escuchamos un estruendo increíble, mezclado con gritos y pedidos de auxilio. El accidente involucró a tres coches con tres familias. De alguna manera, en medio de la confusión, yo ya no estaba agarrando la mano de mi madre. Desde la acera, pude ver algo rodando de uno de los coches volcados. Se detuvo donde yo estaba. Era la cabeza de una niña. Me agaché para tocarle la cara, hablar con ella, pero antes de que pudiera tocarla alguien me alejó de allí."

Así nos cuenta Witkin el porqué de su interés hacia la muerte, hacia esa recurrencia que llena sus copias fotográficas de alegorías y símbolos que muchas veces se nos escapan. Porque su obra en definitiva es el fruto de sus experiencias junto a esa gran enciclopedia estudiada en la carrera de Bellas Artes.

Sus continuas referencias a la pintura no solo nos llevan a homenajes que incluyen ese gusto pictorialista de Oscar Gustave Rejlander, esas composiciones que también nos conducen a los grandes cuadros llenos de elementos de Picasso, sino que incluso su proceso creativo comienza con bocetos preparatorios a lápiz.

joel-peter witkin
"Waiting for de Chirico in the Artists' Section of Purgatory" (1994). | Foto: Joel-Peter Witkin

Después de la toma fotográfica la placa se somete a alteraciones en su revelado, que termina con un virado al selenio o al sepia, también en un guiño a esos orígenes de la fotografía con Daguerre, cuyo recuerdo podemos observar en “Eve Knighting Daguerre”, una de las imágenes que componen esta exposición.

Y es que, como decíamos, su obra es mucho más fácil de comprender y disfrutar cuando se reconocen esos homenajes, que en esta muestra son numerosos y que aparecen entrelazados, como si sus fotografías fuesen una gran pinacoteca donde los siglos de la pintura conviven en una desconcertante armonía.

En “Waiting for de Chirico in the Artists' Section of Purgatory” el surrealismo de Chirico se mezcla con un cuerpo de mujer crucificada y elementos del Guernica de Picasso, en una suerte de galería donde han quedado estas obras como almas en el purgatorio.

joel-peter witkin
"Amour" (1987). | Foto: Joel-Peter Witkin

Una de sus obras más recientes expuestas en la muestra, aunque de 2006, es “The Raft of George W. Bush”. Aquí no crea tanto un collage como veíamos en la imagen anterior, sino que reformula uno de los grandes cuadros de la historia de la pintura, “La balsa de la Medusa”, de Théodore Géricault.

Como ya hiciera en su versión del cuadro de “Las meninas”, que pudo verse en la exposición realizada en España sobre Witkin gracias al Museo Reina Sofía de Madrid en 1988, en este recuerdo a la pintura del siglo XIX francés el fotógrafo ha tomado la composición original para incluir elementos que nos conducen a su universo y experiencias.

Trenzas como referencia a la religión judía, un sombrero mexicano (Witkin vive en Alburquerque, cerca de la frontera con México) o un hueso, algo afín en sus fotografías, ya que recurre a esqueletos para sus composiciones, como también podemos observar en una de sus obras más conocidas, “Cupid and Centaur in the Museum of Love”, de clara inspiración en la mitología clásica.

joel-peter witkin
"Eve Knighting Daguerre" (2003). | Foto: Joel-Peter Witkin

Nada mejor para comprender la historia del arte que leer la Biblia y “Las metamorfosis” de Ovidio, y de vuelta darse un paseo por la obra de este fotógrafo. Porque en ella se aprende a reconocer todos esos elementos viéndoles habitar en un mismo espacio, en un mismo sueño que solo es posible en la mente de Joel-Peter Witkin.

Artículos relacionados (1)
Nueve más uno
05 / OCT 2015
3
Comentarios
Cargando comentarios