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Porfolio

Retrato de un cine con alma

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Joan Torrens nos relata una historia de fuerza de voluntad, entereza, nostalgia y esperanza. La historia del Cinema Maldà de Barcelona.

11
AGO 2015

Cuando habla del Cinema Maldà, a Joan Torrens se le adivinan nostalgia y agradecimiento en la mirada. Nostalgia por lo que un día fue la céntrica sala de cine barcelonesa -habida cuenta de las horas bajas que está atravesando- y agradecimiento hacia Natàlia y Xavi, que le acogieron durante unas semanas como a uno más.

“Para mí [visitar el Cinema Maldà] era una asignatura pendiente. Cuando me enteré de su situación me sentí mal por no haber ido antes”, se lamenta.

Por fortuna reaccionó a tiempo, y de la necesidad de una mayor afluencia de público para continuar abriendo y de sus ganas de documentar la emblemática sala se gestó “Salvant el Maldà” ("Salvando el Maldà"). La crisis está afectando en gran medida al cine en general, y si tenemos en cuenta que el Maldà se sostiene con el esfuerzo de dos personas y sin una gran estructura empresarial detrás, la necesidad de un cambio en los hábitos del público era vital.

La crisis está afectando en gran medida al cine en general, y el Maldà se sostiene básicamente con el esfuerzo de dos personas

A principios de año desde el cine lanzaron una llamada de socorro urgente. “Este reportaje fue una ayuda, ya que no había ido antes a ver pelis ahí. Fue mi forma de colaborar”, aclara Torrens.

Este fotógrafo barcelonés tenía claro cuál era el objetivo de su trabajo, pero tampoco le perdió la perspectiva al lugar: una pequeña sala familiar que se dedica a pasar películas de poca taquilla en una zona invadida casi por completo por el negocio del turismo. “El cine podía dar mucho de sí. Lo llevan solo dos personas; era una historia con mucho gancho.”

Torrens habla también de su forma de trabajar en ese cine: “Al margen de las dificultades técnicas obvias de trabajar con poca luz, lo más importante era ser respetuoso con la gente que estaba viendo una película en silencio, porque además es un lugar pequeño e íntimo. Con una cámara grande podía resultar incómodo trabajar, por eso comencé con una más pequeña, porque me cohibía ir con la réflex. Con el tiempo tomé más confianza y comencé a llevarla y a hacer mejores fotos.”

Torrens siente predilección por fotógrafos de casa como David Airob, Tino Soriano, Leopoldo Pomés o el malogrado Paco Elvira. También tiene entre sus referentes a Danny Lyon y Steve McCurry.

Editó “Salvant el Maldà” en dos partes distintas: la primera habla de la falta de público y se centra en el duro trabajo de Natàlia y Xavi por mantenerlo a flote; la segunda da una visión más positiva y esperanzadora, con la gente que responde a la llamada. Tampoco le falta esa atmósfera que se respira en la sala y que invita a pasarse por este singular espacio para ver una película.

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