• "Desde que pongo el ojo en el visor ya pienso qué puedo hacer en Photoshop"
  • "Necesito tener cierta afinidad con las personas a las que retrato"
Entrevista
JAVIER CORSO, FOTóGRAFO

"Hay quien cree que la pasión es moneda de cambio en nuestra profesión"

1
22
DIC 2015

Paciente, analítico y sincero, Javier Corso lleva la fotografía en la sangre. Conversar con él es como deleitarse con un carrete de 36 exposiciones, con imágenes únicas separadas por silencios necesarios. Sus proyectos se sostienen mediante un trípode de engranaje perfecto: fotografía, periodismo y material audiovisual. Miembro de la plataforma Territorios Libres, a sus 26 años cuenta ya con una larga lista de publicaciones y premios, y su último proyecto sobre el tráfico ilegal de gasolina en Benín está teniendo una gran acogida. De todo esto y del estado de la profesión -incluida una buena dosis de crítica corrosiva a parte del colectivo fotográfico- hablamos con él recientemente en Barcelona.

Tu proyecto "Fishshot" muestra una cara de Finlandia desconocida para muchos. ¿Nos hablas de él?

El tema del reportaje surge por contraste con la imagen que yo podía tener de Finlandia en un momento de crisis como el que se vive en 2012 en Europa. Se trata de un proyecto de tres años y empieza después de que conozca a un joven cineasta finlandés que estudió conmigo en la ESCAC [Escola Superior de Cinema y Audiovisuals de Catalunya].

En aquel momento había terminado mis últimos estudios en fotoperiodismo y había empezado a trabajar para medios como El Periódico y El País. Salí de allí rebotado y desencantado con la prensa escrita. Entonces decidí empezar a explorar otra vía de comunicación para añadirla al background fotoperiodístico: el cine y el lenguaje audiovisual. Fue en este contexto cuando conocí a este joven documentalista finlandés.

Javier Corso. | Foto: Lautaro Bolaño

Durante las conversaciones que mantuve con él sobre su país y sobre los estándares de vida de Finlandia me confesó que, si bien había cosas que eran ciertas, también había un lado oscuro del que no se habla de puertas afuera y apenas dentro del propio país. Es algo muy característico del carácter de los finlandeses: asumir y resolver sus problemas en solitario.

Estos problemas de comunicación van ligados a los problemas para transmitir emociones, y cuando uno no puede descargarse verbalmente con la gente que le rodea es fácil acabar haciendo un consumo abusivo del alcohol, especialmente en una sociedad con inclinación por la bebida. Esta costumbre adquirida no siempre termina en casos diagnosticados de alcoholismo, pero es que el consumo que nosotros podemos considerar excesivo tampoco está mal visto en su sociedad.

De aquí salió el proyecto "Fishshot". En verano de 2012 conocí una Finlandia idílica, y cuando volví aquel mismo año, en invierno, descubrí un país de oscuridad y frío, un paisaje gris que se te mete en el cuerpo y te cala en las entrañas. Fue entonces cuando este proyecto, que había empezado con el objetivo de tratar el alcoholismo y el hecho de que Finlandia estuviera bien arriba en la lista de países con mayor índice de suicidios, violencia de género, homicidios y accidentes de tráfico, acabó versando sobre la soledad y el aislamiento emocional de los individuos.

Durante el tercer año elaboré la mayor parte del proyecto. Previamente dediqué un año a la preproducción y la investigación, seguido de otro haciendo contactos y en el que también decidí que no solo habría fotos, sino que también quería incluir una parte audiovisual. Me encanta Finlandia y su gente. Nadie niega que no sea un gran país en el que hay que buscar referentes, pero mi proyecto quería hacer hincapié en las partes que no son tan buenas para ponerlas encima de la mesa y ver cómo se pueden mejorar.

Es curioso que algo tan social como la bebida acabe aislando tanto a la gente.

Es algo que viene completamente determinado -desde mi punto de vista y por la experiencia que viví en el país- por cuestiones culturales. No hay que olvidar que los hábitos, la cultura y la forma de consumir cualquier cosa, en este caso alcohol, viene determinada y se hace de forma distinta dependiendo de las características de tu entorno.

No tiene nada que ver, por ejemplo, con la forma mediterránea de beber. Aquí puedes tomar una cerveza o una copa de vino con los amigos para salir y pasarlo bien, pero sin que el objetivo sea beber hasta caer redondo. No buscamos, cuando hablamos de tomar algo, llegar a estar completamente borrachos. Y no hay que olvidar el clima. No podemos pretender que una persona que vive en un país nórdico tenga el mismo modo de beber que nosotros que vivimos en un país mediterráneo, con nuestras cervezas al sol.

En Finlandia se pueden apreciar tres estadios de consumo. Uno puede empezar a beber en compañía para socializar. Es una forma para romper barreras emocionales, para desinhibirse y hablar de cosas que de otro modo no hablarías. Luego está el segundo estadio, que es cuando la cosa se te va de las manos y puede degenerar en violencia y pérdida del control, con el consecuente efecto negativo en aquello que te rodea. Y el tercer estadio es cuando el individuo que ha empezado a beber acaba completamente KO. Es cuando se le da por perdido, y esto es algo que la sociedad finlandesa rechaza. Todo el mundo espera que bebas, que aguantes -especialmente si eres hombre- y que sepas ponerte tus propios límites.

"Los propios finlandeses me comentaron que hubiera sido mucho más complicado abarcar este tema y documentarlo si yo hubiese sido finlandés"

El peso, la responsabilidad y el saber cargar con todas estas cosas tú solo es algo que está implícito en la cultura finlandesa y se extiende a todos los puntos de su comportamiento, entre ellos la bebida. Si beber tiene connotaciones de madurez y libertad, no es de extrañar que los finlandeses beban del modo que lo hacen.

Lo que pasa es que dentro de este sistema, de esta sociedad, hay una fisura. En el momento en el que una persona cae en el alcoholismo, es repudiada por la sociedad. Entonces esta persona adquiere un sentimiento de culpa tan fuerte y la vergüenza es tan grande, que muchos ni siquiera salen de sus casas. Sienten que no aportan nada a la sociedad. Tu entorno te empuja, pero si no estás a la altura, te abandona.

Para entender su carácter no podemos olvidar que Finlandia ha sido hasta el siglo XX un país de cazadores y pescadores, de poblaciones muy pequeñas y completamente aisladas. La comunicación entre estos núcleos habitados era mínima. Esta autosuficiencia aprendida de la que están tan orgullosos y el carácter introvertido que la acompaña se han transmitido durante generaciones y siguen patentes en el finlandés de hoy.

La lucha y el después de la Segunda Guerra Mundial, cuando todo el país tuvo que tirar adelante pare rehacerse, les inculcó un sentimiento nacional muy fuerte, nacido de la defensa de una identidad propia. Fue algo determinante, un esfuerzo colectivo para trabajar en pro de su país. Esta mentalidad sobre el sacrifico llega hasta nuestros días, de modo que cuando alguien tiene la sensación de que no suma y no aporta, de que no está cumpliendo con su papel, el sentimiento de culpa es muy grande.

¿Cómo consigues que una persona que se ha encerrado tanto en sí misma se abra y deje que cuentes su historia?

Este proyecto fotográfico tiene dos partes: las primeras imágenes intentan reflejar la atmósfera y los condicionantes del país, y se centran en la soledad y los lazos de los finlandeses con la naturaleza. En segundo lugar está la parte de los problemas de comunicación y el aislamiento en sociedad, donde documento de forma más breve el interior de los bares, en las ciudades y los extrarradios. Aquí la estética del reportaje cambia y busco aquellos personajes solitarios encerrados en ellos mismos. No quería un reportaje de gente pegada a la botella.

Respecto a la dificultad que mencionas a la hora de contar la historia de alguien aparentemente hermético, los propios finlandeses me comentaron que hubiera sido mucho más complicado abarcar este tema y documentarlo si yo hubiese sido finlandés. Me pasé horas y horas en bares pidiendo jarras enormes de cerveza y sentándome a la mesa con ellos. Era entonces cuando entablaba conversaciones y descubría personas que parecían completamente aisladas pero dispuestas a hablar, aunque no es extraño ver a cuatro personas en una misma mesa sin decir una palabra.

"Quedarse solo con la fotografía es limitarse. A mí me gusta incorporar otros medios para redondear el proyecto"

Allí se respeta mucho el silencio, no como aquí, que la gente se siente incómoda si nadie dice nada. Eso me sorprendió mucho. Y a ellos les sorprendía mi modo de interactuar con la gente. Mostraba mucho interés en su historia y en hablar con ellos. Cuando logras que la gente esté cómoda entonces puedes sacar la cámara.

Te apasiona Finlandia.

Sí. Además, cuando visité el país por segunda vez, mi estado emocional iba acorde con el clima del lugar: frío y oscuridad. Todo lo que encontré se me metió dentro y me afectó. Aquello creó un vínculo de por vida e hizo que quisiera llevar a cabo todo este proyecto, que actualmente consta de tres piezas: las fotos tienen que ser como un puñetazo al alma, emocionalmente contundentes, mientras que el documental tiene la función de desgranarte la problemática a través del testimonio de expertos en la materia. La tercera vía de difusión fue un fotolibro que publiqué en julio y que incluye las fotos y un poema finlandés a modo de epílogo.

Quedarse solo con la fotografía es limitarse. A mí me gusta incorporar otros medios para redondear el proyecto, y en este caso conté con Lucía Pérez do Souto para la realización del vídeo.

Lo de combinar medios lo hiciste también en tu proyecto "Soldados".

Sí, en "Soldados" obtuve las imágenes y luego Lucía me ayudó a montar un multimedia en el que el sonido jugaba un papel clave. Pero no es el mejor ejemplo. Ahora mis trabajos se sustentan como un trípode, con tres patas: el fotógrafo, la periodista y un responsable audiovisual. En mi último proyecto que habla sobre el tráfico ilegal de gasolina en Benín hemos trabajado así: tres personas.

"Ahora mis trabajos se sustentan como un trípode, con tres patas: el fotógrafo, la periodista y un responsable audiovisual"

Soy muy consciente de qué papel juega cada parte del proyecto. El formato audiovisual sirve para crear público. Una pieza audiovisual bien realizada tiene gancho. El vídeo tiene un poder para combinar guion e imagen en el montaje que me resulta muy estimulante. Se puede mezclar impacto visual e información de un modo muy especial. Yo tengo la suerte de formar equipo con la periodista y productora Neus Marmol y el cámara y montador Lautaro Bolaño, que hacen un trabajo excepcional.

Ahora mismo estamos trabajando con cápsulas de vídeo, pequeñas historias que complementen las partes fotográficas y de texto, a la vez que estamos produciendo una pieza documental de 30 minutos que tiene que condensar el grueso del proyecto. Ya no me planteo trabajar apenas sin estas otras dos patas.

Soldados

"Me topé con un editor que me criticó que no me hubiera mojado más con las fotos. Es decir, para él cuando se hablaba del ejército tenías que dejar claro si eran buenos o malos. No se lo vendí"

Javier Corso
Javier Corso
Javier Corso
Javier Corso
Javier Corso
Javier Corso

Pero, ¿y el poder que tiene la fotografía? ¿Lo tiene también el vídeo?

Eso tiene una explicación muy simple: es la función icónica de la fotografía. Es decir, nada como el primer puñetazo que encajas en una pelea: es la imagen que perdura en tu retina. El tiempo de observación que le dedicarás es enorme. En cambio el vídeo son fotogramas que van pasando. El poder del vídeo reside en la descripción, el entorno, la atmósfera que crea y desgrana. Y en la simbiosis de imagen y sonido. Toda la información te la entrega de forma espaciada, a un ritmo impuesto. El vídeo te da el antes y el después de la fotografía. Yo busco el icono, y delego en alguien de confianza para el resto.

Hablabas antes de tu proyecto actual sobre el tráfico de gasolina en Benín. Suena a trabajo monumental.

El proyecto nos habla del tráfico ilegal de gasolina, que tiene como objetivo suministrar carburante a la población sin pasar por el filtro y los precios abusivos impuestos por el gobierno o las empresas asociadas al Estado, como es el caso de Benín. Un negocio al margen de la ley, pero muy lucrativo para quienes están en el ajo. Se trata de una realidad global que tiene lugar en algunos países de África que dependen de otros que son grandes productores de petróleo, como Nigeria.

Te voy a ser sincero: no tengo ni idea de dónde está Benín.

Benín es un pequeño país que linda con Nigeria y Togo. Forma parte de los países bañados por el golfo de Guinea. Su suministro de gasolina ilegal proviene de Nigeria. Escogimos Benín como foco de nuestro trabajo para contar una realidad global y también para contribuir a situar en el mapa un país poco conocido, donde el tráfico ilegal de gasolina es la principal actividad económica sumergida del país.

"El tráfico ilegal de gasolina en Benín se hace a la vista de todos, y las autoridades fingen no verlo. Políticos y policía: todos están implicados"

Las estaciones de gasolina son escasas y están mal distribuidas. No dan abasto, y los precios doblan al de la gasolina que se ofrece a pie de calle, donde hay puestos de venta ilegal cada pocos metros. Es una actividad que se hace a la vista de todos, y las autoridades fingen no verlo. Políticos y policía: todos están implicados en esta trama. Incluso existe una asociación registrada de traficantes de gasolina: los importadores y transportistas de carburante, de naturaleza ilegal pero perfectamente jerarquizados.

Tráiler del documental sobre el tráfico de gasolina en Benín.

Esta actividad tan lucrativa la iniciaron los discapacitados. Era gente que no tenía otra forma de ganarse la vida, y empezaron a vender gasolina ilegalmente. A nadie le molestaba, pero llegó un día en el que el negocio daba más dinero que la agricultura, la otra gran actividad del país. A partir de aquí empieza nuestra historia. Tratamos de desentrañar la situación actual del país, llegando incluso a reunirnos con uno de los máximos responsables del tráfico ilegal.

También entrevistamos a uno de los defensores de los derechos humanos en Benín, la otra cara de esta compleja realidad, que lucha para erradicar esta actividad y la corrupción que genera esgrimiendo que se trata de algo ilegal y muy peligroso. Documentamos también algo muy excepcional: la cuna de los traficantes en la zona de Ifangni, donde se cruza la frontera por vía fluvial.

La gasolina llega de forma ilegal al país a través de distintas rutas, y las más resguardadas son las que usan los ríos como enlace entre Nigeria y Benín. Es impactante ver cómo llegan en canoas litros y litros dentro de bidones que luego los hombres-bomba cargan en sus motos. Estos hombres suelen ser jóvenes con un gran dominio de las motocicletas de 100 centímetros cúbicos en las que llegan a cargar hasta 15 bidones.

El problema está en que cuando estos jóvenes se desplazan son como bombas sobre ruedas: si tienen un accidente, mueren ellos y matan a quienes estén a su alrededor. Los puestos ilegales de gasolina están a pocos metros unos de otros, de modo que si explota una moto son centenares los heridos dada la reacción en cadena. Conseguir documentar todo este proceso no fue fácil, pero es una muestra de lo seguras que se sienten estas personas haciendo lo que hacen. Saben que tienen la sartén por el mango.

¿Se puede revertir una situación así?

Son problemas muy arraigados. Es como intentar tumbar un árbol centenario: las raíces son muy profundas, y si lo capas, las raíces siguen allí. Además, si cortas por lo sano, lo que dejas es a una población completamente desbastecida de gasolina. Cuando les tocan las narices hacen huelga, y entonces el país queda paralizado. No hay decisiones fáciles en este sentido ni soluciones a corto o medio plazo.

Hay muchísima gente que depende de este negocio. Incluso los estudiantes, para pagarse la universidad, trabajan en esto. Hay familias enteras que se dedican a esta actividad y no están dispuestas a dedicarse a otra cosa con la que ganarían mucho menos. Con nuestro trabajo hemos intentado dar algunas respuestas, pero no está prevista una solución ni fácil ni rápida.

A propósito de ganar dinero, y cambiando de tema, me viene a la cabeza ahora esa tendencia consistente en pensar que ciertas creaciones como la fotografía son gratis. Hoy día hay quienes se sorprenden de que haya que pagar por la fotografía, el cine, la música, el teatro…

Eso pasa porque hemos perdido la conciencia de cuál es el trabajo que hay detrás de los proyectos. Para que tú puedas consumir una película en el cine, por ejemplo, hace falta mucha gente, trabajo y un gran presupuesto. Cuando pagas por ver algo, no estás pagando por pulsar el botón de reproducción: estás pagando el trabajo de toda la gente que ha hecho posible aquello.

"Cuando alguien me contrata, lo hace por mi forma de fotografiar, por el bagaje que tengo, no para que pulse el botón de la cámara"

En el caso de la fotografía hay que entender que cuando alguien nos paga, no nos paga para que pulsemos el botón de la cámara. Cuando alguien me contrata a mí, me contrata por mi forma de fotografiar, por el bagaje que tengo, por los años que he dedicado a formarme y por lo que voy a aportar a su proyecto. Si esto se entendiese bien, entonces no se nos pediría que trabajáramos gratis. Nadie se plantea decirle a un médico que trabaje gratis o ir a un restaurante y cuando te traen la cuenta decir que no vas a pagar pero que hablarás bien del cocinero.

Otro problema añadido es el de la motivación y el entusiasmo por nuestro trabajo. Y digo problema porque hay quien cree que la pasión es moneda de cambio en nuestra profesión. Pero a mí no me pagan por disfrutar: nos pagan por el resultado de lo que hacemos mientras disfrutamos, por el trabajo bien hecho porque se hace con entusiasmo. ¿O acaso solo hay que pagar a la gente que no disfruta con lo que hace? Vender esa filosofía es un gravísimo error, y si esta situación no cambia terminaremos siendo un país culturalmente muy pobre. Nadie pretende hacerse rico con la fotografía documental, pero sí queremos vivir de esto. Porque creemos en esto.

Parece que la situación actual de la fotografía documental y del fotoperiodismo no invita a la esperanza.

Esto se ve claramente si abres un periódico estatal: se te caen los huevos al suelo. Las imágenes generadas por los fotógrafos de plantilla son, en su inmensa mayoría, no lamentables sino lo siguiente. Son funcionarios calentando sillas y cobrando sueldos vergonzosos. En comparación los fotógrafos free lance se dejan la piel en sus trabajos y suplen la falta de recursos con grandes dosis de creatividad. Crean nuevas plataformas y se inventan medios para que aquello que quieren contar llegue al público.

A nivel español probablemente nunca antes ha habido tantos buenos fotógrafos documentales como ahora. Tenemos autores de primer nivel que producen mucho, y ninguno de ellos está asociado a ninguna plantilla de ningún periódico. Ni lo desean. Esto hace que la prensa gráfica que consumimos no sea de calidad.

"Si abres un periódico español se te caen los huevos al suelo. Las imágenes generadas por los fotógrafos de plantilla son, en su inmensa mayoría, no lamentables sino lo siguiente"

A veces pienso qué pasaría si quitáramos a toda esa gente que se dedica a contar a diario sus años de antigüedad y en su lugar pusiéramos a todos los free lance que hay buscándose la vida. Entonces tendríamos a buenos redactores, periodistas e investigadores que documentarían la realidad como están habituados a hacerlo, dejándose la piel sin demasiados recursos.

Imagina ahora qué pasaría si se los das. El desencanto que ha habido en la profesión, tanto en fotógrafos jóvenes como no tan jóvenes, ha provocado que se impliquen más, que aprendan a buscarse la vida como honrados caballeros de fortuna, y todo ello los ha convertido en profesionales excepcionales de un nivel muy superior al de los que se quedaron pendientes de no perder su parcela en la redacción.

Pero esto no pasará. Nadie pondrá los puños sobre la mesa. La cadena es tan larga que desmembrarla para crear otra nueva es casi imposible, así que nuestro trabajo consiste en crear cosas nuevas, buscar alternativas para llegar al público que la prensa escrita está perdiendo y hacer que el contenido de verdad interese. La publicidad honesta es una buena fórmula. Somos en parte responsables de revertir el gusto por el entretenimiento vacuo por la afición a ser ciudadanos bien informados.

¿Cuál sería la plataforma ideal hoy en día para que un proyecto llegue a un gran público?

En mi caso los proyectos los planteo a través de distintas vías para conseguir piezas complementarias. Así se puede conocer el proyecto, y si te interesa, entonces puedes consumir más información a través de distintos canales, ya sea un documental en televisión, una exposición fotográfica, un libro… El proyecto no llegará del mismo modo a todas las personas, pero lo fundamental es que llegue.

Eres uno de los artífices de la plataforma Territorios Libres. ¿De qué se trata?

Territorios Libres es una plataforma que tiene una parte destinada a la producción de proyectos, otra a su gestión y una tercera dedicada a la formación. Contamos con un gestor cultural que dinamiza proyectos propios y ajenos. Es algo en lo que creemos. Territorios Libres no solo quiere promocionar la obra interna: también busca apoyar otros proyectos de otros autores.

¿Para qué sirven los premios?

Los premios en fotografía tienen dos valores: por un lado pueden ayudarme a financiar un proyecto, y por otro lado dan prestigio, ayudan a que la gente se interese por tu trabajo. Hay muchos fotógrafos que ya se presentan como autores galardonados porque es un modo de transmitir que su trabajo ya ha sido reconocido y eso puede suscitar interés. Aunque a nadie se le debería subir a la cabeza el haber ganado un premio porque al día siguiente es probable que no te estés comiendo un rosco. Pero está claro que ayudan a la hora de difundir tu obra.

"Nadie pretende hacerse rico con la fotografía documental, pero sí queremos vivir de esto"

Eso lo he vivido cuando he buscado financiación o apoyo. Recuerdo ahora a un galerista que cuando vio mi porfolio me dijo que mis fotos eran excelentes, pero luego me comentó que para exponer en su galería o eras fotógrafo de la agencia Magnum o tenías que haber ganado un World Press Photo. Los premios son una vara que se utiliza para medir, y tú tienes que decidir si te interesa entrar en este juego o no y hasta qué punto.

Antes hemos hablado de tu proyecto “Soldados”, con el que trabajaste con militares. Me da la impresión de que es el típico trabajo que te hace ganar enemigos o problemas.

Con el ejército no tuve ningún problema, pero sí que he tenido dificultades a la hora de mostrar el trabajo. Es una serie que aquí no se ha publicado pero que en cambio cuenta con una exposición itinerante en Estados Unidos. También me topé con un editor que me criticó que no me hubiera mojado más con las fotos. Es decir, para él cuando se hablaba del ejército tenías que dejar claro si eran buenos o malos. No se lo vendí. Me negué a ser partícipe de ofrecer una lectura tan sesgada sobre un colectivo tan complejo como es el ejército en España.

Etiquetas
Fuentes y más información
Artículos relacionados (2)
Con texto fotográfico
Javier Corso
29 / SEP 2016
1
Comentarios
Cargando comentarios